El silencio, el desprecio y el desdén con que el Gobierno socialista y el PSOE tratan a las víctimas del terrorismo en general, y a las víctimas asociadas a la AVT en particular, es algo que va más allá del hecho de que esta organización haya organizado varias manifestaciones populares masivas en contra del “proceso” de diálogo puesto en marcha por el presidente José Luis Rodríguez Zapatero con la banda terrorista ETA. Desde el PSOE, y desde no pocos ámbitos de la progresía española más obtusa, se sigue considerando que las voces de las víctimas del terrorismo están manipuladas por la ultraderecha política y que su discurso solamente está movido por la incomprensión, el odio y el resentimiento. Esta perspectiva del PSOE con respecto a las víctimas, que excluye, por supuesto, a las víctimas propias, no es algo nuevo.
Ciertamente, los principales responsables de promover la culpabilización de las víctimas y de impulsar la más absoluta invisibilidad de éstas a lo largo de más de tres décadas de violencia terrorista han sido los nacionalistas vascos, quienes siempre han mostrado mucho más interés por mimar, proteger, entender y comprender a los verdugos del tiro en la nuca que a las mujeres, los hijos o los familiares más cercanos de, por ejemplo, tantos militares, policías nacionales o guardias civiles como los criminales han asesinado. Pero, como decíamos, además de este profundo ultraje nacionalista, las víctimas han tenido también que padecer el profundo abandono y el intenso desdén con el que desde siempre han sido tratadas por la izquierda más ortodoxa.
Para entender esta realidad, hay que tener en cuenta que, tanto en el País Vasco como en el resto de España, un falso sentimiento de fácil progresismo ha llevado a los militantes y seguidores socialistas a confraternizar formal y estéticamente con el sector más activo y "rebelde" de Batasuna. Resulta innegable que la izquierda se ha situado claramente contra la violencia terrorista, pero para buena parte de su masa social, especialmente la más ideologizada y cuyo ámbito de actuación se encuentra lejos de las instituciones, siempre ha contemplado como algo mucho más interesante, más “avanzado” y más “revolucionario” pasear, discutir amistosamente, organizar actos y participar en todo tipo de foros con quienes amparan a los criminales que situarse junto a quienes, además de padecer directamente la agresión etarra, concentran todos los ultrajes infligidos desde el nacionalterrorismo de ETA-Batasuna.
El PSOE, cuando no ha podido obviar a las organizaciones de víctimas, ha tendido a fagocitarlas, de la misma manera que en su momento deglutió la mayor parte del movimiento social que se puso en marcha en el País Vasco tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco. De hecho, la aparición de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, hoy presidida por la militante socialista Maite Pagazaurtundua, fue en su momento una iniciativa política pergeñada, en este caso tanto por el PSOE como por el PP, para controlar institucionalmente a todas las organizaciones relacionadas con las víctimas del terrorismo, cuya independencia y su franqueza comenzaba a asustar a los partidos políticos tradicionales. Aquella estrategia, en la que, casualmente, tuvo mucho que ver Alfredo Pérez Rubalcaba, hoy ministro de Interior, rebajó en gran medida la fuerza del Foro de Ermua (que hoy se mantiene vivo gracias al esfuerzo y al tesón de personas como Mikel Buesa o Iñaki Ezquerra, entre otros), eliminó radicalmente la presencia del Movimiento contra la Intolerancia en Euskadi, consiguió domesticar a Basta YA! y logró que el Colectivo de Víctimas del Terrorismo en el País Vasco (COVITE) quedara definitivamente desactivado. Del mismo modo, y con artes auténticamente mafiosas que incluyeron el ofrecimiento de informes amañados a diversos medios de comunicación, también se logró terminar, momentáneamente, con la siempre crítica AVT, en aquel momento, año 2000, dirigida por José Antonio Corredor, quien en gran parte es responsable de la fuerza, la eficacia y la influencia que esta asociación tiene hoy en todo el país.
Este proceso de apoderamiento y control de todos los movimientos sociales relacionadas con las víctimas del terrorismo llegó a su máxima expresión con el nombramiento de Gregorio Peces-Barba como Alto Comisionado para las Víctimas del Terrorismo, un cargo que el propio presidente se sacó de la manga con el objetivo principal de mantener controlado y fiscalizado a este grupo de personas, tan estratégico desde un punto de vista político y social en el momento de echar a andar el “proceso” de diálogo con los terroristas. La reciente y radical eliminación de este alto cargo refleja claramente las intenciones que el Gobierno tenía con respecto al mismo.
De cualquier forma, y tras esta larga digestión de las organizaciones de víctimas del terrorismo en un proceso que podría haber sido extraído de cualquier manual redactado por Lenin, la única asociación que, al final, ha resistido en su independencia de criterios, en la firmeza de sus mensajes, en la claridad de sus reivindicaciones y en la rotundidad de su estrategia es la AVT que, ciertamente, no encarna, como tanto se esfuerza en hacer notar el Gobierno, a todas las víctimas del terrorismo, pero que sí representa a la mayor parte de ellas y, lo que es más importante, también representa a buena parte de la sociedad española que se siente cómplice y partícipe de sus demandas, de sus reivindicaciones y de su necesidad de justicia. Todos los demócratas deberíamos estar con ellos.
Blog de Raúl González Zorrilla
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por favor, no hagamos demagogia.La AVT ha actuado siempre a su aire y se ha desmarcado del resto de asociaciones (la vasca, la a gallega, la andaluza, la catalana,etc.), ha hecho acto de presencia en varias manifestaciones politicas, con insultos a varios partidos y a politicos, cosa que no han hecho las demas asociaciones. Se sabe que la AVT recibia una subvención casi el doble que las otras, es esto justo?. Será por esto que siempre estaban juntos con el partido politico que les tenia este privilegio?
Sábado, 18 de febrero
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