Bioética

Scheler y los valores

12.10.07 | 12:43. Archivado en Sobre el blog
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Leyendo la entrevista de José Luis Rodriguez Zapatero el otro día en El País, me llamó poderosamente la atención ver cómo desde distintos frentes se cambia el sentido de las palabras.

Una de estas palabras es la de “valor”. Los valores los puso de moda el filósofo Max Scheler. Este fenomenólogo, con toda la buena intención del mundo, expuso su teoría sobre la ética de los valores. Ésta representa un revulsivo para Kant, quien sostenía que lo que nos lleva a obrar es sólo el deber.

Esta nueva noción de “valor”, surgida del análisis fenomenológico de la experiencia moral de la persona, permitía observar con claridad que el hombre encontraba frente a sí valores, y que éstos eran los que motivaban la acción.

Tenemos que hacer más esfuerzos en materia de vivienda, y garantizar una convivencia para un país que logre comportarse en el mundo con los valores que tiene la mayoría. Esta afirmación de la entrevista responde justamente a lo que decía Nietzsche. Los valores por tanto no son ya objetivos, sino que se pueden crear otros nuevos. Pero Scheler contesta a esta propuesta diciendo que los valores son siempre los mismos, no cambian; lo que cambia es nuestra percepción de ellos. Cada época, cada cultura, descubre distintos valores e ignora otros.

Ahora cabe hacerse esta pregunta: ¿dónde se fundamentan los valores para que no puedan cambiar? Si es sólo una apreciación humana sobre los actos humanos, es decir, un bien moral, ¿por qué no pueden cambiar?

Precisamente lo que le falta a Scheler es fundamentar los valores en el ser de las cosas, en un bien ontológico. Así, los valores pasan a ser virtudes que están en la realidad de las cosas.

Entonces le pregunto al presidente del gobierno cómo va a defender sólo los valores de la mayoría . Los valores son universales, objetivos, como decía Scheler. Los valores poseen un fundamento objetivo, material y a priori de la ética: los valores no pueden ser confundidos ni con cosas ni con bienes, entendidos éstos como propiedades de las cosas.

Y ¿cuáles son estos valores?. Scheler los resumía en los siguientes:

Los valores religiosos (sagrado/profano),
los espirituales (bello/feo, justo/injusto, verdadero/erróneo),
los valores de la afectividad vital (bienestar/malestar, noble/innoble),
los valores de la afectividad sensible (agradable/desagradable, útil/dañino).

Pero siempre respetando el orden de importancia. Por tanto el valor de la vida es un valor verdadero y sagrado, y no puede estar supeditado a otros valores menos importantes como el bienestar de la madre, el gusto o lo innoble de la violación.

Tampoco el valor del matrimonio está sujeto al cambio de la historia. El matrimonio, institución natural, es un valor sagrado, debido a su influencia en la perseverancia de la especie humana. En consecuencia, el matrimonio natural aunque se vea desplazado en nuestra sociedad por otro tipo de formas de unión, sigue siendo en valor objetivo y superior a los otros. Lo que pasa es que no queremos reconocerlo y existe la libertad humana.

Nuestros políticos deben darse cuenta de que los valores no son valores porque lo diga la mayoría del mundo: son valores en si mismos, porque lo son. Los valores no son “valiosos” porque los deseemos o estimemos como tales, sino todo lo contrario: los estimamos y deseamos su realización y cumplimiento en las cosas porque son de suyo valiosos.

Nicolás Ruiz Humanes


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