CaféDiálogo

¿Qué mística nos propone san Pablo?

15.11.17 | 18:51. Archivado en Acerca del autor

San Pablo se comunica con nosotros desde el siguiente horizonte: el de su encuentro con Jesús resucitado. Dios le dio a Pablo reconocer a Jesús como Hijo cuando iba camino de Damasco. Este acontecimiento no fue el resultado de una transformación interior llevada a cabo en la reflexión sobre Jesús: “Y cuando aquél que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia se dignó revelarme a su Hijo para que yo lo anunciara a los paganos…” (Gal.1, 15). No se trata de un proyecto individual. Los protagonistas son Dios como origen y destinado a la humanidad. Esta es la revelación central en la vida de Pablo y nos propone al Cristo viviente como nuestra propia vida: “No vivo yo, es Cristo quien vive en mí” (Gal 2, 20-21). Cristo convierte al apóstol no solo en mensajero de su doctrina sino en testimonio vivo de su persona, ya que el apóstol sufriente revive en su persona la trayectoria del que acabó en la cruz. Dice O. González de Cardedal: “En la cruz de Cristo, escándalo para este mundo, y en la pobreza, enfermedad e insignificancia del apóstol se revela el designio o misterio de Dios para salvación de todo el que cree. Y esto es el Evangelio: potencia de salvación de Dios para todo hombre judío o griego, pobre o rico, cercano o lejano (cf. Rom 1, 16). A la luz de estas experiencias, hechas por el apóstol frente a un judaísmo que se centra en la ley como justificadora del hombre y unas religiones que sitúan la salvación en experiencias de trasmundos, vive y elabora Pablo la que podemos designar ‘mística del Crucificado’” (Cristianismo y mística, Trotta, Madrid 2015, 295).

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¿La vida contemplativa es una dimensión de toda vida cristiana?

03.11.17 | 13:35. Archivado en Acerca del autor

Solo habla bien de Dios quien habla desde él: desde la vida vivida delante de él, desde la oración, el amor y la fidelidad”, afirma Olegario González de Cardedal en Cristianismo y mística, Editorial Trotta, Madrid 2015, 172. Hay que tener presente siempre estos dos polos: Obediencia a Dios creador y amistad, confianza y confidencia en él como padre, amigo y guía movidos por su Espíritu. No podemos acentuar en demasía la trascendencia divina que haga imposible comprender su inmanencia en nuestra historia por la encarnación, asumiendo una humanidad en la que va existir eternamente como Dios. Así, mística y profetismo son coextensivos en el cristianismo.

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¿La mística cristiana es esencialmente mística eclesial?

25.10.17 | 13:20. Archivado en Acerca del autor

En el presente las amenazas al cristianismo no vienen solamente del materialismo y el consumismo sino de los movimientos gnósticos, esotéricos, que son un platonismo desnudado de sus elementos más profundos. Para el ser humano es esencial conocer el ser de Dios y su voluntad; saber que piensa y que es lo que quiere de nosotros. Si Dios fuera solo objeto, bastaría la capacidad natural de la persona para preguntar por él y dando las correspondientes respuestas conocerlo, pero Dios como ser personal solo es cognoscible si libremente se da a conocer. Y la persona solo puede conocerlo si le da crédito. Es decir tener un conocimiento experiencial o místico de Dios. La manifestación de Dios no se lleva a cabo mediante ideas, programas morales o ideales utópicos, sino mediante hechos llevados a cabo por personas. “La fe obliga al hombre a reconocer su creaturidad, su impotencia en el orden del ser y del perdurar; le planta ante un Dios real no ante un Dios ideal, el Dios que nos reduce al silencio y que no se presenta en primer lugar como un incremento de nosotros mismos sino primero como el que desvela nuestra finitud, nuestro pecado y nuestra muerte. Solo confrontándonos con este duro granito de la realidad humana y de la revelación divina, que lo relativiza y personaliza, es el hombre un creyente” (O. GONZÁLEZ DE CARDEDAL, Cristianismo y mística, Editorial Trotta, Madrid 2015, 170). Así, la mística cristiana es esencialmente mística eclesial, ya que en la Iglesia se nos revela y da el misterio trinitario de Dios con su permanente interpretación auténtica por el espíritu y el apóstol.


¿La plenitud de la vida cristiana es la santidad?

16.10.17 | 17:53. Archivado en Acerca del autor

Una persona es santa cuando es el Espíritu del Señor Jesús Resucitado quien la conduce y anima. Ya no es ella quien vive, sino el Espíritu del Señor en ella y su único y mayor deseo es hacer su voluntad. “La vida cristiana responde a una estructura antropológica del hombre, con matices diferentes en cada época, generación y cultura, pero es sobre todo fruto de los dones que Dios otorga a cada alma y de los carismas con la cualifica para el servicio de la Iglesia” (O. GONZÁLEZ DE CARDEDAL, Cristianismo y mística, Editorial Trotta, Madrid 2015, 158). La identificación plena con Cristo es la esencial continuidad de la experiencia cristiana, lo que podríamos llamar mística, no obstante la vida cristiana tiene muchos polos de concentración y acción y no llegar al grado máximo de unión no quiere decir fracaso en la vida cristiana. Por tanto se puede decir que “los místicos son los santos sin más: hombres y mujeres que la Iglesia ha reconocido la verdad de su fe, su esperanza y su caridad, acreditadas en la vida, atestiguadas por quienes los conocieron o convivieron con ellos y propuestas como ejemplo para los demás creyentes” (o. c., 159).

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¿Hay influencia helenista en la teología mística?

06.10.17 | 13:01. Archivado en Acerca del autor

Quien pone en uso la palabra “místico” y “mística” para expresar una experiencia espiritual es el Pseudodionisio, que con su pretendida identidad apostólica, al ser identificado con el oyente de san Pablo en el Areópago, adquirió una autoridad e influencia únicas. En realidad se trataría de un monje sirio de finales del siglo V, que, en su libro La teología mística, nos ofrece el camino “para llegar a ese conocimiento paciente, experiencial de Dios que tiene lugar por ascensión al monte de su gloria en introducción en la nube como Moisés en el Sinaí y que nos hace posible conocer al Incognoscible mediante aquel rayo de tiniebla que a la vez purifica e ilumina, ciega y alumbra, con un no saber que, siendo tal, sin embargo excede todo conocimiento” (O. GONZÁLEZ DE CARDEDAL, Cristianismo y mística, Editorial Trotta, Madrid 2015, 112). Como se puede observar, estamos ante una transposición de la experiencia cristiana a un marco de explicación que no está en la Biblia: una helenización del cristianismo. Será san Anselmo y todo el movimiento cisterciense derivado de san Bernardo, junto con Francisco de Asís, que darán un vuelco a esta concepción del cristianismo “desplazando el Ser supremo, el Bien y el Uno del neoplatonismo cristiano para centrar la mirada en el niño Jesús y en el Crucificado, muerto por nosotros; es decir, en cuna y cruz, en dolor y en amor más que en razón y especulación” (pág. 113). A la contemplación del Eterno con los ojos cerrados le sucede la mirada al rostro de Cristo crucificado.


"Espiritualidad del desierto"

30.09.17 | 16:00. Archivado en Acerca del autor

V-Jornadas de desierto on line
TEMA: Espiritualidad del desierto con Carlos de Foucauld

FECHAS: Del 20 al 26 de Noviembre
DIRIGE: J. L. Vázquez Borau, Presidente de la Comunidad Ecuménica Horeb Carlos de Foucauld
INSCRIPCIONES: foucauld.horeb@gmail.com


¿Quiénes son los místicos?

20.09.17 | 12:58. Archivado en Acerca del autor

En la historia de la cultura occidental la palabra “mística” se refiere siempre a personas, textos y experiencias cristianas. La tradición espiritual lo expresaba así: “Sentimiento intenso de la presencia y acción de Dios en la persona; encuentro unitivo con el fondo absoluto de su ser, en el que se revela y entrega Dios; conocimiento experimental, no solo nocional de Dios; unión con Dios, a la que sigue una fruición y divinización; nacimiento del Hijo en el alma, prolongando o actualizando así la encarnación del Verbo en unidad con la generación eterna del Padre, de forma que generación en el seno del Padre, generación en el seno de María y generación en el alma forman una unidad; relación esponsal entre el alma y Dios” (O. GONZÁLEZ DE CARDEDAL, Cristianismo y mística, Trotta, Madrid 2015, pág.97). En el siglo XIX se universalizó el uso para aplicarlo también a experiencias similares de otras religiones y en el siglo XX se secularizó el término aplicándolo, por ejemplo, a la “mística marxista”. Wittgenstein remite esta palabra al silencio, pues para él lo expresable lo dice la lógica y lo inexpresable la mística. Y ya a finales del siglo se llega a una universalización del término difuminándose su contenido.

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¿Fue Pablo de Tarso un místico?

10.09.17 | 10:09. Archivado en Acerca del autor

Ya el año 1955, el biblista A. Wikenhauser en su obra La mística de Cristo del apóstol Pablo (1928), en el prólogo de la segunda edición de su libro, afirma: “A la mística de Cristo, es decir, a la unión mística de los cristianos con Cristo se la ha denominado el corazón de la espiritualidad del apóstol Pablo… esta unión mística con Cristo, según la propia doctrina de Pablo, no es el privilegio de su persona o de un pequeño grupo de especialmente agraciados, sino un precioso don divino y una serísima tarea humana para cada cristiano”. Y su contemporáneo A. Schweitzer, el año 1930, escribió La mística del apóstol Pablo donde afirma: “La idea fundamental de la mística paulina es esta: ‘Yo estoy en Cristo; en él me conozco como un ser elevado por encima de este mundo sensible, pecador y efímero, un ser que pertenece ya al mundo sobrenatural; en él estoy seguro de la resurrección; en él soy hijo de Dios’. Otra característica de la mística paulina es que ‘el ser en Cristo’ es presentado como ‘un estar muerto-resucitado con él. Por él estamos liberados del pecado y de la ley, en posesión del espíritu de Cristo y tengo seguridad de la resurrección” (La mystique de l’Apôtre Paul, París 1962, 7).

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Hoy iba a escribir sobre mística, pero me uno a la carta de J. I. González Faus

03.09.17 | 11:27. Archivado en Acerca del autor

Si, estaba redactando sobre si Pablo de Tarso era un místico y qué implicaba su mística, pero lo dejo para un mejor momento y me uno al escrito de José Ignacio Gonález Faus indicando mi admiración y aplaudiendo su valentía:

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Hoy iba a escribir sobre mística, pero me uno a la carta de J. I. González Faus

03.09.17 | 11:26. Archivado en Acerca del autor

Si, estaba redactando sobre si Pablo de Tarso era un místico y qué implicaba su mística, pero lo dejo para un mejor momento y me uno al escrito de José Ignacio Gonález Faus indicando mi admiración y aplaudiendo su valentía:

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"NO MATARÁS" O LA FUERZA DE LA NO VIOLENCIA

23.08.17 | 11:10. Archivado en Acerca del autor

"La paz no es la ausencia de tensiones, sino la práctica de la justicia” (Gandhi). Es por tanto imprescindible no confundir no-violencia con pasividad ante la injusticia. La no-violencia es una forma de lucha que presupone el amor al enemigo y el respeto a la vida, pero nunca la cooperación, la indiferencia o el sometimiento al mal. La mayor forma de violencia es la injusticia y, en palabras de Gandhi, cuando no nos oponemos a ella, colaboramos: “la no cooperación con el mal, es un deber tan evidente como la cooperación con el bien”.

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¿Profetismo y mística son dos acentos contrapuestos?

16.08.17 | 14:14. Archivado en Acerca del autor

Nuestra existencia está sostenida por dos pilares: La revelación divina o la propia llamada y nuestra respuesta a la misma, que es la fe. Cada persona debe responder a su vocación. En palabras de Olegario González de Cardedal, “una vez que el hombre ha acogido esa llamada de Dios, interiorizándola y dándole respuesta, surge una compenetración con ella que engendra una experiencia totalizadora, iluminadora y transformadora de la vida, en la que Dios le aparece al hombre como más interior a sí que él mismo, como siendo su más profundo centro” (Cristianismo y mística, Editorial Trotta, Madrid 2015, 40). Si se acentúa el profetismo hasta el extremo llegamos a comprender a Dios como antagonista del ser humano, como un mero súbdito. Y si acentuamos la mística hasta el extremo llegamos a comprender a Dios como meramente inmanente, como un elemento, parte o forma del ser humano y a concebir la vida cristiana como unión, fusión e identificación de la criatura con el creador, con la consiguiente desaparición de ambos. “Profetismo y mística son hermanos gemelos, no adversarios naturales” (o. c., 41). En este sentido Bergson hace notar que una característica de los grandes místicos es su actividad y capacidad creadora, como podemos ver en Teresa de Jesús, mujer de oración, escritora y fundadora que tuvo una influencia máxima en la España del siglo XVI (Cf. H. Gouhier, Bergson et le Christ des Évangiles, París 1961).


Jueves, 23 de noviembre

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