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San Sebastián. Raúl González Zorrilla. “Un hombre que no vive más que en el pasado o en el futuro es un fanático. Es necesario vivir en el presente. El presente es nuestra tierra, nuestro territorio, todo lo que tenemos. El pasado es la memoria, nuestra herencia; el futuro son nuestros sueños. Pero lo que tenemos entre manos es el presente. Está prohibido despreciar el presente. No es necesario anular el presente, para beneficio del futuro o del pasado”. Estas palabras del escritor, novelista y periodista israelí Amos Oz, autor de ese excelente ensayo que es “Contra el fanatismo” (Editorial Siruela), pueden ser perfectamente aplicadas al actual lehendakari del Gobierno vasco y al candidato presidencial del PNV a las elecciones del próximo 1 de marzo.
Juan José Ibarretxe, que lleva más de una década en la cúspide del poder institucional, ha dedicado todo este tiempo, fundamentalmente, a convertir el pasado mítico de los vascos en el eje de su acción de gobierno, a releer intelectualmente buena parte de las leyendas románticas sobre las que Sabino Arana levantó una nación de pandereta y a rescatar del más profundo ayer la mayor parte de los elementos esencialistas e identitarios sobre los que el nacionalismo vasco más radical construye diariamente su discurso. De esta forma, el lehendakari se ha pasado una década ideológicamente anclado en el neolítico, periodo histórico al que él, literalmente, remonta el origen de los vascones, y sobre esta concepción quimérica del linaje euskaldún ha asentado, dramáticamente, su labor institucional.
Pero es que, además, y siguiendo fielmente el diagnóstico realizado por Amos Oz sobre las personas sectarias, intolerantes y extremistas, Juan José Ibarretxe también ha centrado su visión iluminada en el que, en su opinión, ha de ser el futuro de Euskadi. Y así, para alcanzar un mañana autodeterminado e independiente para el País Vasco, el actual lehendakari ha embarcado a los ciudadanos en un proyecto soberanista sobre el que ha hecho voltear los últimos cuatro años de su Gobierno y para cuya puesta en marcha no dudó en aprovecharse, de un modo éticamente indecente y políticamente suicida, del apoyo ensangrentado de los proetarras. Casi once años lleva Juan José Ibarretxe en Ajuria Enea y su trayectoria puede resumirse en un breve epitafio: fantaseando sobre el pasado quiso inventarse un futuro y destrozó el presente.
Hace unos días, Juan José Ibarretxe dio un mitin en Azpeitia, ciudad en la que la banda terrorista ETA asesinó el 3 de diciembre de 2008 al empresario Ignacio Uría, y en su intervención desgranó el programa de transporte y movilidad del PNV para los próximos años, sin referirse en ningún momento a los violentos ataques de ETA contra la alta velocidad vasca y, especialmente, sin hacer mención al crimen de Ignacio Uría o a la dramática explosión de un coche-bomba en las puertas de la sede de Ferrovial en el madrileño Campo de las Naciones. Y es que, como bien explica Amos Oz, para los integristas como Juan José Ibarrexe, el presente no existe, ya que éste desmiente una y otra vez su contemplación idílica del pasado y, además, amenaza con destruir el futuro deífico que todos los fanáticos nacionalistas contemplan inexorablemente para su presunta patria.
Mientras tanto, el presente ha sido excluido y expulsado de los últimos diez años de la realidad vasca. Durante la década larga que Juan José Ibarretxe lleva como lehendakari, la banda criminal ETA ha asesinado a 56 personas, mientras que, por ejemplo, la Ertzaintza, la policía autónoma bajo estricto control político de los nacionalistas, no ha detenido en todo este tiempo a ningún terrorista destacado. Pero es que, además, durante este periodo, los nacionalistas vascos, arrastrados por las obsesiones de su lehendakari, no han dejado de apoyar, justificar, entender, comprender, pactar y acordar estrategias con los cómplices de los criminales, incluyendo entre éstas el ignominioso Pacto de Estella o Lizarra o el ilegal, y tan publicitado con dinero público, “Plan Ibarretxe”.
El hoy, el ahora, las necesidades cotidianas y urgentes de los ciudadanos vascos, han brillado por su ausencia en la agenda política del Gobierno vasco formado por el tripartito ultranacionalista. Y así, mientras el lehendakari travestido en profeta ve, y cito textualmente, “el futuro del País Vasco en el brillo de vuestros ojos”, el programa sanitario de Euskadi pasa a convertirse en uno de los más problemáticos de España; el número de parados en la comunidad sobrepasaba la simbólica cifra de los 100.000; el sistema educativo convulsiona ante las embestidas feroces de los independentistas para suprimir la posibilidad de que los niños castellanohablantes (el 80% del total) se formen en su idioma; 200.000 vascos abandonaban su tierra por las amenazas de los terroristas y de los proetarras; todas las macroinfraestructuras previstas se encuentran retrasadas, paralizadas o amenazadas por los criminales; la industria vasca amenaza con implosionar arrastrada por las drásticas caídas del sector de la automoción y la máquina-herramienta; los escándalos económicos se suceden en las principales instituciones regionales regidas por el PNV (Museo Guggenheim, Museo Balenciaga, Hacienda de Irún, etc.) y, en definitiva, todos los hombres y mujeres de esta tierra, y muy especialmente los no nacionalistas, somos castigados por una estrategia política que rehuye la gestión eficaz de la “cosa pública” para convertir la legítima y honrada responsabilidad de gobernar en el arte de crear un pueblo oprimido y “jodido” (según afirman los socios del Lehendakari) que para “vivir en paz” ha de alcanzar su “independencia”.
Juan José Ibarretxe es, efectivamente, un fanático y un reaccionario que, después de once años como lehendakari, se ha convertido en la gran baza del nacionalismo vasco para alcanzar su objetivo supremo de convertir el País Vasco plural de los ciudadanos en la Euskal Herria monolítica de los pueblos de Europa.
El problema, trágico y crucial, es que cuando los ciudadanos se convierten en pueblo, la democracia y la libertad se transforman en una gran impostura que todos habremos de padecer.
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"Fantaseando sobre el pasado quiso inventarse un futuro y destrozó el presente". Es el mejor resumen de la era Ibarreche que he visto hasta ahora. Mucho me temo sin embargo que dicha era va a durar más de lo que cualquier persona demócrata (de los de verdad) desearía.
La sociedad vasca está enferma. Un lugar donde asesinan a tu vecino y tú te ocultas en tu casita, a lo tuyo, a construir tu nación imaginaria, está podrido hasta la médula. Y semejante territorio necesita a un suicida social como dirigente, a un iluminado fanático. Ibarreche está aquí para quedarse.
Ibarretxe será nuestro próximo lehendakari una vez más.Es el mas preparado,el que más experiencia tiene de largo y el mas solvente.
López no pudo con primero de ingenieria ni repitiendo.Para concejal o alcalde de una pequeña población,vale,para más....no dá.Saludos.
Seguramente existirá, pero lo desconozco. Me refiero a un estudio económico profundo sobre las ventajas del concierto económico y el cupo vasco, donde a cambio de apropiarse de todos los impuestos contribuye al sostenimiento de las cargas del Estado con un ridículo porcentaje.
Hay quien dice que el gobierno vasco recibe del resto de España seis euros por cada uno que contribuye, incluso la policía que no detiene etarras la pagamos entre el resto de los españoles, dándose la paradoja que cobra más que la Policía Nacional y la Guardia Civil.
Con todo lo anterior quiero decir que si se les demostrara a los vascos que la bicoca que tienen ahora es más ventajosa que la independencia, con seguridad, por muy fanático que sea el lehendakari no tendría seguidores, y puede que incluso le dieran collejas cuando lo vieran por la calle.
Creo que uno de los errores del unionismo es decir una cosa y aplicar otra. Dice Zorrilla es su blog como norma para comentarios: "Evite los insultos, palabras soeces, alusiones sexuales, vulgaridades o groseras simplificaciones
No sea gratuitamente ofensivo y menos aún injurioso." Vote Socialista en las generales pero ahora, visto lo visto, lo que ofrece el patxi ese, el basagoiti sin talla, votaré a ibarretxe.y no soy muy nacionalista, pero ojo, menos nacionalista español como vosotros, muy extremistas por cierto
Ibarretxe es un fanático por más cosas, y es que la radicalidad del PNV no viene de nuevo, sino de hace 30 años (por ceñirnos a la democracia). Era una radicalidad a otra velocidad,(pero radicalidad), la de los años de hierro, la de los silencios institucionales ante un asesinato, la de ir labrando una masa social, ingeniera social mediante, para luego lanzarse a por todas, que es en lo que están.
Han creado una sociedad suficientemente narcotizada pero sobre todo radicalizada; por tanto al PNV sólo le queda radicalizarse para no quedarse atrás. Siguen hablando por poner un ejemplo de normalización lingüística, pero ya sabemos todos y no lo ocultan practicamente ellos, que se trata de una imposición. Y ese plano lo podemos llevar al resto de políticas del PNV.
Por tanto, claro que es radical Ibarretxe, pero tal vez yo no diría que porque no le interese el presente, sino porque el Iluminati lehendakari de algunos vascos cree tener aferrado el presente y ni se ...
Domingo, 27 de mayo
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