¿Puedo firmar yo, Loquillo?
30.08.08 @ 14:35:36. Archivado en el barco del arroz
Advierto que mi única contribución al mundo de la música se limita a irrumpir en medio de una noche "karaokera" -siempre en función del número de gin-tonics que circulen en ese momento por mi aparato digestivo-, y al carnaval, con alguna letra y mi pertenencia al mejor coro de Ceuta. Vale que es el único, pero recomiendo la experiencia de ensayar para no presentarse al concurso. Es absolutamente gratificante.
Por tanto, de músico profesional tengo lo que Juan Vivas de pivot de los Celtics. (No se por qué, pero es hablar del carnaval de Ceuta y acordarme del tamaño del presidente). Pero si soy ciudadano del mundo.
A "defender la alegría" se dedicaron durante la pasada campaña electoral algunos músicos a los que, en su faceta profesional, considero insustituibles. Se quiera o no, Sabina, Serrat, Victor Manuel, Ana Belén o Miguel Bosé han aportado, y mucho, a la música de este país. Alguno, como el cantautor catalán, nos regaló en Mediterráneo la mejor letra jamás escrita en castellano.
Pero esa consumada defensa en favor de las libertades y de la alegría no se ha dado en el caso de Gorki Aguila. De este último, sólo se que está encarcelado y ahora tiene que pagar una multa en su país de origen, Cuba. ¿El delito?. Componer una canción contra Fidel Castro.
Lógicamente, esperé una reacción en masa de músicos, actores -algunos de los cuales saltaron al estrellato mundial interpretando a disidentes cubanos-, intelectuales y políticos de todo tipo, en especial progresistas y libertarios.
Y me desayuno esta mañana con que sólo Loquillo, Bosé, Alejandro Sanz y Sabino Méndez firman una carta a Pablo Milanés pidiéndole que actúe contra la nueva canallada del coma andante. Loquillo, al que no conozco personalmente, pero al que si le he leido un par de entrevistas, me parece por cierto uno de los tipos más coherentes de la música española. A un par de compañeros míos les confesaba, hace un par de años, sentir poco cariño hacia el Gobierno de Estados Unidos, pero no hacia un país del que ha adoptado algunos símbolos de identidad, como el rock o el baloncesto, en su trayectoria vital.
Soy karaokero ocasional, pero no me importaría firmar esa carta. Porque me parece una canallada que se siga encarcelando a alguien en algún lugar del mundo por componer una canción. Porque me sigue pareciendo triste que haya quien vea en Fidel Castro no al dictador que es, sino al lider revolucionario que ejerció de justo repartidor de los bienes del pueblo. Porque me toca las narices que se pida la disolución de la Conferencia Episcopal -con lo fácil que es no ir a misa y respetar a quien si vaya- o algunas ensalcen hasta aburrir su condición de feministas mientras se siga aplaudiendo al sátrapa de La Habana y nadie de la farándula haya movido ni un dedo para homenajear a Don Juan Neira, al que tenemos en coma por defender a una mujer maltratada.
Las manos de Victor Jara se vuelven a romper, pero esta vez en La Habana. Pero claro: dictadores sólo son los de derechas, aunque sean dirigentes elegidos democráticamente como, a pesar de todo, lo fueron Bush y Aznar. Copito de Pimentón y el Coma Andante oprimen a sus pueblos, vetan o encarcelan a quienes los critican, gobiernan bajo un sistema que roza el feudalismo y donde la libertad individual y propiedad privada son meras utopías. Pero en España, que tanto debe a Latinoamérica, los hay que levantan el puño y gritan libertad desde un chalet con piscina. Eso si: los malos son los yanquis, pese a que luego perdamos el culo por recoger un Oscar.
Comentarios:
Como admirador a ultranza de Loquillo y su gran amigo Méndez -amigos de los de verdad, de los que se pelean por varios años y luego se unen para luchar contra el mundo- yo también pido firmar la susodicha carta. No tengo tanta estima por Bosé ni por Sanz, pero no deja de ser un buen detalle de su parte.
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Juan José Coronado
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