Chssst, chssst, que vienen, que vienen
27.03.09 @ 12:00:35. Archivado en Nacional
San Sebastián. Raúl González Zorrilla. Tal y como se esperaba desde el momento en el que se conocieron los resultados de las elecciones autonómicas del pasado 1 de marzo, los socialistas y los populares vascos han alcanzado un preacuerdo que situará a Patxi López como el primer lehendakari no nacionalista desde la Transición y que, además, por primera vez en treinta años, liberará al Ejecutivo autónomo del control del PNV. Hace exactamente una década, y ante la carencia de apoyos suficientes para gobernar con comodidad, Juan José Ibarretxe, el mismo que hoy tiene la poca vergüenza de cuestionar y poner en dudas la legitimidad política del pacto PSE-PP, lideraba este país con el apoyo externo de los proetarras de Batasuna, sostén que los nacionalistas aceptaron sin ningún tipo de complejo ético durante tres años, a pesar de que, durante ese tiempo, la banda terrorista ETA cometió numerosos atentados mortales. En el fondo, esta es la diferencia radical entre los partidos políticos democráticos como el PSE y el PP y los movimientos totalitarios populistas como los encabezados por los nacionalistas vascos. Los primeros, trabajan, de un modo u otro, contra los terroristas; los segundos, se alimentan de éstos, los protegen, los comprenden, los justifican y, en ocasiones, los promueven.
Ciertamente, son muchos y comprensibles los reparos que se pueden poner a un Patxi López que en sus peores momentos no dudó en negociar políticamente con los terroristas, que humilló a numerosas víctimas del terrorismo, que abanderó la verborrea “progre” más ramplona y que fue en Euskadi un adalid pionero de esa estupidez ideológica que José Luis Rodríguez Zapatero define como “geometría variable” y que, en términos castizos, puede traducirse, simple y llanamente, por tener una absoluta carencia de complejos para aliarse políticamente con los más radicales de cada casa. Pero, dicho esto, también hay que señalar que, tras obtener un excelente resultado en las elecciones vascas, Patxi López ha sabido mantener su apuesta por el cambio, que solamente podía hacer con el PP, por encima de los deseos del presidente de Gobierno, por encima de determinadas presiones de la organización nacional de su partido e, incluso, por encima de las pretenciosas pretensiones de muchos analistas, expertos y observadores que de un modo absolutamente interesado, demagógico e indocto siguen considerando que el progreso y la libertad son valores especialmente ligados a los nacionalismos periféricos.
Ser víctima en el País Vasco, ser el objetivo de los terroristas y compartir candidatura a la aniquilación por parte de los secesiones y de los proetarras, une mucho. Y el PSE de Patxi López y el PP de Antonio Basagoiti están íntimamente ligados por muchas personas buenas asesinadas, por muchos funerales compartidos y por aquella frase del Pacto de Estella, firmado por todos los partidos nacionalistas y por ETA en septiembre de 1998, que apelaba a romper todo acuerdo "con los partidos que tienen como objetivo la construcción de España y la destrucción de Euskal Herria" (PSE y PP). Por ello, se confunden radicalmente quienes desde de un punto de vista ignorante o vulgarmente bastardo aseguran que el Gobierno vasco que salga del acuerdo entre el PSE y el PP será débil y fácilmente vulnerable. Y se equivocan porque los elementos que más unen alrededor de un proyecto compartido son aquellos que apelan a los derechos más elementales de los ciudadados y, en este sentido, las bases sobre las que se va a asentar el futuro Ejecutivo que liderará Patxi López hacen referencia a cuestiones tan esenciales como las que hacen referencia a liderar decididamente la lucha contra el terrorismo, a la necesaria deslegitimación moral de los criminales, al derecho de todos los niños vascos a educarse en su idioma materno, a la urgencia de que los medios de comunicación públicos no sean portavoces de la infamia y, en definitiva, a garantizar, de una vez por todas, el derecho a la existencia institucional y política a esa mitad de la sociedad vasca que no es nacionalista y que durante treinta años ha sido asesinada, chantajeada, arrinconada, insultada, despreciada, vejada y olvidada.
Quienes comprensiblemente temen los deslices anómicos, condescendientes y comprensivos que el PSE de Patxi López pueda tener con los nacionalistas vascos más radicales y con la banda terrorista ETA, han de tener en cuenta la importancia radical que, desde fuera, el PP va a tener para el nuevo gobierno. En este sentido, el partido de Antonio Basagoiti habrá de desempeñar un delicado papel siendo extremadamente flexible, y apoyando, que el PSE pueda llevar a cabo su programa de gobierno en cuestiones administrativas, sociales y económicas de fuerte calado práctico y, al mismo tiempo, vigilando, y si es necesario imponiendo, que el nuevo Ejecutivo lleve a la práctica y no ceda ningún espacio en todos aquellos aspectos que llevan asociado un importante impacto ético en lo que hace referencia a la lucha contra el terrorismo y a la deslegitimación social de los proetarras y de los adláteres nacionalistas de éstos.
En ni opinión, no será difícil este entendimiento en Euskadi entre dos grandes partidos como el PSE y el PP. Se trata de una alianza que, además, será más sólida en cuanto más se radicalice el PNV en la oposición y cuanto más tienda el partido de Iñigo Urkullu y Juan José Ibarretxe a liderar ese presunto polo soberanista y políticamente incendiario que alejará definitivamente a los nacionalistas vascos de los espacios de la habitabilidad democrática y que les sitúa en el lugar que les corresponde por méritos propios: en los extremos ideológicos en los que solamente viven los terroristas, los fanáticos, los integristas y los iluminados. Es decir, donde se amasa la amenaza totalitaria.
Paradójicamente, solamente un PNV distinto que haya sabido sacudirse del yugo identitario de Juan José Ibarretxe y de los muchos secuaces que éste mantiene en esta formación, y que haya recorrido nuevamente, padeciendo el dolor que produce toda depuración, el camino de regreso hacia la moderación, pondría en peligro el acuerdo de Gobierno entre el PSE y el PP, al estar en condiciones los nacionalistas de tentar nuevamente a los socialistas con un pacto “transversal” y de “centralidad”.
Todo esto, muy probablemente, no va a ocurrir en la legislatura que está a punto de comenzar.
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Comentarios:
Respecto a las acciones sociales, ya conocemos de lo que es capaz de hacer con la ampliación del IVE, eufemismo del asesinato de los más débiles, y con la creación de pobreza a espuertas mintiendo desde el principio para mantenerse en el poder.
En fin, es su condición y ya veremos lo que les pasa a los basagoitis cuando les estén ayudando a cruzar el río. ¿No fue el Sr. Rodríguez el que propuso el "pacto por las libertades", lo rompió cuando le dió la gana y se encamó con los asesinos?.
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Raúl González Zorrilla
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