Blog de una católica

"Es necesario un Concilio sobre el divorcio", entrevista a Carlo Maria Martini

20.07.09 | 23:24. Archivado en Personas de la Iglesia
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" la estructura diplomática, en mi opinión, es demasiado redundante y requiere demasiada energía de la Iglesia. No siempre ha sido así. En la historia de la Iglesia, durante siglos y siglos, esta estructura ni siquiera existía y en el futuro podría reducirse en gran medida, o incluso llegar a ser desmantelada. El deber de la Iglesia es dar testimonio de la palabra de Dios, el Verbo Encarnado, el mundo de los justos que vendrá. Todo lo demás es secundario."

Humildemente me pregunto si en nuestra situación actual podría la Iglesia prescindir de la Diplomacia, como ayuda a la Paz, a los derechos del hombre y los creyentes entre otras funciones que la hacen necesaria. Sería abandonar a su suerte, más aún de lo que a veces se encuentran, hermanos martirizados por las injusticias y las persecuciones.

He cambiado la fotografía de El País por motivos de edición.

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ENTREVISTA CARDENAL ARZOBISPO DE MILÁN

Carlo Maria Martini

"Es necesario un concilio sobre el divorcio"

EUGENIO SCALFARI 12/07/2009

La cara ha adelgazado, pero los ojos de un azul intenso la iluminan aún más. Me mira fijamente, como para reconocerme. Hace muchos años que no nos hemos visto, aunque hemos hablado a menudo intercambiando a distancia sentimientos y pensamientos

"Ha habido épocas en las que la participación activa de las comunidades cristianas era mucho más intensa"

"No pienso en un Vaticano III, pero sí en un concilio sobre la relación de la Iglesia con los divorciados"

"La confesión es un sacramento exangüe. Se confiesa algún pecado, se obtiene el perdón, se dice una oración y se acabó"

"A veces los no creyentes están más cerca de nosotros que muchos falsos devotos. El Señor lo sabe"

Han pasado 13 años desde ese debate a dos voces organizado por Vincenzo Paglia, entonces asistente eclesiástico de la comunidad de San Egidio, en el gran salón del palacio de la Cancillería en Roma. El tema de ese debate era La paz es el nombre de Dios, con un subtítulo: Qué puede unir hoy a católicos y laicos. Desde entonces, la figura del arzobispo de Milán ha sido para mí un punto de referencia, he seguido su obra pastoral dirigida a los creyentes y su diálogo constante con los no creyentes, su relación con el cardenal Silvestrini, con Pietro Scoppola, con la comunidad de San Egidio, con las varias almas de la Compañía de Jesús. He leído sus libros, y en concreto, las Conversaciones nocturnas en Jerusalén. Y ahora, el que acaba de salir, Estamos todos en la misma barca, un largo diálogo con don Luigi Verzè, fundador del hospital de San Rafael en Milán y de la universidad del mismo nombre.

El binomio Martini-Verzè ha asombrado a muchos amigos del cardenal. El fundador del San Rafael es un personaje de notable audacia que tiene muy poco en común con Martini. ¿Por qué le ha elegido precisamente a él como interlocutor? La explicación es clara: las diferencias entre los dos surgen del libro, pero el objetivo común es el de llamar la atención de los cristianos católicos hacia problemas que ya no se pueden aplazar.

Le pregunto a Martini cuáles son esos problemas en orden de importancia: "Ante todo, la actitud de la Iglesia hacia los divorciados, y luego, el nombramiento y la elección de los obispos, el celibato de los sacerdotes, el papel de los laicos católicos y la relación entre la jerarquía eclesiástica y la política. ¿Le parecen problemas de fácil solución? ¿Pueden interesar también a un laico no creyente como usted?".

Me mira sonriente y se acomoda en la silla, que cruje, y me asalta el temor de que sea inestable, pero él me tranquiliza: "Es sólida, no se preocupe, es que yo me muevo demasiado".

Nos encontramos en una habitación muy sobria, con una mesa larga y algunas sillas, en la residencia de los jesuitas en Gallarate. El cardenal, antes de recibirme, se ha reunido con unos 50 sacerdotes procedentes de los alrededores de Milán. Querían escuchar sus palabras de fe y esperanza en una sociedad cada vez menos cristiana y cada vez más indiferente.

Pregunta. ¿Indiferente hacia qué?

Respuesta. Ya no hay una visión del bien común. El sentimiento dominante es defender los intereses particulares y no los del grupo. Quizá piensan que son buenos cristianos porque de vez en cuando van a misa y acercan a sus hijos a los sacramentos. Pero el cristianismo no es eso, no es sólo eso. Los sacramentos son importantes si coronan una vida cristiana. La fe es importante si avanza junto a la caridad. Sin la caridad, la fe está ciega. Sin caridad no hay esperanza y no hay justicia.

P. Usted, cardenal Martini, ha afirmado en muchas ocasiones que la caridad es importante, pero quizá sea necesario definir con exactitud qué quiere decir usted con esta palabra. No creo que se limite a hacer el bien al prójimo.

R. Hacer el bien, ayudar al prójimo, son desde luego aspectos importantes, pero no son la esencia de la caridad. Hay que escuchar a los demás, comprenderlos, incluirlos en nuestro afecto, reconocerlos, romper su soledad y ser sus compañeros. En resumen: amarlos. La caridad predicada por Jesús es la participación plena en la suerte de los demás. Comunión de los espíritus, lucha contra la injusticia.

P. En su libro Conversaciones nocturnas, usted dice que los pecados son numerosos y la Iglesia enumera muchos, pero en su opinión el auténtico pecado del mundo -lo dice exactamente así, si mal no recuerdo- es la injusticia y la desigualdad. Si he entendido bien sus palabras, ¿la caridad consiste en luchar contra la injusticia?

R. Jesús dijo que el reino de Dios será de los pobres, de los débiles, de los excluidos. Dijo que la Iglesia tendría como misión estar a su lado. Ésta es la caridad del pueblo de Dios predicada por su Hijo, que se hizo hombre para salvarnos.

P. Cardenal, ¿a qué se refiere con pueblo de Dios? ¿Son los laicos católicos pueblo de Dios?

R. Toda la Iglesia es pueblo de Dios: la jerarquía, el clero, los fieles.

P. ¿Tienen los fieles un papel activo en el gobierno de la Iglesia, en la administración de los sacramentos, en la elección de sus pastores?

R. Desde luego, tienen un papel, pero deberían desempeñarlo mucho más plenamente. Demasiado a menudo es un papel pasivo. Ha habido épocas en la historia de la Iglesia en las que la participación activa de las comunidades cristianas era mucho más intensa. Cuando hablaba antes de una indiferencia extendida, pensaba precisamente en este aspecto de la vida cristiana. Aquí hay una laguna, una falta silenciosa, especialmente en la sociedad europea y en la italiana.

P. ¿Piensa en la escasa frecuencia de los sacramentos, de la misa, de las vocaciones?

R. Éstos son aspectos externos, no sustanciales. La esencia es la caridad, la visión del bien común y de la felicidad común. Felicidad no sólo para nosotros, sino para los demás, y no sólo en el presente, aquí y ahora, sino para los hijos y los nietos, para las generaciones futuras.

P. ¿La Iglesia institucional hace lo suficiente en esta dirección?

R
. Hace mucho, pero debería hacer mucho más.

P. Cardenal Martini, me gustaría plantearle una cuestión bastante delicada. Un conocido escritor católico, Vittorio Messori, ha escrito recientemente que la Iglesia institucional, es decir, el Vaticano, con su Secretaría de Estado, sus nuncios repartidos por todo el mundo, sus estructuras de Curia, no puede sancionar los vicios privados de los poderosos. Su misión es estipular acuerdos, concordatos, afrontar problemas concretos de poder a poder. Alcanzó acuerdos con Hitler, Mussolini, Pinochet, Franco, Craxi: si les hubiese juzgado públicamente por su comportamiento, por su moralidad, no habría podido actuar políticamente, como es su deber. El problema compete, si acaso -según Messori-, al confesor, admitiendo que alguno de esos poderosos se confiese. De cualquier manera, el tema de la salvación es cosa del clero pastoral, de los párrocos y obispos que cuidan de las almas. ¿Está usted de acuerdo con esta distinción entre instituciones vaticanas y clero con funciones pastorales?

R. En verdad, no estoy muy de acuerdo: la distinción que hace Messori se remonta a una fase en la que aún existía el poder temporal y en la que el Papa era casi un soberano; pero, gracias a Dios, ese poder terminó y no puede ser restaurado. Es una suerte que haya terminado. Desde luego, existe una estructura diplomática en la Santa Sede, pero al fin y al cabo está formada por sacerdotes, cuyo fin último es dar testimonio de la predicación evangélica y de su contenido profético. A esto tengo que añadir que la estructura diplomática, en mi opinión, es demasiado redundante y requiere demasiada energía de la Iglesia. No siempre ha sido así. En la historia de la Iglesia, durante siglos y siglos, esta estructura ni siquiera existía y en el futuro podría reducirse en gran medida, o incluso llegar a ser desmantelada. El deber de la Iglesia es dar testimonio de la palabra de Dios, el Verbo Encarnado, el mundo de los justos que vendrá. Todo lo demás es secundario.

P
. ¿Las iglesias protestantes no tienen estructuras semejantes? ¿No son necesarias para tutelar la libertad religiosa y el espacio público que necesita la Iglesia para difundir sus valores?

R. Las iglesias protestantes no tienen estructuras tan centralizadas y poderosas como la nuestra. Desde este punto de vista, son más débiles que la Iglesia católica, pero en otros aspectos están más cohesionadas con los fieles.

P. El problema que usted plantea existe, indudablemente. ¿Afecta a los obispos? Quizá la figura del Papa, que existe sólo en la Iglesia católica, tiene como consecuencia cierto temporalismo que ha sobrevivido al poder temporal propiamente dicho.

R. El Papa es ante todo el obispo de Roma. Para nosotros, los católicos, es el vicario de Cristo en la tierra y le debemos amor, respeto y obediencia, pero sin olvidar que la Iglesia apostólica se erige sobre dos pilares: el Papa y su comunión con los obispos. Recuerdo que en el consistorio que precedió al último cónclave hubo un debate preliminar para realizar una especie de retrato robot del futuro pontífice. Cuando me tocó hablar a mí, dije que nosotros debíamos elegir al obispo de Roma. Quería decir con ello que siempre prevalece la capacidad y la vocación pastoral por encima de la diplomática o la teológica.

P. ¿Usted dijo eso? ¿Que ustedes, el cónclave, debían elegir al obispo de Roma?

R. ¿Le parece una herejía? Y sin embargo, éste es el mandamiento constante según la doctrina y la tradición evangélica.

El tiempo pasaba y aún había muchos temas que me habría gustado discutir con el cardenal Martini, pero temía cansarle demasiado. Se lo dije, pero me respondió que podíamos continuar.

Había un tema que me interesaba especialmente. Le dije que al leer su último libro, el que había escrito con Verzè, me había parecido entender que se inclinaba hacia otro concilio, una especie de Vaticano III. ¿Se ha debilitado el impulso del Vaticano II? ¿No habría que retomar el discurso y llevarlo más adelante? La respuesta que me dio me pareció muy innovadora y también imprevista.

R. No pienso en un Vaticano III. Es cierto que el Vaticano II ha perdido parte de su impulso. Quería que la Iglesia se enfrentase a la sociedad moderna y a la ciencia, pero este enfrentamiento ha sido marginal. Aún estamos lejos de haber afrontado este problema y casi parece que hemos dirigido nuestra mirada más hacia atrás que hacia delante. Habría que retomar el impulso, pero para hacerlo no es necesario un Vaticano III. Dicho esto, yo soy partidario de otro concilio, es más, lo considero necesario, pero sobre temas específicos y concretos. Considero que habría que poner en marcha lo que se sugirió, o mejor dicho, decretó, en el Concilio de Constanza, es decir, convocar un concilio cada 20 o 30 años, pero con un solo argumento, dos como mucho.

P. Esto supondría una revolución en el gobierno de la Iglesia.

R. A mí no me lo parece. La Iglesia de Roma no se llama apostólica por casualidad. Tiene una estructura vertical, pero al mismo tiempo también horizontal. La comunión de los obispos con el Papa es un órgano fundamental de la Iglesia.

P. ¿Y cuál sería el tema del concilio que usted desea?

R. La relación de la Iglesia con los divorciados. Afecta a muchísimas personas y familias, y desgraciadamente, el número de personas implicadas aumentará, así que hay que afrontarlo con sabiduría y visión de futuro. Pero hay otro argumento que debería afrontar un próximo concilio: el del curso penitencial de la propia vida. Verá usted, la confesión es un sacramento extremadamente importante, pero ya exangüe. Cada vez son menos las personas que lo practican, pero, sobre todo, su ejercicio se ha convertido en algo casi mecánico: se confiesa algún pecado, se obtiene el perdón, se recita alguna oración y se acabó. En la nada o poco más. Hay que devolver a la confesión una esencia auténticamente sacramental, un recorrido de arrepentimiento y un programa de vida, una confrontación constante con el propio confesor; en resumen, una dirección espiritual.

Nos levantamos. Me dijo que había leído mi último libro, El hombre que no creía en Dios, y que había encontrado algunas concordancias con su visión del bien común. Le di las gracias. Yo me siento muy cercano a usted, le dije, pero no creo en Dios, y lo digo con total tranquilidad de espíritu.

"Lo sé, pero usted no me preocupa. A veces, los no creyentes están más cercanos a nosotros que muchos falsos devotos. Usted no lo sabe, pero el Señor, sí".

Sentí la tentación de abrazarlo, pero estamos los dos algo temblorosos y habríamos corrido el riesgo de acabar en el suelo. Nos estrechamos la mano prometiendo volver a vernos pronto.

© La Repubblica. Traducción de News Clips.

http://www.elpais.com/articulo/reportajes/Carlo/Maria/Martini/elpepusocdmg/20090712elpdmgrep_5/Tes

10 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por jalon 09.09.09 | 16:06

    Los integristas y fundamentalistas son muy de la cuerda del Papa ... mientras el Papa sea fundamentalista e integrista. Me refiero a Hispalense, Hgildo, LN, ... Los que llamaban a Juan 23 masón y protestante. Cierto que lo mío es (justamente? no, injustamente, lo reconozco) lo contrario. Me encantaba la risa del papa Juan cuando le preguntaban si era infalible. Me empezó a gustar B16 cuando en su discurso a los obispos, en Lourdes, les mandaba respetar el laicismo de Francia, 300.000 abortos anuales. Y me encanta el silencio de Cigueña, 31.08.09, Luis Fernando Perez Bustamante y Cía., sobre el hachazo del Papa a esa iglesia paralela Provida, que amenazaba con comerse a la iglesia de Cristo. Echar a Martino y Dougherty ha sido la excomunión de los excomulgadores. Alguaciles alguacilados. Gracias, Francisco Margallo. Pedorreta al que me llamó mentiroso, Fernando Pascual Aguirre. Tema cerrado?

  • Comentario por jalon 31.08.09 | 11:18

    El diario estatal Juventud Rebelde, de La Habana, arremetió ayer contra la enfermiza obsesión de funcionarios y responsables que, bajo el pretexto de cuidar la imagen del país censuran información, rechazan la crítica e impiden el análisis público de los problemas. Cuando de lo que se trata es de mejorar la realidad. La Voz de Galicia, 31/08/2009.
    Trento o Vaticano I, eran censura y terror. Nada que ver con la libertad del Vaticano II. Sin comparación, irreversible

  • Comentario por Ricardo Morando 17.08.09 | 13:34

    Dónde puedo conseguir el Libreo "Conversaciones en Jerusalén del Cardenal Martini, ya sea digital o de tapas?
    Gracias

  • Comentario por jalon 05.08.09 | 23:36

    "No haremos un proceso histórico, no intentaremos saber quién ha estado equivocado y quién ha tenido razón. Las responsabilidades son compartidas. Únicamente diremos: '¡Reconciliémonos!'" Juan XXIII, 25 de enero de 1959, cuando anunció su propósito de convocar un Concilio.

  • Comentario por jalon 02.08.09 | 18:14

    La Ley Foca que prepara Obama, y de la que habló con B16, es una promesa electoral. Obligará a cerrar hospitales católicos por no realizar abortos, y descalificará a personal sanitario objetor de conciencia, así como a colegios católicos, por inmoralidad manifiesta. Podéis teclear en google o Yahoo.

  • Comentario por saruce 21.07.09 | 12:30

    Fe de erratas, y disculpas.
    Donde dice: "si no un concilio, sino una profunda meditación", quería decir:
    "si no un concilio, sí una profunda meditación"

  • Comentario por saruce 21.07.09 | 12:27

    Desde mi fe cristiana, considero que el divorcio y los divorciados merecen, si no un concilio, sino una profunda meditación, y un análisis eclesiástico de las diferentes situaciones por las que atraviesa una familia de divorciados, sean cristianos o no.
    Esa ruptura familiar que se ha impuesto socialmente, como una pandemia mundial, tiene visos de ir a más, porque hemos variado la escala de valores humanos, a los que estábamos unidos por medio de la formación cristiana.
    Calificar de bueno o malo el divorcio, está fuera de mis limitaciones. No se me da bien juzgar a los demás.
    Pero me consta que se sufre, que existe mucho dolor, y que el divorcio arrastra una tragedia tras de sí, en muchos casos.

  • Comentario por luis 21.07.09 | 02:54

    Qué demagogo, cielo santo, qué demagogo. Hasta le hace la pelota al periodista por ser no creyente. Menos mal que este tipo está fuera de juego, de la que nos salvamos...

  • Comentario por María Teresa [Blogger] 21.07.09 | 02:23

    Perdón. Era el titular que eligió su autor Eugenio Scalfari.
    Me parece una buena persona eligiendo mostrar al Cardenal en momentos más favorecidos.

  • Comentario por Renée 20.07.09 | 23:50

    Titular tendencioso. El problema de los divorciados no es el tema central de la entrevista.

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