San Sebastián. Raúl González Zorrilla. Algo más de un mes después de que el socialista Patxi López, con el apoyo del Partido Popular de Antonio Basagoiti, fuera investido como primer lehendakari no nacionalista de la reciente historia del País Vasco, el clima político comienza a cobrar cierta normalidad democrática en Euskadi. Esto quiere decir, por ejemplo, que la policía autónoma empieza a luchar contra la apología proetarra, que la bandera de la España democrática ondea en los edificios públicos y que, en la calle, la utilización del euskera, ese idioma folclórico del que tanto se habla pero que tan pocos hablan, ha dejado de ser una artimaña de los ignorantes y de los aprovechados para alcanzar más poder y para permanecer más tiempo en el mismo. Pero mientras esto ocurre, al mismo tiempo que algunas muestras de sensatez comienzan a verse en la actividad administrativa, llama la atención de qué modo y con qué rapidez están proliferando en el País Vasco las creencias irracionales, los sentimientos acientíficos, los pensamientos mágicos y las obsesiones maquinistas. No es extrañar que esto ocurra en un territorio en el que, a lo largo de las últimas décadas, se han puesto del revés los más elementales principios éticos, en el que se han dinamitado los posicionamientos ideológicos más sensatos y en el que en todo momento se han alentado las emociones más radicales y obtusas, pero sí sorprende cómo los argumentos más disparatados, las opiniones más deformadas y los dogmas más retrógrados disfrutan en la sociedad vasca de una expansión vírica que amenaza con poner contra las cuerdas los principios más elementales de la modernidad, el progreso y el bienestar colectivo.
Domingo, 27 de mayo
Antonio Cabrera
Vicente Torres
Juan Fernandez Krohn
Manuel Molares do Val
Pedro Fernández Barbadillo
Vicente A. C. M.
Miguel Torres Galera
Carlos Ruiz Miguel
Josep Carles Laínez
Raúl González Zorrilla
Rufino Soriano Tena
José Pómez