Desde su independencia, Marruecos siempre ha tratado a España igual que el Imperio británico trataba a las tribus salvajes africanas. Tanto Hasán II como Mohamed VI han sabido que Madrid se acoquina ante el moro cuando éste frunce el ceño.
La única vez en el último medio siglo que yo conozca en la que España ha respondido a una bravata o un desafío marroquí fue con la reconquista del islote de Perejil por parte de Aznar. Ahora, con el Gran Rodríguez y su Circo Universal al mando, Marruecos se comporta peor que nunca. A mí me llama la atención que entre la marcha de Aznar y la lleegada de Rodríguez se produjeran los atentados del 11-M, perpetrados por marroquíes. ¿A que es curioso?
En coincidencia con la Fiesta Nacional, nos hemos enterado de que el sultán Mohamed VI aceptó la repatriación de 73 de los intrusos que irrumpieron en Ceuta y Melilla porque se lo pidió por tres veces su tío el rey Juan Carlos. ¡Qué papelón! El mismo que se presentó a Mohamed como hermano menor de su padre, un rey de una nación supuestamente democrática, mendigando un favor a un autócrata.
Encima, se nos dice que ese favor no se repetirá y que Marruecos no piensa cumplir el acuerdo de repatriación de extranjeros firmado en 1992, por cierto con un Gobierno del PSOE.
La verdad, yo ya estoy harto de que la oligarquía marroquí nos desprecie y nosotros les demos dinero. Los contribuyentes españoles hemos aportado (a la fuerza; yo no doy un céntimo de mis impuestos a la dictadura marroquí) cientos de millones de euros, que a saber adónde han ido, y hemos aceptado miles de inmigrantes marroquíes, que ya no tiene que alimentar el sultán.
Si Mohamed VI y sus cortesanos no están dispuestos a cumplir un acuerdo internacional, se merecen sanciones por parte de España y de la propia UE (con permiso de la democrática Francia, tan atenta siempre a apoyar las dictaduras que la benefician). En las relaciones internacionales, Marruecos no es de fiar; es uno de los pocos países (si no el único) que reclama modificaciones en todas sus fronteras y desde hace casi 30 años se niega a cumplir las resoluciones de la ONU sobre la descolonización del Sáhara Occidental. Recientemente, Mohamed Abdelaziz, presidente de la RASD, pidió a la ONU que aplicase sanciones a Marruecos por bloquear el referéndum en el Sáhara. ¿No hubo medidas contra Sudáfrica por no descolonizar Namibia, Yugoslavia, Libia e Irak? Pues lo mismo para Marruecos.
Otra medida deseable sería la apertura de investigaciones internacionales sobre los genocidios ejecutados por Hasán II, muchos de cuyos esbirros aún viven, y los que está perpetrando su hijo.
Gobernado por la dinastía alauita, Marruecos es un riesgo para la estabilidad del Magreb y del sur de Europa, y un peligro para su propio pueblo.
Lunes, 13 de febrero
Pedro Fernández Barbadillo
Toni García Arias
Vicente Torres
Manuel Molares do Val
Miguel Torres Galera
Vicente A. C. M.
Juan Fernandez Krohn
Pedro Fernández Barbadillo
Antonio Javier Vicente Gil
Francisco Rubiales
Enrique Zubiaga
Raúl González Zorrilla
Graciano Palomo