Buenas noticias

Con humildad y confianza

11.06.18 | 09:24. Archivado en Domingos ordinarios

A Jesús le preocupaba que sus seguidores terminaran un día desalentados al ver que sus esfuerzos por un mundo más humano y dichoso no obtenían el éxito esperado. ¿Olvidarían el reino de Dios? ¿Mantendrían su confianza en el Padre? Lo más importante es que no olviden nunca cómo han de trabajar.

Con ejemplos tomados de la experiencia de los campesinos de Galilea les anima a trabajar siempre con realismo, con paciencia y con una confianza grande. No es posible abrir caminos al reino de Dios de cualquier manera. Se tienen que fijar en cómo trabaja él.

Lo primero que han de saber es que su tarea es sembrar, no cosechar. No vivirán pendientes de los resultados. No les ha de preocupar la eficacia ni el éxito inmediato. Su atención se centrará en sembrar bien el Evangelio. Los colaboradores de Jesús han de ser sembradores. Nada más.

Después de siglos de expansión religiosa y gran poder social, los cristianos hemos de recuperar en la Iglesia el gesto humilde del sembrador. Olvidar la lógica del cosechador, que sale siempre a recoger frutos, y entrar en la lógica paciente del que siembra un futuro mejor.

Los comienzos de toda siembra siempre son humildes. Más todavía si se trata de sembrar el proyecto de Dios en el ser humano. La fuerza del Evangelio no es nunca algo espectacular o clamoroso. Según Jesús, es como sembrar algo tan pequeño e insignificante como «un grano de mostaza», que germina secretamente en el corazón de las personas.

Por eso el Evangelio solo se puede sembrar con fe. Es lo que Jesús quiere hacerles ver con sus pequeñas parábolas. El proyecto de Dios de hacer un mundo más humano lleva dentro una fuerza salvadora y transformadora que ya no depende del sembrador. Cuando la Buena Noticia de ese Dios penetra en una persona o en un grupo humano, allí comienza a crecer algo que a nosotros nos desborda.

En la Iglesia no sabemos en estos momentos cómo actuar en esta situación nueva e inédita, en medio de una sociedad cada vez más indiferente y nihilista. Nadie tiene la receta. Nadie sabe exactamente lo que hay que hacer. Lo que necesitamos es buscar caminos nuevos con la humildad y la confianza de Jesús.

Tarde o temprano, los cristianos sentiremos la necesidad de volver a lo esencial. Descubriremos que solo la fuerza de Jesús puede regenerar la fe en la sociedad descristianizada de nuestros días. Entonces aprenderemos a sembrar con humildad el Evangelio como inicio de una fe renovada, no transmitida por nuestros esfuerzos pastorales, sino engendrada por él.

Domingo 11 Tiempo ordinario - B
(Marcos 4,26-34)
17 de junio 2018

gruposdejesus.com


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Comentarios
  • Comentario por Mario Enrique Bruzzone 19.06.18 | 09:59

    4/4
    Y como es obvio que Jesús nunca actuó como un guerrillero, como un subversivo, sino que enseñaba a respetar a las autoridades y únicamente “pasó su vida haciendo el bien”, aparentemente no existiría ninguna razón de tipo socio—jurídico—político para adoptar semejante determinación (ejecutarlo).
    Por eso sostengo que el problema radicó en que, sin mencionarlo abiertamente, lo que Jesús enseñaba era que había que vivir como El lo hacía, es decir, que había que desarrollar la vida compartiendo vivencias y bienes, situación que no tengo duda alguna habría acabado en aquella época con la esclavitud (la inmensa mayoría de los esclavos lo eran por deudas), tal cual como lo haría en la actualidad con el consumismo, la relación de dependencia y la desocupación.
    Cordiales saludos
    MARANA-THA
    Mario
    www.jesusescomunidad.com.ar

  • Comentario por Mario Enrique Bruzzone 19.06.18 | 09:58

    3/4
    Y, para no extender más esta cuestión, mencionaré finalmente que se elude tratar la cuestión que me parece más importante, y que consiste en dilucidar cuál pudo haber sido la causa por la que las dirigencias socio—políticas de aquella época (hebrea y romana) consideraron necesario ejecutar a Jesús. Y no de cualquier forma sino haciéndolo en una cruz romana, que para toda la población del territorio dominado por Roma significaba algo absolutamente deprimente y vergonzante (no hay que olvidar que hasta Constantino, el cristianismo ni siquiera usó la cruz como símbolo, y quienes la tenían la ocultaban con una sábana o tapete).
    Y es necesario reflexionar al respecto, ya que el Sanedrín resolvió que Jesús debía morir luego de la resurrección de Lázaro, y claramente se menciona que consideran que se lo debía hacer para evitar que “todos le sigan … y vengan los romanos y destruyan nuestro Lugar santo y nuestra nación” (Jn.11,47-53).


  • Comentario por Mario Enrique Bruzzone 19.06.18 | 09:56

    2/4
    No puedo dejar de advertir, que aquella postura, tomada así, simplemente como algo final y único, resulta difícil de aceptar, no sólo por cuanto podría llevar a confirmar la idea de Marx, al tildar a la religión como «el opio de los pueblos», sino por distintos motivos que trataré de señalar sucintamente.
    En primer lugar me parece imposible admitir, que quienes vivieron con Jesús no hubiesen deseado y esperado una cuestión mucho más real y concreta, es decir, un reino con un “color” más terrenal y actual. Si Jesús hubiese planteado abiertamente algo tan etéreo no habría encontrado ningún seguidor. Son muchos los ejemplos que avalan mi pensamiento, como por ejemplo el pedido de estar sentados a su derecha e izquierda, la pregunta que le efectúan instantes antes de ascender a los cielos, etc.
    En segundo lugar, la idea mesiánica de las distintas profecías hace referencia a una cuestión claramente terrenal, y alejada de cualquier esperanza en un simple “más allá”.

  • Comentario por Mario Enrique Bruzzone 19.06.18 | 09:54

    1/4
    Este comentario me genera muchas más preguntas que respuestas ya que, si bien podría coincidir con lo que plantea, el problema más serio que encuentro en el texto es que parece proponer que ese “sembrar sin esperar ver el resultado” es el profundo (el “verdadero” ) mensaje de Jesús.
    Y sostengo que es agradable aceptar tal posición, ya que esa afirmación, en rigor de verdad, en cierto sentido es correcta.
    De una forma más atrayente todavía es posible coincidir con la afirmación de que «No es posible abrir caminos al reino de Dios de cualquier manera», aunque me parece que al menos se debería haber intentado suministrar una explicación a semejante postura, sobre todo siendo conscientes de que los «siglos de expansión religiosa y gran poder social», que cita el artículo, no ocurrieron de cualquier forma, sino que en su mayor parte se los hizo utilizando métodos que muy poco tuvieron de evangélicos.

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