Bioética

¿Qué es un embrión? Por la Dr. Monica López Barahona

29.06.07 | 20:33. Archivado en Ciencia
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Para poder profundizar en el estatuto genético del embrión humano, es necesario definir previamente sus características particulares, que hacen de él, desde su primera célula, denominada cigoto, una vida humana única e irrepetible.

El cigoto es una célula que posee una dotación cromosómica diploide (2n), dotación que proviene de la fusión de dos células haploides (n) denominadas células gaméticas y concretamente óvulo (gameto femenino) y espermatozoide (gameto masculino). De este modo, si no se produce una patología (por ejemplo trisomía) que altere el número de cromosomas, el cigoto posee su dotación génica repartida en 23 pares de cromosomas.

En esos genes, está toda la información necesaria para que el cigoto se divida y vaya generando los tejidos, los órganos y las estructuras del cuerpo humano. El cigoto, en cuanto es célula, es unidad de vida. Por poseer un DNA específicamente humano (reconocido por sus secuencias Alu), es vida humana. Ahora bien, podría argumentarse que cualquier otra célula del cuerpo humano también es una unidad de vida, por ser una célula y de vida humana, pues su DNA también posee secuencias Alu y también es DNA específicamente humano, de acuerdo al mismo razonamiento.

Efectivamente, las dos afirmaciones anteriores son ciertas.

Un cigoto es una célula humana, y una célula epitelial también lo es. Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre ambas; el cigoto en condiciones físico-químicas óptimas (ambientales y nutritivas), en sus sucesivas divisiones irá generando todas y cada una de las estructuras del organismo humano, frente a la célula epitelial, que en condiciones igualmente óptimas, al dividirse, sólo generará células epiteliales.
Lo mismo ocurre con células musculares, hepáticas, fibroblásticas, etc.

Bien es verdad, que en un organismo existen células pluripotentes, como son los precursores hematopoyéticos o los precursores neuronales; células que en condiciones óptimas no se dividen generando células idénticas a la célula madre, sino células de la línea hematopoyéticos o células de glía o neuronales según el caso.

Es importante mencionar aquí que cada una de las células mencionadas (cigoto, células epiteliales, células madre hematopoyéticas, etc.) poseen el mismo DNA, el mismo número de genes, el mismo genoma. Sin embargo, el ambiente en el que este genoma se ubica hace que exprese sólo ciertos genes necesarios para producir células idénticas a la madre. De este modo puede producirse una determinada estirpe celular,a partir de una célula epitelial o de una célula madre hematopoyética, según el caso; o puede producirse todo el organismo humano a partir del cigoto.

De lo anteriormente expuesto, podemos concluir que el estatuto genético del embrión humano no viene dado sólo por su genoma -puesto que su secuencia de genes es idéntica en todas las células que integra el cuerpo humano excepto las germinales-, sino por el ambiente en el que éste se encuentra.

El óvulo fecundado es una vida humana, pues en él se encuentra contenido todo el genoma, en un ambiente óptimo para desarrollar todas las estructuras del organismo.

Una vez sentadas estas bases, podemos pasar a tratar la influencia que puede tener en el estatuto genético del embrión humano, uno de los descubrimientos científicos más llamativos de nuestro siglo. Se trata de la tecnología que se ha denominado clonación.

Clonar significa crear estructuras genéticamente idénticas, por lo tanto, el término clonación viene aplicándose en el campo de la Biología Molecular desde hace muchos años. Hace tan sólo dos años, en febrero de 1997, la palabra clonación adquiría una importancia mundial. El Dr. Ian Wilmut publicaba en Nature la obtención del primer mamífero superior clónico a partir de una célula somática. La oveja Dolly había visto la luz en el Instituto Roslin de Edimburgo.

Desde el punto de vista de la ciencia básica, el mero hecho de clonar mamíferos superiores no hubiera supuesto nada nuevo, pues la posibilidad de clonar a partir de células embrionarias era en el año 1997, algo ya logrado por la ciencia. La revolución conceptual en el ámbito de ciencia básica fue el hecho de que el material genético que se empleó para obtener un mamífero superior no provenía de una célula embrionaria, sino de una célula somática.

Dolly fue el resultado de la integración del genoma de una célula de glándula mamaria en un óvulo anucleado.

Para obtener el DNA precursor de Dolly, se tomaron células de la gándula mamaria de una oveja preñada hasta conseguir extraer el DNA completo de una de ellas. Por otra parte, se emplearon cuarenta ovejas de las que se extrajeron 277 óvulos a los que se anucleó (extracción total del DNA genómico). Uno de estos óvulos anucleados recibió con éxito el DNA de la glándula mamaria. El óvulo así “fecundado” se implantó en el útero de una tercera oveja cuya misión sería la de madre de alquiler. Transcurridos los meses de gestación nació Dolly, una oveja genéticamente idéntica a la primera cuya glándula mamaria sirvió de fuente genética. Lo más sorprendente de este hecho es que el DNA de una célula somática y diferenciada en el que muchos genes están silenciados, puesto en el lugar adecuado (el óvulo), es capaz de recuperar toda su “actividad genética” y generar un organismo completo.

La célula de la que proviene el DNA del que se obtuvo Dolly, en condiciones óptimas de cultivo hubiera generado sólo células de glándula mamaria y el DNA genómico de glándula mamaria no expresa ni tiene activos todos sus genes, sino tan sólo los necesarios para llevar a cabo su función específica y para sobrevivir. Sin embargo, ese mismo DNA, en el seno del óvulo, recupera la actividad de sus genes silenciados por mecanismos que desconocemos y genera un individuo.

Con la clonación de Dolly se abrió un debate ético importante en el que muchas voces se alzaron unánimemente en contra de la clonación humana. Entre estas voces se encontraban las de los investigadores que habían obtenido a Dolly.

La clonación humana pertenecía entonces al campo de la ciencia-ficción y no tanto al campo estrictamente científico.

En noviembre de 1998 la revista Science publicaba un trabajo que era el fruto de la colaboración de dos laboratorios, el del Dr. Thomson en la Universidad de Wisconsin (U.S.A.), y el Dr. Itzkovitz, en el Centro Médico Nacional de Haifa (Israel). En este artículo se plantea la posibilidad de una clonación con fines terapéuticos.

Tras la aparición de Dolly, parecen haberse establecido dos objetivos para una posible clonación humana: uno reproductivo y el otro terapéutico;

la clonación con fines reproductivos sigue siendo enérgicamente rechazada por un elevado porcentaje de la comunidad científica internacional. Elucubrando en un plano meramente teórico, hay poderosas razones para rechazar esta opción. Entre otras, cabría destacar que si la clonación humana llegara a producirse, habría consecuencias a nivel de mutaciones y reorganizaciones cromosómicas impredecibles que podrían surgir como consecuencia de la manipulación a la que hay que someter el DNA y los óvulos para obtener un ser clónico. Por otra parte, la diversidad genética de la especie humana se vería claramente afectada con el riesgo patológico que esto supone. Sería importante añadir entre los argumentos en contra de esta hipótesis, el hecho de que el varón no sería ya necesario para perpetuar la especie. Los anteriores son tan sólo tres argumentos científicos obvios, si bien el debate ético sobre la posibilidad de clonar hombres está abierto y la negativa a esta posibilidad es la postura más racional y más abundante en la sociedad, la legislación y la comunidad científica.

En cuanto a la clonación con fines terapéuticos es necesario, en primer lugar, describir en qué consiste técnica y biológicamente esta posibilidad.

Considero que en artículo de Science al que hacía referencia anteriormente, esta posibilidad de clonación terapeútica queda muy bien definida. Vamos a tratar de explicar aquí en qué consiste de un modo algo más divulgativo.

Tomando como “material” de partida los embriones fecundados para técnicas de fecundación in vitro, previo consentimiento informado de las parejas donantes, los investigadores de la Universidad de Wisconsin y del Centro Médico de Haifa han procedido del siguiente modo:

El óvulo fecundado in vitro con el espermatozoide, se ha cultivado en el laboratorio hasta el estadio de trofoblasto. En este punto del desarrollo embrionario, las células del embrión poseen todavía su capacidad totipotente. Es justamente en este punto donde los investigadores han intervenido en el desarrollo embrionario in vitro tomando algunas de las células del embrión y cultivándolas en una placa Petri con la consiguiente muerte del embrión.

El logro científico lo ha supuesto el mantener células totipotentes en cultivo. El objetivo del experimento fue intentar dirigir, mediante la adición de factores exógenos, la diferenciación de las células totipotentes en cultivo hacia la producción de tejidos; tejidos que de haberse obtenido, podrían emplearse eventualmente para transplantes. Sin embargo, los investigadores no han logrado aún esta diferenciación dirigida.

Es de vital trascendencia hacer notar que para obtener estas células totipotentes in vitro para su posterior mantenimiento en cultivo y eventual diferenciación dirigida, el embrión del que proceden las células muere. Aún en el caso en el que se hubiera logrado obtener tejido diferenciado por este procedimiento e incluso se hubiera trasplantado con éxito a un paciente, el precio de salvar la vida del receptor del tejido habría sido el sacrificio de otra vida igualmente digna y con los mismos derechos, pues es también vida humana, se trata de la vida del embrión.

Sólo una filosofía utilitarista en la que el fin justifica los medios puede favorecer este tipo de acciones.

Conviene hacer notar en este punto, que el experimento publicado en Science se realizó sin transgredir ninguna ley, pues en EE.UU. es legal emplear embriones para investigación siempre y cuando ésta se haga con fondos privados.

No tardaron en hacerse escuchar las voces de los laboratorios de EE.UU. que están financiados en gran medida con fondos públicos, para pedir el poder realizar este tipo de experimentos. El Senado ha resuelto financiar con fondos públicos la experimentación con células totipotentes embrionarias pues no son ya embrión –de hecho el embrión ha muerto al obtener de él estas células-, siempre y cuando las células se obtengan con fondos privados.

Si en algún momento pudieran generarse tejidos del modo descrito anteriormente, éstos seguirían presentando problemas de rechazo que habría que intentar solventar con técnicas de ingeniería genética. Sin embargo, esta dificultad podría obviarse si se recurre a la tecnología desarrollada por el Instituto Roslin en la producción de la oveja Dolly y se aplica a humanos.

De este modo, teóricamente, cualquier persona podría tener un banco de tejidos absolutamente compatible, pues sería genéticamente idéntico al donante.

Bastaría con tomar el DNA de una célula somática e introducirlo en un óvulo anucleado, continuar la fecundación in vitro de este embrión hasta el estado de trofoblasto, tomar parte de las células totipotentes con la consecuente muerte del embrión, y dirigir su diferenciación hacia el tejido requerido.

De hecho, los laboratorios implicados están ya arbitrando las medidas para poder establecer una colaboración en este sentido.

Paradójicamente si bien el concepto de un “hombre repuesto” repugnaba hace tan sólo dos años y se rechazaba unánimemente por la sociedad, legislación y comunidad científica, la idea de generar “embriones repuesto” parece estar teniendo una acogida favorable.

¿Se trata el respeto a la vida de un problema de cantidad o de tamaño? ¿Puede justificarse este tipo de acción -como alguien ha argumentado- diciendo que el embrión no lo siente? Estoy convencida de que con anestesia el “hombre repuesto” tampoco lo sentiría...

Es doloroso ver cómo se transgreden los derechos humanos cuando el hombre está en sus primeras etapas del desarrollo: En su desarrollo embrionario. La muerte de un ser humano cuando es embrión no parece escandalizar en la dimensión que la pérdida de una vida tiene.

A la vez que Science publicaba el experimento descrito, otro laboratorio de EE.UU. cuya cabeza es el Dr. Gearhart anunciaba cómo estaba solventando un objetivo idéntico: obtener tejidos in vitro. Los precursores en este caso están siendo células precursoras de línea germinal. El experimento se está llevando a cabo con fetos abortados de edades comprendidas entre cinco y nueve semanas. De estos fetos se están extrayendo las células precursoras de línea germinal y manteniéndolas en cultivo para posteriormente dirigir su diferenciación.

No debemos olvidar, sin embargo, que la ciencia no debe frenarse de modo radical y que la ciencia es fuente de progreso. Sirvan de ejemplo los experimentos realizados en una colaboración italo-canadiense dirigidos al mismo fin que los ensayos descritos anteriormente: la clonación terapéutica.

En febrero de 1999 la revista Science abría una puerta a la esperanza. Con esta publicación, asistimos nuevamente a una revolución en el campo de la Biología Celular. El experimento se ha llevado a cabo en ratones adultos. Los investigadores han tomado células pluripotentes del SNC en el cerebro de una estirpe de ratón. Estas células, poseen la capacidad de generar células del tejido nervioso. Pues bien, los neuroblastos se han inyectado en la médula ósea de otra estirpe de ratón, y sorprendentemente, los neuroblastos implantados en la médula han generado células de la línea hematopoyética.

De nuevo asistimos a un proceso en el que el ambiente en el que se encuentra una célula es decisivo para su posterior evolución. Nadie hubiera creído que un neuroblasto, en determinadas condiciones, pudiera producir células de la línea hematopoyética.

Ciertamente, estos resultados abren una posibilidad hacia una diferenciación dirigida de células pluripotentes no embrionarias. El problema ético quedaría así resuelto, pues no sería necesario sacrificar ninguna vida para obtener tejidos in vitro.

La razón y la capacidad tecnológica y científica deben estar al servicio del hombre y deben buscar soluciones experimentales que en ningún caso atenten contra los derechos humanos fundamentales, como es el derecho a la vida.

Dr.Mónica López Barahona, Decana de la Facultad de Ciencias de la Universidad Francisco de Vitoria y vocal del Comité Asesor de Ética.


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