Alonso en la chicane
19.08.08 @ 10:23:19. Archivado en el barco del arroz
Recuerdo que hace diez años ver la Fórmula 1 en España era una auténtica frikada. Es más; sólo conozco un par de personas que se pegaran el madrugón a mediados de los noventa, en la época de los grandes campeones, para ver a los Schumacher, Villeneuve, Prost y compañía negociando curvas en Australia.
Fue llegar Fernando Alonso, y en España proliferaron como setas los entendidos en Fórmula 1, que por supuesto ahora nos entusiasma a todos desde nuestra más tierna infancia. Antes, bajabas a desayunar y escuchabas comentarios como que "el gol del Valencia es fuera de juego claro", "si el Atlético gana en El Sadar no está descartado" o "la madre que parió al Rayo Vallecano, que siempre me jode la quiniela". A esos mismos tipos, futboleros y, por supuesto, más entendidos que todo el Colegio de Entrenadores de la Real Federación Española, no había nadie que les tosiera hablando de balompie. Y si les hubieran ofrecido el cargo de seleccionador antes que a Luis Aragonés, tendríamos ahora algo asi como tres mundiales y cuatro eurocopas ganadas.
Hoy sigo bajando a desayunar a la misma hora de siempre. Y me hace gracia escuchar, mientras doy buena cuenta de mi tostadita con tomate, que "el nuevo R-28 de Alonso tiene problemas para entrar en la chicane", "si yo fuera ingeniero jefe me arriesgaría a salir con neumáticos de lluvia" o la más grande: "Alonso se equivocó, porque ese tipo de adelantamientos sólo es posible hacerlos en Spa, y dependiendo del clima y la aerodinámica" (sic). Esto último se lo he oido a un fulano que el único Senna del que recuerda haber oido hablar es el del mediocampista del Villarreal.
Quiero llegar con esto al fracaso español en los juegos. Ahora mismo, todo el mundo entiende de ciclismo en pista, lucha grecorromana, triatlón o waterpolo. Durante los próximos años, quien muestre el mínimo interés por cualquiera de estos deportes será condenado al aislamiento social en su entorno, hasta que, cuando se encienda la antorcha olímpica en Wembley, todos los españolitos de a pie volvamos a ser consumados expertos en natación sincronizada, vela 49er o doma clásica.
Y claro, no falta quien habla de decepción en el equipo olímpico. ¿Decepción?. El mejor nadador que ha dado España desde López Zubero entrena en una piscina con señoras del IMSERSO. David Cal, nuestro abanderado, tiene más problemas para encontrar financiación que una inmobiliaria. Guillermo Molina se ha tenido que ir a Italia para tener un salario acorde con su condición de teórico mejor jugador del mundo. Etc.
Quiero decir con esto que seamos coherentes. O se invierte en serio desde ya para que nuestros deportistas vayan en las mismas condiciones que el "resto" de la élite, o nos bajamos del burro. Porque ahora es muy fácil hablar del fracaso de la natación o del badminton. Pero ¿nos hemos parado a pensar en cuantos deportistas no sólo no ganan, sino que encima pierden dinero, para cumplir su sueño de ser olímpicos?. Para que luego lleguen cuatro listos a la barra del bar, y despachen, café con leche y pitufo de atún con piquillo mediante, la sincronizada, la chicane de Alonso o el trompazo de Marta Domínguez con la misma naturalidad que el gol en fuera de juego de Messi o la subida del IPC de una tajada. Esto último, por supuesto, no lo arreglan Solbes ni Pizarro, sino la cantidad de estadistas que nos hemos dejado en la barra de los bares. País.
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Juan José Coronado
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