CaféDiálogo

¿Qué similitud y qué diferencia hay entre un pagano y un cristiano según P. Teilhard de Chardin?

23.04.17 | 08:51. Archivado en Acerca del autor

“Aquí también, como en el caso del panteísmo, se trata sólo de un parecido externo, como el que se da tantas veces entre las cosas inversas. El Pagano ama la Tierra para gozarla y confinarse en ella. El Cristiano, para hacerla más pura y sacar de ella misma la fuerza de su evasión.

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¿Bienaventurados seréis cuando los hombres os odien?

12.04.17 | 20:24. Archivado en Acerca del autor

¿Cómo entender las palabras del evangelio, de que debemos alegrarnos cuando nos persigan a causa de Jesús? ¿De qué persecución se trata? No es una persecución que nace del odio étnico, social o religioso, ya que este tipo de persecución lo sufren muchas personas en el mundo por ser mujeres, albinos, gitanos, judíos, extranjeros, homosexuales o cristianos. Este tipo de persecución responde a los conflictos del mundo, que es muy complejo y plural. La persecución de la que habla el Evangelio no es esa, sino la consecuencia del anuncio del Reino de Jesús, denunciando las injusticias que generan pobreza, hambre y desgracia. Es consecuencia, también, de la denuncia del conformismo de quienes aceptan el statu quo y el desenmascaramiento de los intereses de cualquier tipo, también los religiosos, que legitiman sistemas injustos. Entonces somos bienaventurados.


¿La mística cristiana es panteísta?

08.04.17 | 18:28. Archivado en Acerca del autor

Siguiendo el pensamiento de Teilhard de Chardin, podría parecer que “por su fe en el valor celeste del esfuerzo humano, por su expectación hacia un nuevo despertar de las facultades de adoración que están adormecidas en el Mundo, por su respeto hacia las fuerzas espirituales todavía inclusas en la Materia”, el cristiano podría parecerse singularmente a los adoradores de la Tierra, pero esto es simplemente un parecido externo. Tal como la Iglesia nos lo revela, “en el seno del Medio Divino las cosas se transfiguran, pero por dentro. Interiormente se bañan en luz, pero en esta incandescencia conservan -y aun mejor exaltan- lo que hay de más definitivo en sus rasgos. No podemos perdernos en Dios más que prolongando allende sí mismas las determinaciones más individuales de los seres: he aquí la regla fundamental mediante la que se distingue siempre al auténtico místico de sus falsificaciones. El seno de Dios es inmenso, ‘multae mansiones’. Y, sin embargo, en esta inmensidad no hay para cada uno de nosotros en cada instante más que un lugar posible, aquel en que nos sitúa la fidelidad, continuada a los deberes naturales y sobrenaturales de la vida”. Así, “el Cristo místico, el Cristo universal, de San Pablo, no puede tener sentido ni, valor ante nuestros ojos sino como una expansión del Cristo nacido de María y muerto en Cruz. De éste saca aquél esencialmente su calidad fundamental de ser incontestable y concreto. Por lejos que se deje uno llevar por los espacios divinos abiertos a la mística cristiana, nunca se sale del Jesús del Evangelio. Por el contrario, se siente necesidad creciente de envolverse cada vez más sólidamente en su verdad humana”(TEILHARD DE CHARDIN, El Medi Divi, Nova Terra, Barcelona 1968, 138-139)


¿Cuál es la fuente original de toda la realidad?

01.04.17 | 09:49. Archivado en Acerca del autor

Según Teilhard de Chardin en su libro El Medio divino, toda la realidad deriva de una sola perfección “fontanal”: “Descubrimos a Dios cuando le buscamos en nuestros tanteos, como un medio universal, en tanto que es el punto último en el que convergen todas las realidades. Cada elemento del mundo, sea el que fuere, no subsiste hic et nunc sino a manera de un cono cuyas generatrices (al término de su perfección individual y al término de la perfección general del Mundo que las contiene) se enlazaran en Dios que las atrae. Por tanto, todas las criaturas, en tanto que lo son, no pueden ser consideradas, en su naturaleza y en su acción, sin que en lo más íntimo y más real de ellas mismas, como el sol en los fragmentos de un espejo roto, no se descubra la misma Realidad, una bajo la multiplicidad, inasible en su proximidad, espiritual bajo la materialidad. Ningún objeto puede influir sobre nosotros por el fondo de sí mismo sin que sobre nosotros también irradie el Foco universal”. Porque Dios es el centro, ocupa toda la esfera.

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¿Oramos, como Teilhard de Chardin, a la Providencia divina?

26.03.17 | 17:53. Archivado en Acerca del autor

“Oh Tú, cuya llamada precede al primero de nuestros movimientos,
concédeme, Dios mío, el deseo de desear ser,
a fin de que por esta divina sed misma que me has dado,
se abra en mí ampliamente el acceso a las grandes fuentes.
El gusto sagrado del ser,
esta energía primordial, este primero de nuestros puntos de apoyo,
no me lo quites, Dios mío: “Confírmame con tu espíritu.”
Y Tú, además,
Tú, cuya sabiduría amante me forma a partir de todas las fuerzas
y de todos los azares de la Tierra,
permíteme que esboce un gesto cuya eficacia plena
se me aparezca frente a las fuerzas de disminución y de muerte;
haz que tras haber deseado, crea, crea ardientemente,
crea en tu presencia activa sobre todas las cosas.
Gracias a Ti, esta espera y esta fe están ya llenas de virtud operante.
Pero cómo podré testimoniarte y probarme a mí mismo,
mediante un esfuerzo exterior,
que no soy de los que dicen tan sólo a flor de labios: “¡Señor, Señor!”
Colaboraré en tu acción previsora, y lo haré de modo doble.
Primero, responderé a tu inspiración profunda que me ordena existir,
teniendo cuidado de nunca ahogar, ni desviar,
ni desperdiciar mi fuerza de amar y de hacer.
Y luego, a tu Providencia envolvente,
que me indica en todo instante,
por los acontecimientos del día, el paso siguiente que he de dar,
el escalón que he de subir a esta Providencia
me uniré mediante el cuidado de no perder ocasión alguna
dé subir “hacia el espíritu”.

Teilhard de Chardin, El Medio Divino, http://www.bibliotecaespiritual.com/pdf, 22.


¿Oramos, como Teilhard de Chardin, a la Providencia divina?

26.03.17 | 17:52. Archivado en Acerca del autor

“Oh Tú, cuya llamada precede al primero de nuestros movimientos,
concédeme, Dios mío, el deseo de desear ser,
a fin de que por esta divina sed misma que me has dado,
se abra en mí ampliamente el acceso a las grandes fuentes.
El gusto sagrado del ser,
esta energía primordial, este primero de nuestros puntos de apoyo,
no me lo quites, Dios mío: “Confírmame con tu espíritu.”
Y Tú, además,
Tú, cuya sabiduría amante me forma a partir de todas las fuerzas
y de todos los azares de la Tierra,
permíteme que esboce un gesto cuya eficacia plena
se me aparezca frente a las fuerzas de disminución y de muerte;
haz que tras haber deseado, crea, crea ardientemente,
crea en tu presencia activa sobre todas las cosas.
Gracias a Ti, esta espera y esta fe están ya llenas de virtud operante.
Pero cómo podré testimoniarte y probarme a mí mismo,
mediante un esfuerzo exterior,
que no soy de los que dicen tan sólo a flor de labios: “¡Señor, Señor!”
Colaboraré en tu acción previsora, y lo haré de modo doble.
Primero, responderé a tu inspiración profunda que me ordena existir,
teniendo cuidado de nunca ahogar, ni desviar,
ni desperdiciar mi fuerza de amar y de hacer.
Y luego, a tu Providencia envolvente,
que me indica en todo instante,
por los acontecimientos del día, el paso siguiente que he de dar,
el escalón que he de subir a esta Providencia
me uniré mediante el cuidado de no perder ocasión alguna
dé subir “hacia el espíritu”.

Teilhard de Chardin, El Medio Divino, http://www.bibliotecaespiritual.com/pdf, 22.


¿La Creación es un lugar sagrado?

17.03.17 | 09:52. Archivado en Acerca del autor

Teilhard de Chardin nos ayuda a encontrar la respuesta: “Valiéndose de todas las criaturas, sin excepción alguna, lo Divino nos asedia, nos penetra, nos fragua. Lo pensábamos lejano, inaccesible: vivimos hundidos en sus ardientes. capas. ‘In eo vivimus...’ En verdad, como decía Jacob al salir del sueño, el Mundo, este Mundo tangible, por el que arrastramos el aburrimiento y la irreverencia reservados para los lugares profanos, es un lugar sagrado, ¿y no lo sabíamos? ‘Venite, adoremus’. Y nos da esta recomendación: “Abandonemos la superficie. Y sin dejar el Mundo, hundámonos en Dios. Allí y desde allí, en él y por él, todo lo tendremos y mandaremos en todo. De todas las flores y las luces que hayamos debido abandonar para ser fieles a la vida, allí un día hallaremos su esencia y su fulgor. Los seres que desesperábamos poder alcanzar y, aún más, influenciar, allí están reunidos por el vértice más vulnerable, el más receptivo, el más enriquecedor de su sustancia”.

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¿La interioridad es la puerta que nos abre a la trascendencia?

10.03.17 | 12:46. Archivado en Acerca del autor

Ante el ruido en el que estamos sometidos, las tecnologías, la competitividad, la hiperestimulación, la interioridad se convierte en una especie de refugio, de nostalgia de Dios, ya que no hay fe sin interioridad, pero puede haber interioridad sin fe. Y es el silencio el que abre nuestro interior. “Los ríos más profundos son siempre los más silenciosos”.

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¿Qué hacemos con el tiempo?

04.03.17 | 22:56. Archivado en Acerca del autor

Hay dos modos de vivir el tiempo: a) Los hijos de Kronos, que lo conciben como algo conocido, repetitivo, aburrido; b) Los hijos de Kairós, que lo acogen como novedad, oportunidad, renovación. Y todos navegamos en medio de tres tiempos: el pasado, formado de recuerdos,, el presente, entretejido de conciencia; y el futuro, caracterizado por proyectos. El peligro que tenemos, cuando tenemos una experiencia de separación o de muerte, es quedar atrapados por el pasado, no atesorar el presente y no demostrar interés por el futuro. Así idealizamos el pasado, disipamos el presente y desacreditamos el futuro.

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¿Desánimo o paciencia?

24.02.17 | 12:15. Archivado en Acerca del autor

La convivencia es fuente de alegría y de enriquecimiento, pero ante las flaquezas propias y ajenas nos ofrecen la posibilidad del propio vaciamiento. Debemos llevar con paciencia nuestras limitaciones. La paciencia se ha excluido de la convivencia social con una campaña de difamación, cuando ella no es timidez, debilidad, impotencia o resignación. “Por el contrario, contiene entre sus ingredientes fuerza de ánimo, fortaleza, resistencia, perseverancia, temple, carácter. La paciencia no es la virtud de los viejos, de los que han perdido los sueños, sino de los jóvenes con ideales audaces y proyectos arriesgados. El hombre paciente no se rinde ni siquiera ante la derrota; acepta los retrasos, la oscuridad espesa, las contradicciones, los rechazos. Pero no los considera la ‘última palabra’. Cuando todo parece perdido, él no pierde la paciencia. Las obras importantes se comienzan con la paciencia, se prosiguen con paciencia y solo se terminan con paciencia. La paciencia constituye el antídoto especial contra el desánimo. Solamente la paciencia confiere solidez al amor” (M. SÁNCHEZ MONGE, Este es el tiempo de la misericordia, Sal Terrae, Santander 2016, 233). Así, la paciencia es la capacidad de padecer las grandes o pequeñas contradicciones que la vida nos ofrece sin alterarse. Pero como dijo santa Teresa de Jesús, “la paciencia todo lo alcanza”.


¿Podemos aspirar a la santidad?

18.02.17 | 17:45. Archivado en Acerca del autor

Teresa de Lisieux nos ofrece un camino nuevo: “Usted, Madre, sabe bien que yo siempre he deseado ser santa. Pero, ¡ay!, cuando me comparo con los santos, siempre constato que entre ellos y yo existe la misma diferencia que entre una montaña cuya cumbre se pierde en el cielo y el oscuro grano que los caminantes pisan al andar. Pero en vez de desanimarme, me he dicho a mí misma: Dios no puede inspirar deseos irrealizables; por lo tanto, a pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad. Agrandarme es imposible; tendré que soportarme tal cual soy, con todas mis imperfecciones. Pero quiero buscar la forma de ir al cielo por un caminito muy recto y muy corto, por un caminito totalmente nuevo.

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¿Del compromiso al desapego?

10.02.17 | 11:52. Archivado en Acerca del autor

La persona debe desarrollar en plenitud todas sus potencialidades, al mismo ritmo que la totalidad del género humano y el mundo van madurando hacia su culminación. Todos nuestros esfuerzos de perfeccionamiento, de mejora de las condiciones humanas y de respeto ecológico tienen una función santa y unificante. Pero al mismo tiempo tenemos que ir despegándonos de todo hasta la entrega final en Cristo. Así pues, como dice Teilhard de Chardin, “en el ritmo general de la vida cristiana, desarrollo y renuncia, asimiento y desasimiento no son términos que se excluyan mutuamente. Armonizan entre sí, como en el juego de nuestros pulmones la inspiración del aire y su expiración. Son dos tiempos de la respiración del alma, o, sí se prefiere, dos componentes del impulso mediante el cual el alma continuamente toma pie en las cosas para superarlas”. Pues, precisamente está en esto el sentido de la Cruz en su sentido pleno:”La alianza inseparable de los dos términos: progreso personal y renuncia en Dios; pero a la vez preeminencia constante, y luego final, de lo segundo sobre lo primero”. La vida tiene un término, una dirección, una orientación, una espiritualización que se logra con el mayor esfuerzo: “La doctrina de la Cruz, tomada en su grado superior de generalidad, es la doctrina a que se adhiere todo hombre que este persuadido de que frente a la inmensa agitación humana se abre un camino hacia alguna salida y que este camino es ascendente” (Cf. TEILHARD DE CHARDIN, El medi diví, Nova Terra, Barcelona 1968)


Lunes, 24 de abril

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