El más importante monumento que se ha levantado a las víctimas del terrorismo en España, un magnífico monolito diseñado por el escultor Agustín Ibarrola e instalado en Vitoria en el año 2002, no ha merecido una presentación pública acorde a su relevancia ni ha sido inaugurado como se merece por el veto permanente que el PSOE ha dirigido a la obra, a pesar de que el levantamiento de la misma en la capital alavesa, impulsado por el Partido Popular y el alcalde Alfonso Alonso, no hubiera sido posible sin el apoyo de los socialistas.
El rechazo de los socialistas al montaje escultórico realizado por Agustín Ibarrola, que es uno de los principales artistas españoles entre los surgidos en la segunda mitad del pasado siglo, se debe a que la construcción incluye, a los pies de un gran pebetero, una extensa loma en la que se han colocado el nombre de todas las víctimas que, principalmente ETA, pero también otras organizaciones terroristas, han provocado a lo largo de las últimas décadas. Entre estos nombres se encuentra el del inspector de policía Melitón Manzanas González, asesinado por un comando etarra el día 2 de agosto de 1968, en el que fue uno de los primeros crímenes de la organización terrorista. Melitón Manzanas, jefe de la Brigada Político-Social de Guipúzcoa, siempre ha sido considerado desde sectores nacionalistas y de izquierda como uno de los principales responsables de la represión franquista en el País Vasco. A juicio del Partido Socialista, que en esta cuestión cuenta, por supuesto, con el apoyo absoluto de los nacionalistas vascos y de la siempre inefable Izquierda Unida vasca, este hecho anula a esta persona para ser incluida en el memorial levantado para recordar la memoria de las víctimas del terrorismo.
Con esta decisión de boicotear permanentemente el que sin duda es el más bello monumento a las víctimas del terrorismo construido en España, el PSOE en particular, y la izquierda en general, vuelven a demostrar su carencia de respeto a las víctimas del terrorismo y, sobre todo, han vuelto a poner de manifiesto no conocer en absoluto el gran valor referencial de éstas. Tal y como explicábamos en nuestro post de ayer, los socialistas siguen encontrándose incómodos con las víctimas del terrorismo porque no acaban de interiorizar que el valor referencial de una víctima del terrorismo no se encuentra en las mejores o peores cualidades personales o profesionales de éstas. Las víctimas del terrorismo, como ya hemos señalado en alguna ocasión, han de ser escuchadas, recordadas y homenajeadas porque en sus trágicas historias reúnen toda la infamia que se ha vertido en este país y, por ello, poseen un valor simbólico incomparable para desmontar barbaridades ideológicas que, aún hoy, tratan de legitimar las mayores aberraciones terroristas. En esencia, rendir respeto y consideración a las víctimas del terrorismo es la única manera que tenemos hoy los demócratas de contemplar nuestra realidad desde el punto de vista de quien la sufre y no de quien la provoca, desde la mirada del que muere y no del que mata y desde el prisma de quienes, en muchos casos, han dado lo mejor de sí mismos para defender la libertad de todos.
Los socialistas, negándose a reconocer a todas las víctimas del terrorismo y arrogándose el derecho a definir quiénes son y quienes no son víctimas del terrorismo, están arriesgándolo todo para olvidar nuestro pasado, pero, sobre todo, están apostándolo todo a mirar hacia el futuro bajo las condiciones impuestas por quienes durante varias décadas han estado sembrando la violencia y el terror y no bajo las demandas de quienes, de verdad, han sufrido el daño, el dolor y la crueldad.
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