Blog del País Vasco

La "generación tarantina" no tiene límites

07.09.09 | 09:31. Archivado en Nacional
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San Sebastián. Raúl González Zorrilla. El pasado sábado, 10 policías resultaron heridos, algunos de ellos de gravedad, en el salvaje “botellón” organizado por jóvenes de Pozuelo (Madrid), el municipio más rico de España, para celebrar su primer día de fiestas patronales. Solamente unas horas más tarde, y en la localidad vizcaína de Lekeitio, un agente de la policía autonómica vasca también resultaba herido de gravedad, y diez proetarras eran detenidos, en unos incidentes que comenzaron cuando un grupo de terroristas callejeros se presentó en la subcomisaría de la Ertzaintza de este municipio para increpar e insultar a quienes se encontraban en su interior.

La juvenil basura proetarra que lleva treinta años enlodando el País Vasco con el permiso y la aquiescencia del nacionalismo “moderado” y los jóvenes antisistema mimados y malcriados que, en diferentes lugares del país, no pierden ocasión de mostrar su gusto por la “violencia tarantina”, tienen algo en común: un consumo aberrante y obsceno de alcohol y drogas que convierte a una parte importante de la juventud española en seres fantasmales y fallidos, intensamente dipsómanos, egocéntricos y vacíos.

Los adolescentes y jóvenes que estos días han llenado nuestras calles de vómitos, alcohol, vergüenza y violencia no solamente demuestran la quiebra existente en la transmisión de valores positivos en el seno de las familias, sino que también ponen de relieve cómo esta falla global en los modelos educativos se extiende a los centros de enseñanza secundaria y a la universidad.

Estos chicos y chicas amantes de beber hasta tantear la inconsciencia o hasta alcanzar el coma etílico han explicado en los medios de comunicación las muchas razones que tienen para empinar el codo en la calle hasta perder la escasa razón que parecen haber alcanzado en ese territorio difuso, turbio y complejo que es la mayoría de edad. Pero, curiosamente, ninguna de ellos, nadie entre los miles de chicos y chicas, ni ninguno de los adultos que más mal que bien intentan explicar el comportamiento demencial de estos chavales, han respondido a la que debería ser la pregunta clave: ¿por qué estos niñatos asocian el consumo obsceno de alcohol con la diversión?, ¿por qué beber hasta la autohumillación es sinónimo de fidelidad generacional?, ¿desde cuándo tragar alcohol hasta la extenuación y la indecencia refuerza los lazos de amistad?, ¿por qué estas masas aborregadas pierden el conocimiento e, inmediatamente, se dedican a atacar a los policías que, entre otras cosas, vigilan la seguridad de los preciosos adosados en los que habitan?

No podemos engañarnos. Detrás de este comportamiento demencial y patético de nuestros jóvenes beodos y violentos aflora la herencia legada por una generación de adultos que se ha empeñado hasta la impudicia en la apología de las bebidas alcohólicas y de las drogas, pero que, sobre todo, ha dado luz, de una forma entusiasta, a un entorno social carente de límites éticos y huérfano de ilusiones personales en el que los ciudadanos más jóvenes se encuentran liberados de realizar cualquier tipo de esfuerzo, redimidos de cualquier obligación y exentos de todo tipo de deberes.

El relativismo sociocultural y el enriquecimiento económico obsceno en el que, deíficamente, han crecido muchos de estos muchachos éticamente indecentes les ha transmitido la creencia de que en todo momento pueden hacer todo aquello que deseen ya que las responsabilidades y los compromisos nunca llegarán a serles exigidos por nadie.

Esta generación de jóvenes que ahoga nuestras calles de violencia, drogas y alcohol produce individuos capaces de intentar asesinar al policía que va a poner fin a un “botellón” a altas horas de la noche; es la misma generación que está supurando hombres y mujeres aculturizados, económicamente desenvueltos y terroríficamente amorales que graban en sus teléfonos móviles las palizas que propinan a cualquier excluido social o que acosan a sus compañeros más débiles hasta arrojarles al suicidio.

En los últimos años, en España, los delitos violentos cometidos por menores de edad han crecido casi en un 50%, pero no deberíamos extrañarnos de estos datos: esto es lo que ocurre cuando se habita en una sociedad ensombrecida por el crepúsculo del deber, diezmada por una fatua vacuidad ideológica y sumida en la anomia colectiva propia de una siniestra era del consentimiento que trata como héroes a los vulgares delincuentes y que se avergüenza de sus propios policías.

Por cierto, ¿por qué durante las últimas horas los informativos de la televisión pública (TVE), no dejan de repetir la emisión de una entrevista con dos jóvenes paletos, ignorantes y descerabrados, en la que éstos narran, más o menos, dado el lenguaje espeluznante que utilizan, lo “malos” que fueron los policías y lo heroicamente que se comportaron sus amigos?. ¿Qué criterio periodístico bochornoso, paleto y acomplejado es éste que lleva a dar minutos y minutos de telediario a un par de idiotas borrachos e iletrados y que niega el pan y la sal de la legitimidad a las fuerzas de seguridad?.

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2 comentarios


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Comentarios
  • Comentario por Dámaso 07.09.09 | 15:00

    Ogro lleva razón en su comentario, faltan valores, moral y ética, pero creo que el desmadre de la sociedad y especialmente de la juventud no consiste sólo en eso.

    ¿Habrá algún sitio con una mayor concentración de personas carentes de valores, moral y ética que un centro penitenciario?. No obstante en la cárcel hay un reglamento y se exige disciplina por lo que se penalizan los desmanes de muchas formas, de lo contrario sería peor que la selva.

    Si la justicia no fuera tan "buenista" y consentidora otro gallo cantaría, además, igual que se hace publicidad gratuíta de laboratorios farmacéuticos anunciando a bombo y platillo los muertos de la gripe A, ¿por qué no se publican las penas, si es que las hay, de los jóvenes que detienen en algaradas y que atacan a la policía, destrozan coches y mobiliario urbano?.

  • Comentario por Ogro 07.09.09 | 11:54

    Por un lado está la Ley del menor, ley criminal donde las haya y que da cobertura a muchos menores con la moral de una ameba. Cobertura conocida además, porque saben perfectamente lo que hacen.

    Por otro lado de la pinza, lo comentado por Don Raul, el abuso de drogas y alcohol. Yo he sido en mi juventud bastante taranbana, pero hasta los 18 tacos no probé el alcohol, y normalmente conocíamos nuestros límites. Añadamos ahora la plaga de los botellones que elimina en buena parte el factor monetario de la ecuación borrachera.

    En mi opinión, el problema base no es el alcohol o las drogas (siendo un problema muy real), para mi, el problema real es un tema de valores, de moral, de ética.

    Si a ese problema de falta de valores, le añadimos el coctel hormonal, juvenil y las borracheras, la tragedia está servida, estamos criando generaciones enteras de niñatos malcriados, que todo lo tienen, todo lo quieren, y nada permiten que les exijan.

    Así ...

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