La publicidad llama a la compra, mientras que la propaganda apela a compartir una forma de ver la vida. En este sentido, para el Presidente del Gobierno lo importante es que le compren sus ofertas angélicas y buenistas, ya que el hecho de que éstas sean creíbles o no resulta algo irrelevante, dada la vaguedad, imprecisión y molicie de las mismas. Si algo ha demostrado el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a lo largo de esta legislatura es que, fundamentalmente, se ha movido alrededor de lemas, eslóganes y frases hechas que, repetidos machaconamente, han terminado por conformar realidades políticas inestables, indecentes y abyectas como algunas de las que hemos padecido en los últimos años.
Según publica el diario “El Mundo”, la estrategia "publicitaria" del PSOE de cara a las elecciones del próximo 9 de marzo está rompiendo moldes por ser publicidad más que propaganda. “Nada de mensajes encorsetados, poses ante la cámara y frases hechas repetidas hasta la saciedad. Los socialistas se han arriesgado con spots irónicos, carteles en los que el líder mira de soslayo y nada menos que 13 lemas distintos. Sorprende incluso a los propios publicistas. Lo alaban con talante, aunque sin consenso.”
Ciertamente, no es de extrañar esta apuesta de José Luis Rodríguez Zapatero por la publicidad por encima de la propaganda, especialmente si tenemos en cuenta la definición precisa de ambos conceptos. El Diccionario de la Real Academia Española explica que la propaganda es, en una de sus acepciones, una “asociación cuyo fin es propagar doctrinas u opiniones” mientras que el concepto de publicidad es algo que está más relacionado con el márketing y las ventas, ya que se entiende ésta como “la divulgación de noticias o anuncios de carácter comercial para atraer a posibles compradores, espectadores, usuarios”.
La publicidad llama a la compra, mientras que la propaganda apela a compartir una forma de ver la vida. En este sentido, para el Presidente del Gobierno lo importante es que le compren sus ofertas angélicas y buenistas, ya que el hecho de que éstas sean creíbles o no resulta algo irrelevante, dada la vaguedad, imprecisión y molicie de las mismas. Si algo ha demostrado el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero a lo largo de esta legislatura es que, fundamentalmente, se ha movido alrededor de lemas, eslóganes y frases hechas que, repetidos machaconamente, han terminado por conformar realidades políticas inestables, indecentes y abyectas como algunas de las que hemos padecido en los últimos años. De vender la palabra “diálogo” como un simple objeto para seducir a las masas, José Luis Rodríguez Zapatero acabó negociando el futuro del país con la banda terrorista ETA; de tanto magrear conceptos como los de tolerancia, igualdad o cooperación, los socialistas terminaron por parir una nueva consigna publicitaria, “la alianza de civilizaciones”, que sitúa la democracia liberal en la misma categoría ideológica que el islamofascismo; y, en fin, por convertir la tolerancia máxima y la transigencia más derrotista y contemporizadora en un emblema promocional de cara al electorado, el partido de José Blanco y demás ha acabado por ser aliado incondicional de las formaciones sociopolíticas más totalitarias, ultranacionalistas, racistas e incendiarias que hay en el territorio español.
Ciertamente, resulta imposible que el PSOE lleve adelante ningún tipo de propaganda política de cara a las próximas elecciones. Para que una persona, un partido político o una organización pueda llevar adelante una campaña propagandística ha de tener ideas, pensamientos, opiniones y proyectos intelectuales que tratar de hacer llegar a los demás. Cuando, como en el caso de José Luis Rodríguez Zapatero, solamente se tiene para ofrecer a los españoles una serie de planteamientos vacuos, intercambiables, líquidos, inanes, anómicos e insustanciales, lo mejor es recurrir a la publicidad pura y dura: la que, en sus mejores momentos, es capaz de vender cualquier cosa a cualquier ciudadano. Aún cuando su compra le hipoteque para siempre.
Blog de Raúl González Zorrilla
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Domingo, 27 de mayo
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