El profesor alemán Víctor Kemplerer, al analizar la utilización del lenguaje en la Alemania nazi y prenazi, ya denunció, con una lucidez y una sencillez asombrosas, cómo todos los movimientos totalitarios comienzan su ascenso hacia el control absoluto del poder manipulando la lengua, alterando los significados de la mayoría de los significantes y, sobre todo, manoseando las palabras para que dejen de representar lo que realmente representan. El nacionalismo vasco en general, y el Gobierno de Juan José Ibarretxe en particular, como excelentes ejemplos de lo que son maquinarias políticas de corte totalitario, han llevado hasta el extremo este empleo malévolo y malversador de las expresiones más cotidianas.
Hay muchas más, pero una fecha señalada en esta práctica inicua es la del 14 de septiembre de 2000, cuando ETB, la televisión pública vasca de corte ultranacionalista (la misma que define a los etarras como presos políticos) describió el fallido atentado que acababa de cometer la banda terrorista ETA contra el jurista y político socialista José Ramón Recalde como “un incidente armado”. Desde entonces, y desde mucho antes, hasta hoy, han pasado muchas cosas, los criminales han seguido asesinando a decenas de ciudadanos y los políticos nacionalistas siguen adulterando el vocabulario para, cual aprendices del más sofisticado estalinismo, apuntalar día tras día esa Euskadi virtual, benefactora, tranquila y paradisíaca en la que ellos creen vivir.
El Gran Timonel de los vascos, el Lehendakadi Ibarretxe, en su discurso de Nochevieja, ofreció excelentes ejemplos de esto que decimos. Fíjense, por ejemplo, en esta perla: “Ni ETA ni nadie van a conseguir arrebatarnos la esperanza de salir definitivamente del túnel de la violencia y encontrar una solución pacífica y democrática al conflicto político vasco”. La expresión, a pesar de su afectación y de su presuntuosidad, tendría significado si, a continuación, el Lehendakari hubiera enumerado las iniciativas que va a poner en marcha para que los asesinos dejen de matar y, así, “dejen de arrebatarnos la esperanza de salir definitivamente del túnel de la violencia”. Pero no. Como es habitual, Ibarretxe no ofreció apoyo al sistema democrático, ni prometió poner todos los recursos policiales de que dispone el Ejecutivo autónomo en la lucha contra el terror ni, por supuesto, habló de colaborar con la Justicia para luchar contra los asesinos. Simplemente, no se lo pierdan, exigió a ETA su ¿desaparición?. Así, con un par.
Ya sé que ustedes conocen las limitaciones intelectuales y culturales del Lehendakari, y que saben de la nula categoría ética que alimenta su cuerpo político, pero no vayan a creer que esto es algo exclusivo de una personalidad alterada como la suya. Como hemos señalado antes, es algo inherente a su Gobierno en particular, y a los nacionalismos de corte totalitario como el vasco o el catalán, en particular. De hecho, la inenarrable Miren Azkarate, portavoz del Gobierno vasco, ha dicho hoy mismo que la banda terrorista ETA (lo de “banda terrorista” es cosa mía), “sobra, estorba y, además, mata”. La vocero del Lehendakari también ha añadido que, frente al “fracaso” de los terroristas, el Gobierno vasco mantiene "el compromiso firme" de "decirle un no rotundo, sin matices, a la violencia" y "un sí rotundo a defender el diálogo como medio de solución a los problemas”. Y ha añadido “que hay que dar a los vascos la oportunidad de que se pronuncien democráticamente" y que el Ejecutivo autónomo va a dar "un sí rotundo al derecho de decidir de la ciudadanía vasca”, "sin insultos, sin descalificaciones para nadie" y "exigiendo que las propuestas" del lehendakari, Juan José Ibarretxe, "se tomen con respeto".
Esto es rotundidad antiterrorista, y lo demás son tonterías. Casi, casi, hasta parecer que el Gobierno vasco va propinar un cachete a los asesinos.
Para echarse a temblar.
Blog de Raúl González Zorrilla
“La infamia vasca”, nuevo libro de Raúl González Zorrilla. "La Infamia vasca" recoge un conjunto de artículos, algunos de ellos publicados en este Blog del País Vasco, que analizan la realidad de Euskadi desde el punto de vista de quienes trabajan diariamente para resistir la violencia terrorista de ETA y la amenaza del totalitarismo nacionalista vasco.
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Domingo, 27 de mayo
Antonio Cabrera
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