Fuentes bien informadas sobre la marcha de los contactos y de las negociaciones entre el Gobierno y la banda terrorista ETA no dudan en asegurar que los criminales ya dan por descontado la ruptura del “alto el fuego permanente” que anunciaran el pasado mes de marzo.
Al parecer, los etarras habrían tomado esta decisión presionados por los individuos más duros de la organización que, según todos los indicios, habrían contado con el apoyo de los sectores más radicales de la ilegalizada Batasuna, muy disconformes con la marcha del “proceso” y, sobre todo, muy desconfiados ante lo que entienden como un “entreguismo” de Arnaldo Otegi y Rafa Díez al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero.
Las informaciones son, ciertamente, confusas, y en ellas se mezclan grandes dosis de voluntarismo, juegos estratégicos, medias verdades y globos sonda lanzados a los medios de comunicación para observar la reacción del contrario. Pero, entre todo el ruido que permanentemente rodea a la negociación política emprendida por el Ejecutivo con los criminales, hay una cosa cierta y fácilmente comprobable: ETA ya ha roto su tregua y, por ello, ha vuelto a reactivar brutalmente sus acciones de terrorismo callejero, la extorsión a los empresarios vasco-navarros, el robo de armamento, la vigilancia a posibles víctimas futuras, la sustracción de vehículos y la realización de ensayos con explosivos. Los criminales no han asesinado todavía porque su cinismo es aún mayor que su fanatismo y consideran que, en estos momentos, no sería estratégicamente conveniente poner un cadáver encima de las mesas de hablar. El endurecimiento de los discursos que los terroristas hacen llegar a la opinión pública a través de sus publicaciones semiclandestinas es otro ejemplo de que los terroristas, que en ningún momento han renunciado a la violencia ni han mostrado la más mínima voluntad de reconocer las barbaridades cometidas, siguen empeñados en su apuesta por el coche bomba y el tiro en la nuca.
Con ETA esperando el momento oportuno para asesinar a más demócratas, con las negociaciones con Batasuna paralizadas por las exigencias maximalistas que ésta plantea azuzada por los criminales, con los nacionalistas vascos absolutamente crecidos gracias al caldo de cultivo ideal que les han preparado los cretinos que aún siguen pensando que independentismo es sinónimo de progresismo y con una opinión pública que comienza a intuir que bajo el “buenismo” de esta Administración lo único que se esconde es ineptitud, prepotencia e incompetencia, el PSOE comienza ya a marcar las líneas de su defensa para cuando el entramado de papel que ha construido se hunda estrepitosamente. Que nadie lo dude: cuando regrese la infamia de los asesinatos terroristas aún habremos de escuchar a los socialistas, y por supuesto a los ultranacionalistas vascos y catalanes, decir que la culpa de los crímenes está en la intransigencia del Partido Popular, en el radicalismo de las víctimas, en la obcecación de algunos jueces, en la falta de madurez de la sociedad española o... en la exaltación de algunos blogueros.
De hecho, ya hemos visto que, vendiendo cualquier tipo de dignidad colectiva, sobreseyendo cualquier principio ético y esquilmando los últimos restos de decencia institucional que aún le quedaban, el PSOE ha dado un último paso para entregar el Estado democrático español a los criminales al afirmar por boca de Miguel Buen Lacambra, su secretario general en Guipúzcoa, que, incluso, “no haría falta que la izquierda abertzale condenase a ETA si renuncia a la violencia”.
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Domingo, 19 de febrero
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