Los vascos avalan la negociación política con los asesinos
28.05.07 @ 13:29:01. Archivado en Nacional
Gran parte de la sociedad vasca, impávida ante el asesinato de muchos de sus vecinos, embebida en su evidente riqueza material, absolutamente incapacitada para entender principios democráticos fundamentales tras varias décadas de sumisión a los aullidos del ¡ETA, mátalos! y, sobre todo, acostumbrada a vivir en las condiciones prepolíticas típicas del nacionalismo más radical, siempre ha demostrado tener mucha más habilidad para situarse más cerca de los terroristas que de las víctimas de éstos y para satisfacer antes las exigencias paranoides de los artífices del coche bomba que las demandas de libertad de los hombres y mujeres que en esta tierra ven todos los días cuestionados sus derechos más elementales.
El resultado de los últimos comicios municipales pone de manifiesto que el movimiento de los socialistas vascos hacia posiciones nacionalistas les ha proporcionado buenos réditos electorales en el País Vasco y Navarra pero también revela que el nuevo mapa político que puede configurarse a partir de ahora en Euskadi, y que muy probablemente se configurará, no va a ser nada favorable a las tesis de quienes creemos que las instituciones democráticas y los fundamentos del Estado de derecho no han de ser moneda de cambio en ninguna negociación política, especialmente cuando ésta se plantea con una organización terrorista como ETA.
Pero, ciertamente, los electores vascos, en Gipuzkoa y en Álava especialmente, pero también en Vizcaya, han dado luz verde a la acción política que los socialistas de Jesús Eguiguren, con el apoyo de José Luis Rodríguez Zapatero, están llevando a cabo desde hace unos meses y que, cínica, perversa e interesadamente, tiende a asociar el final de los crímenes con la posible resolución de un presunto “conflicto político” y que busca una salida digna para los asesinos situando la responsabilidad de los crímenes, no en los artífices del tiro en la nuca o en sus portavoces políticos, sino en toda la sociedad vasca que es la que debe “moverse para la paz”. Más que un programa político, social, económico o cultural determinado, lo que los electores vascos han valorado en los socialistas es la falta de escrúpulos de éstos para, por encima de principios éticos fundamentales o de remilgos morales, emprender una negociación política con ETA, hoy paralizada que no suspendida, en la que el peso de las instituciones del Estado se licua todo lo que haga falta para satisfacer a los asesinos.
Nadie debe sorprenderse de esto pues desde hace mucho tiempo sabemos que una gran parte de la sociedad vasca, impávida ante el asesinato de muchos de sus vecinos, embebida en su evidente riqueza material, absolutamente incapacitada para entender principios democráticos fundamentales tras varias décadas sumisión a los aullidos del ¡ETA, mátalos! y, sobre todo, acostumbrada a vivir en las condiciones prepolíticas típicas del nacionalismo más radical, siempre ha demostrado tener mucha más habilidad para situarse más cerca de los terroristas que de las víctimas de éstos y para satisfacer antes las exigencias paranoides de los artífices del coche bomba que las demandas de libertad de tantos hombre y mujeres como en esta tierra ven todos los días cuestionados sus derechos más elementales. Y los propios vascos, sin vergüenza, lo reconocen así. Una reciente encuesta del Gobierno autónomo señala que más del 70% de los vascos considera que “existe un problema político más allá de la violencia” y que la mayoría de los consultados opina que “el Pueblo Vasco tiene derecho a decidir libre y democráticamente su futuro”. De hecho, además, más del 50% de los encuestados se muestra a favor de que el Gobierno y los terroristas de ETA “negocien soluciones políticas” para el País Vasco.
Este paño social es el que ha dado tan buenos resultados a los socialistas vascos y a este tejido ciudadano es al que el PSE, en colaboración satisfecha con los nacionalistas, va a dar satisfacción con próximas actuaciones políticas que, aunque están en la mente de todos, tiempo tendremos de analizar. Mientras tanto, los socialistas vascos celebran su victoria aún sabiendo que su triunfo ha sido, en buena parte, responsable de que el resto de la familia socialista haya sido derrotada por el PP a nivel nacional.
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Han tenido, una vez más, la oportunidad de echar de las instituciones a los terroristas y a los que los apoyan y parece que optaron por conceder a los violentos una bula más de paciencia y tolerancia a ver si con eso les convencen y renuncian a sus proberviales violencia, extorsiones y crímenes.
Pero no. Volveran a conocer y sufrir las dentelladas de los violentos, volverán a enterrar a personas que no se dejaron amedrantar por la amenaza y volveran a sentir la inquietud de quienes no han obrado como merecedores del orden y de la paz. Un orden y una paz que hay que saber ganarse con la defensa de las leyes, con la actitud decidida y valiente ante quienes les quieren imponer, a la fuerza, sus quimeras.
No hay peor sordo y cobarde que el que no quiere oir ni defender sus derechos.
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Raúl González Zorrilla
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