Soria se ha destacado como adalid de la línea dura de la investigación biomédica, como pionero de la investigación en España con células madre embrionarias, sobre todo desde que se confinó en su semiexilio andaluz; y ha sido uno de los promotores intelectuales de la nueva Ley de Investigación Biomédica. Es de esperar que en su mochila de ideas para la próxima legislatura destaquen el impulso al uso de embriones como material de laboratorio, el aumento de las posibilidades de emplear material biológico nonato para la investigación y la redefinición del concepto "muerte" para favorecer la aparición de una ley de la eutanasia en España.
No le dará tiempo en lo que queda de primera legislatura Zapatero; pero si el PSOE gana las próximas elecciones, a buen seguro el nuevo ministro de Sanidad pretenderá convertir España en uno de los países con una legislación más laxa ("avanzada" o "progresista", según algunos) en el terreno de la bioética.
La decisión del presidente del Gobierno no puede interpretarse sino como una evidente toma de partido en la polémica científica sobre la ética biomédica. Un golpe de mano con el que se cercena cualquier posibilidad de diálogo y se dota de todo el poder de decisión a una sola de las partes. La comunidad científica, dividida, cuenta ahora con un mensaje claro. Lo ha dicho el propio Soria, al afirmar que es un hombre de diálogo pero con unas "profundas convicciones". El mensaje parece ser éste: "Pretendemos dialogar... siempre que el diálogo nos dé la razón".
En ese posible diálogo que no se va a producir, seguramente dejarán de tener cabida las instituciones religiosas (sobre las que Soria se ha pronunciado en numerosas ocasiones, y no precisamente para invitarlas a opinar), y muy probablemente perderán fuerza las voces científicas que hoy claman por la mesura en terrenos tan espinosos como el de las células madre y el de la eutanasia. Porque lo que el Gobierno envuelve con la apariencia de una simple toma de posición política (es progresista matar embriones para investigar y es reaccionario tratar de impedirlo), realmente no lo es. En el seno de la comunidad científica, los colores importan menos que los hechos. El discurso político polarizador no pretende otra cosa que ocultar la falta de consenso real entre los investigadores sobre la idoneidad de técnicas como la clonación o sobre el empleo de células madre embrionarias.
Al esconder bajo un velo ideológico el debate, el Gobierno elude bajar al terreno donde menos argumentos le quedan: el científico. En ese terreno debería responder a los muchos expertos que alertan sobre la inexistencia de una sola experiencia clínica humana de empleo eficaz de células pluripotenciales de origen embrionario, al contrario de lo que ocurre con las células de origen adulto. O los que auguran graves problemas de histocompatibilidad en el caso de que estas técnicas lleguen a llevarse a efecto (problemas que sólo se solventarían con la creación de grandes bancos de embriones al servicio de la ciencia, con las consiguientes consecuencias éticas y morales). O los que reconocen que el uso de células embrionarias presenta un mayor riesgo de complicaciones, como la proliferación de procesos tumorales, que el empleo de células adultas.
No son pocos los que temen que las decisiones que se tomen desde el despacho de Soria irán encaminadas a favorecer la línea menos moderada de la ciencia biológica, con un doble efecto demoledor: por un lado, la certificación de que España se encamina hacia una ética científica laxa en la que casi todo vale en pos del progreso; por otro, la muerte por asfixia de las líneas de investigación con células madre adultas, que, éstas sí, han demostrado su eficacia en seres humanos y no presentan ningún dilema moral, pues cuentan con el reconocimiento tanto de los científicos de izquierda como de las instituciones religiosas.
Para Bernat Soria, defender esta segunda posibilidad no es una prioridad. Es más, en ocasiones se ha mostrado beligerante contra ella. Porque para él el embrión no es un ser humano, no contiene vida digna de ser salvaguardada, es un tejido que se puede acumular, explotar y tirar a la papelera. Bajo esa premisa, si el Partido Socialista sigue al mando de la Sanidad, se fraguarán las grandes leyes biomédicas de la España de la próxima década.
Jorge Alcalde, Libertad Digital
http://findesemana.libertaddigital.com/articulo.php/1276233621
No me estraña nada que investiguen con celulas embrionarias después de ver, oir, etc... lo de la pildora abortiva, las maquinitas éstas de los condones que ponen en los institutos...
Claro, así es más fácil educar y controlar a tus hijos.
ME DAIS HASCO CON VUESTROS COMENTARIOS, EL SER HUMANO NO ES UNA RATA DE LABORATORIO, NO PODEMOS SER INMORTALES, Y SI CASI LO CONSIGUIERAMOS SERIA UN DESASTRE PARA EL MUNDO, AGOTARIAMOS TODOS LOS RECURSOS, LA MUERTE ES UN CAMINO MAS DENTRO DEL PARQUE DE LA VIDA, Y ADEMAS DETRAS DE TODO ESTO SOLO HAY """"PASTA"""", JODER SOLO ESO, Y UN SENTIMIENTO DE FRUSTRACION DE ALGUNOS QUE SE DICEN CIENTIFICOS Y QUE EN REALIDAD LE GUSTARIA SER DIOS.
A LA MIERDA MAJADEROS
ESTUDIO CON CELULAS MADRE NO,NO,NO.
Por cierto, que aquí parece que matan embriones por diversión.
No hay otros temas de bioética, o que?
Volviendo al tema, y ya me empiezo a repetir:
Degradar una linea de investigación porque nunca ha dado resultados es una aberración completa hacia el método científico.
Por estos mismos razonamientos, deberiamos abandonar la investigación de la fusión fría. Total, nunca ha dado resultados reproducibles.
Dale chicha al blog:
Eutanasia activa
Está la inmortalidad a la vuelta de la esquina?
La manipulación genética de vegetales
No sé, algo más. Esto empieza a ser un poco panfletario.
Me Aburroooooooo!
Adios
El estudio, tanto de las células madre adultas como de las embrionarias, será fundamental en el desarrollo de la biomedicina de cualquier país avanzado y los resultados experimentales dirán la última palabra sobre su posible utilización clínica. Los políticos y las mayorías parlamentarias se encargan de la leyes y las parejas que acuden a las clínicas de fecundación in vitro las que, en su caso, tienen la capacidad de decisión. En la revista Nature vol. 317 pag. 46 se concluye que el 50% de las parejas en esta situación en EEUU, se muestra a favor de donar los embriones criocongelados sobrantes para investigación.
Impresionante. ¡Si Bernat Soria tiene la misma fama que un cero a la izquierda entre los profesionales!
Es increíble la doblez de este artículo. El autor, ideológicamente sesgado como es fácil de ver, se pone la venda preventiva ante una posible pedrada y da marchamo de credibilidad o otros agoreros que vaticinan lo peor, pero que no tienen evidencia científica de ello. ¿Donde están las evidencia de los "expertos que alertan", o de los "augures" que se referencian en el artículo? ¿Es que la iglesia ha de sentar doctrina también en la ciencia?
Lo peor de Bernat Soria no es el supuesto fundamentalista del que se le acusa en este artículo. Lo peor son los resultdos que ha obtenido en su investigaciones: nada.
En fín, otro artículo escrito por un señor (Don Jorge Alcalde), por lo visto periodista, que no tiene ni idea de lo que es la ciencia, y a quien además se le ve el plumero.
Viernes, 27 de noviembre
Juan Luis Recio
Pedro Antonio Martín
Jorge Gómez Alcalá
José António
Ricardo J. Nieto
Nicolás Ruiz Humanes
Juan Antonio Reig
Salud
Silvia Cañella
Enrique Romero Aguilar