

«El aborto provocado es un acto intrínsecamente
malo que viola muy gravemente la dignidad de un ser
humano inocente, quitándole la vida. Asimismo hiere
gravemente la dignidad de quienes lo cometen, dejando
profundos traumas psicológicos y morales (…) Es un
deber de estricta justicia prestar a la mujer que espera
un hijo el apoyo personal, económico y social que
merece la maternidad como valiosísima aportación al
bien común».
Conferencia Episcopal Española, La familia, santuario de la vida
y esperanza de la sociedad, 33
Viernes, 17 de febrero
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