Bokabulario de Fernández Barbadillo

Nacioncillas: el poder encima de ti

21.05.06 | 17:53. Archivado en Personajes

Uno de los eslóganes que más se repitieron en la transición fue el de que había que acercar la Administración a los ciudadanos. Después de 25 años ya vemos que ese proyecto ha concluido en que Maragall cobra más el presidente del Gobierno de España y en que crecen los policías lingüísticos –como en el franquismo de los años 40-.

Hace unos días, ABC publicó a Jon Juaristi una excelente columna en la que exponía las pegas prácticas de las pequeñas unidades políticas, salvo para los políticos que las gobiernea y los funcionarios de su corte.

Como escribe con ironía, si lo que se busca en una nación la homogeneidad cultural, religiosa y lingüística, junto con la cercanía entre gobernantes y gobernados, vayamos al Vaticano, monarquía absoluta no hereditaria.

Se me dirá que no es un buen ejemplo, y lo admito, aunque no sé por qué. Lo cierto es que, no ya la experiencia histórica, sino la mía personal y la de millones de personas en todo el mundo justifican la preferencia por unidades políticas de la talla L o XL (o acaso XXL). Las pequeñas naciones producen claustrofobia a un número indeterminado -pero siempre significativo- de sus ciudadanos. Con honrosas excepciones, son un muermo del que conviene escapar cuanto antes y al imperio más lejano posible. La proximidad entre gobernantes y gobernados está muy bien mientras manden los tuyos. Ya me dirás lo que piensas cuando cambie el tercio. En cuanto al monocultivo profesional, parece que el príncipe Kropotkin se emocionó tantísimo con los relojeros suizos del Jura, que decidió quedarse a vivir con ellos y a hacerse suizo y relojero él mismo. Aguantó un verano. Imagínate lo amenas que deben de resultar las conversaciones de los catedráticos de instituto de ERC. No te digo nada de las tertulias de los relojeros del Jura, ya me entiendes.

Uno de los diputados que me representa a mí como vizcaíno en las Cortes, el peneuvista Aitor Esteban Bravo, preguntó al Gobierno del Bobo Solemne indignado por qué yo había presentado en la Biblioteca Nacional mi Bokabulario para hablar con nazionalistas baskos. ¿Qué podría esperar yo de este censor si él fuese consejero de Hacienda o de Interior o juez en la misma ciudad en la que viviese? ¿Paz, talante y ciudadanía?, ¿o limpieza étnica?

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    • Pedro Fernández Barbadillo Pedro Fernández Barbadillo

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