Este catedrático es un imbécil
08.07.09 @ 12:16:08. Archivado en Nacional
San Sebastián. Raúl González Zorrilla. Víctor Sampedro, catedrático de la Universidad Juan Carlos I de Madrid, acaba de explicar en los cursos de verano de la Universidad del País Vasco las razones por las que hace un análisis “altamente crítico” de la representación mediática de las víctimas de terrorismo. En opinión de este profesor, a quien curiosamente nunca hemos escuchado decir una palabra sobre la aberrante y abultada presencia de etarras y proetarras en la prensa española, “los ¿grupos armados? y los medios de comunicación tratan el dolor de las víctimas como un mero mensaje.”
Además, Víctor Sampedro, conocido popularmente entre los estudiantes por su fraseología brillante del tipo “el problema de la pasividad de España es que la gente no folla” o “los periodistas son señoras de la limpieza de la casa de la democracia", ha explicado también que, según un estudio que ha realizado sobre el tratamiento dado al terrorismo en los periódicos “El País” y “El Mundo”, “el Estado y los medios de comunicación utilizan la muerte y el dolor de unas personas que no quisieron servir al Estado para convertirlos en valores heroicos. Se les usurpa la voz, se les impone discursos que no les pertenecen".
Finalizado el capítulo de citas dedicado a las majaderías dichas por este individuo que revela a la perfección cómo la estupidez humana no entiende de títulos, pasamos a aclarar algunas cosas a los siempre demasiados Víctor Sampedro que hay en este país.
Las víctimas del terrorismo, como hombres y mujeres directamente afectados por el horror criminal, han de tener un derecho prioritario de participación política y mediática por su querencia a defender el sistema democrático, por su empeño en proteger la memoria de sus familiares asesinados y por su deseo de proclamar la verdad de lo sucedido, especialmente frente a manipulaciones y desprecios como los realizados por presuntos intelectuales como Víctor Sampedro.
Frente a la presencia ominosa que durante tres décadas han mantenido los terroristas y los voceros de los criminales en los medios de comunicación, las víctimas del terrorismo, con el convencimiento de que es imposible alcanzar la paz sobre el olvido de lo padecido, sobre la injusticia y la impunidad, se han convertido, voluntariamente, en el único antídoto válido para superar el cáncer moral que el terrorismo ha extendido por no pocos rincones de la sociedad vasca y española.
Las víctimas, en condiciones profundamente dramáticas, siempre han dado un ejemplo modélico de respeto al sistema democrático, de lucha por la justicia, de renuncia a la venganza, de repulsa a cualquier método violento para terminar con el terrorismo y de trabajo firme por mantener la verdad de lo sucedido a pesar de los muchos intentos que en este país se han hecho por manipular tanto las historias particulares de muchos asesinados por ETA como la propia historia colectiva de los ciudadanos vascos y españoles.
Los familiares de las víctimas del terrorismo conocen mejor que nadie toda la atrocidad, el dolor, el drama y las consecuencias que se derivan de cada atentado criminal. Las víctimas acumulan en sus múltiples, ocultas y trágicas historias, toda la infamia que se ha vertido en este país y, por ello, poseen la más absoluta autoridad para desmontar despropósitos ideológicos que, aún hoy, tratan de legitimar, directa o indirectamente, las mayores aberraciones terroristas.
Las víctimas del terrorismo son las únicas que pueden liderar cualquier proceso que lleve a la sociedad vasca en particular, y a la sociedad española en general, a analizar la realidad gereada por el terrorismo desde el punto de vista de quien la sufre y no de quien la provoca, desde la mirada del que muere y no del que mata y desde el prisma de quienes, en muchos casos, han dado lo mejor de sí mismos para defender la libertad de todos.
El testimonio incansable e irreductible de las víctimas del terrorismo, que nunca será excesivamente aireado por los medios de comunicación, es la gran vacuna contra la permanente tentación de la impunidad, de la dejación y del abandono democrático en la resistencia contra el terror. Ninguna ley tiene capacidad para devolver a la vida al casi millar de víctimas provocadas por la lacra del terrorismo etarra y, por ello, los familiares de las víctimas del terrorismo no demandan una justicia restitutiva que, por ejemplo, sí puede reclamar alguien que ha sido víctima de un robo. Pero la imposibilidad de que exista una justicia restitutiva no exime, de ninguna manera, de la demanda de una justicia política, social, económica y moralmente reparadora. Esta reclamación, que a pesar de lo que digan algunos analistas indecentes nada tiene que ver con el odio y es sinónimo de ejemplaridad democrática y de probidad moral, es la principal petición de las víctimas del terrorismo. Y debe ser divulgada por los medios de comunicación.
Lo que presuntos intelectuales como Víctor Sampedro olvidan es que el predominio absoluto de la mirada del verdugo sobre la vida cotidiana del País Vasco ha sido constante y devastador y que, aún hoy, esta preponderancia mediática de los asesinos, o de quienes legitiman a los criminales, continúa siendo una de las grandes lacras contra las que ha de luchar una sociedad demasiado narcotizada frente a la barbarie y rápidamente dispuesta a olvidar que ante sus omisiones se han cometido algunos de los atentados más graves contra los derechos humanos que se han producido en Europa desde la segunda guerra mundial.
Esta situación bárbara que alentaba el mutismo de las víctimas, mantenida en el tiempo, alimentada con entusiasmo y multiplicada exponencialmente por el desinterés de algunos, el desistimiento de otros y el miedo de muchos, ha provocado, por supuesto, la marginación radical y el abandono más absoluto de los familiares de las personas asesinadas, pero, además, ha dado luz a una geografía fantasmal donde la defensa y la protección de los derechos básicos de los ciudadanos ha pasado a considerarse como algo anecdótico que podía someterse a intereses más importantes y espurios, como la presunta construcción de una nación indefinida y fantasmal. Esto es lo que, con sus propias palabras, también denuncian las víctimas del terrorismo en los medios de comunicación.
A pesar de que a individuos como Víctor Sampedro no les guste.
Siga el Blog del País Vasco en Twitter
Blog de Raúl González Zorrilla
Currículum Raúl González Zorrilla
Acceder al documento "Apuntes de un periodista vasco (1992-2002)"
Comentarios:
No hay que cerrar los ojos, el mundo universitario español es cada día mas escorado en lo político, menos libertario, y en general cada día con mas personajes como el presente, que escondidos bajo un título se creen poseedores de tales verdades que no paran de eructar riadas de bilis y detritus.
Y hablo en general, no quiero ya hablar de aquellas universidades dominadas por los nacionalismos, y donde por dar un ejemplo, encuentran perfecto cobijo escoria como la de "ikasle abertzaleak", filoterroristas basurientos que deberían ser perseguidos.
¿Qué pretende Sampedro, volver a los tiempos de la UCD donde se ocultaban los asesinatos de la ETA, se cerraban policialmente los pueblos del País vasco para no poder asistir a los entierros y hasta se mentía descaradamente achacando el incendio del Corona de Aragón y sus 78 muertos a un accidente?.
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Raúl González Zorrilla
autor
Contacto


