El PNV intentará liderar el secesionismo vasco para paliar su debacle electoral
11.03.08 @ 15:31:04. Archivado en Nacional
San Sebastián. Raúl González Zorrilla. La victoria del PSE en el País Vasco ha sido aplastante. Los socialistas vascos no han triunfado solamente en la comunidad autónoma sino que, además, han conseguido ser la fuerza más votada en cada una de las tres provincias (Guipúzcoa, Vizcaya y Álava), en las tres capitales y en prácticamente todas las principales ciudades de la comunidad autónoma. Para conseguir estos resultados, la formación liderada por Patxi López ha tenido que acercarse tanto al imaginario nacionalista que, en ocasiones, resulta difícil discernir si los representantes vascos de José Luis Rodríguez Zapatero son socialistas o si, simplemente, son el nuevo rostro del nacionalismo autóctono. No es una exageración. Para conseguir desbancar al PNV de su trono en Euskadi, el PSE ha tenido que sentarse públicamente en una mesa de conversaciones con Arnaldo Otegi, ha tenido que insultar a las víctimas (tal y como en su momento Pilar Ruiz, madre de Joseba Pagazaurtundua, militante socialista asesinado por los etarras en 2003, recordó a Patxi López), ha tenido que mostrar sus dudas sobre la conveniencia de ilegalizar a ANV y, sobre todo, ha tenido que abandonar cualquier intento firme de defensa de los principios fundamentales de la Constitución. La mayor parte de los vascos no tolera ni perdona que en Euskadi se pronuncie en demasía la palabra España y, por ello, los socialistas han pasado a hablar con soltura del Estado español, han mostrado una profundo desinterés ante el hecho de que en las instituciones autonómicas jamás se coloque la enseña nacional y, por supuesto, no han mostrado ninguna postura concreta ante los continuos ataques que la enseñanza del español recibe desde el Ejecutivo autónomo. Así es como se triunfa en Euskadi, y así es como el PNV de Iñigo Urkullu se ha visto superado por los socialistas, incluso en un feudo tan inexpugnable para los hijos de Sabino Arana como es Bilbao.
Ante este “sorpasso” socialista, los nacionalistas están comenzando a realizar sus primeros análisis internos, pero quienes piensen que el PNV va a moderar su discurso por la dramática pérdida de votos padecida (más de 100.000) se equivocan radicalmente. La radicalidad del partido de Iñigo Urkullu no es algo coyuntural sino que es algo intrínseco a esta formación, a pesar de que en determinados periodos históricos esta apuesta por la irracionalidad patriótica pueda ser más moderada por las exigencias del momento. En este sentido, las primeras reflexiones internas realizas en el PNV revelan que este partido sigue considerándose como indispensable “para la pacificación” y para resolver el “conflicto vasco” (ellos sabrán - y la Justicia también tendría que saber- qué relaciones mantienen con los terroristas para tener tanta influencia sobre las decisiones de éstos) y, consecuentemente, los nacionalistas han afirmado sin ningún tipo de complejos que venderán “muy caro” su apoyo a José Luis Rodríguez Zapatero, aún cuando éste necesite más el soporte de CiU que el del PNV.
Hay que tener en cuenta algo fundamental. En estos momentos, Iñigo Urkullu es el máximo responsable del PNV, pero el lehendakari Ibarretxe, el fanático iluminado que guía a su pueblo a través del Nilo español y el integrista visionario que ha hecho sus propios planes sobre cómo debe ser el porvenir de un país que considera como su propio coto privado, es quien va a marcar el rumbo de este partido hasta las próximas elecciones autonómicas, que tendrán lugar, si no hay ningún adelanto electoral por medio, exactamente dentro de un año. Y Juan José Ibarretxe va a intentar aglutinar a todas las fuerzas ultranacionalistas vascas alrededor de su proyecto de referéndum para el próximo 25 de octubre, va a intentar movilizar a los sectores soberanistas más cerriles alrededor de su apuesta por el “derecho a decidir” y, sobre todo, va a tratar de compensar con el electorado más independentista la pérdida de apoyo de parte de los nacionalistas más moderados o puntuales, esos que en estas elecciones han dado su voto a José Luis Rodríguez Zapatero. A fin de cuentas, ya dijo en su día el ínclito Xabier Arzalluz que éstos nacionalistas suaves son, simplemente, los “michelines del partido”.
No debemos equivocarnos. La pregunta no es si el PNV se moderará mucho o poco tras su dramático fracaso electoral. La cuestión fundamental radica en averiguar hasta dónde llegará este partido para captar el apoyo de tanto patriota vasco intransigente, fanatizado, exaltado, intolerante y extremista como hay en este país.
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A tenor de los resultados electorales en el País Vasco, el favor de ETA ha dado resultado, por lo que sólo hay que esperar a que empiece de nuevo el diálogo, con la autorización de las Cortes que con tanto empeño e hipocresía han mantenido los socialistas.
Respecto al PNV, muchos ex-votantes por fin se han dado cuenta que en vez de las nueces que pedían lo que han caido han sido cadáveres, por lo que el desprestigio de su ambigua e hipócrita política cuenta con menos partidarios.
¿Dentro de la política de desguace de España, zapatitos permitirá el referéndum?.
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Raúl González Zorrilla
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