La ruptura del consenso constitucional por parte de los nacionalistas, desde el Pacto de Estella hasta el nuevo estatuto catalán, ha llevado a que se hable de asuntos considerados tabú. Por ejemplo, el catalanismo se ha arrancado su disfraz de moderación y seny.
El martes 13, una banda de la porra se presentó en un hotel de Gerona para reventar un acto de Ciutadans de Catalunya. Lo malo no es la agresión, sino la indiferencia policial: los Mossos de Escuadra negociaron con los delincuentes en vez de proteger a los ciudadanos. ¡Igual que ocurre en el País Vasco desde que se desplegó la Ertzaintza! En las Semanas Grandes de las capitales vascas, los mandos de la Ertzaintza han concedido a los batasunos zonas francas en las que no entraba la Policía vasca. Además, numerosos ataques de kale borroka han concluido impunes, sin una sola detención. Para no crispar, ya se sabe. Como dijo un inefable alcalde del PNV, Iñaki Zarraoa:
Hay que tener en cuenta que los ciudadanos rechazan una gran presencia policial visible durante las fiestas. (...) Fíjese, ni tan siquiera les pido [a los concejales de Batasuna] que condenen lo sucedido, que parece que para ellos es muy complicado
Los gobiernos autonómicos están abocando a los ciudadanos a que apliquen la justicia por su cuenta.
Ah, la prensa catalana, tan europea y responsable ella, no ha publicado nada sobre el tumulto en Gerona. ¡Da gusto vivir en un oasis! Y es que quien se mete en política no puede quejarse de que le den un par de tortas.
Otro tabú que está cayendo es el concepto maravilloso de la transición. En ésta los representantes de la sociedad española tendieron la mano a los terroristas de izquierdas y nacionalistas (de la amnistía quedaron excluidos los terroristas de extrema derecha), y no sirvió de nada. Los acomplejados de derechas y los tontos de izquierdas creían que los etarras y los grapos, una vez conseguida la democracia, se convertirían en buenos ciudadanos.
Mikel Buesa acaba de publicar esto sobre la amnistía de 1977:
Cuando en octubre de 1977 se promulgó la ley que culminaba las medidas de gracia decretadas por los gobiernos de Adolfo Suárez desde un año antes, ETA había asesinado a 66 personas. Después de la amnistía caerían bajo su fuego otras 751. Por su parte, hasta ese momento el Grapo había cometido 14 asesinatos; ulteriormente se responsabilizaría de otros 70. (...) La amnistía no acabó entonces con el terrorismo, pero sí dejó en el desamparo a sus víctimas.
A ver si entra sentido común en algunas cabezas, aunque sea con 30 años de retraso.
Domingo, 27 de mayo
Pedro Fernández Barbadillo
Antonio Cabrera
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez