A por ellos
29.06.08 @ 13:28:09. Archivado en el barco del arroz
Montado en la noria del Pratter vienés, en una escena de El Tercer Hombre, Orson Welles improvisó la siguiente frase mientras discutía con Joseph Cotten: "En Italia, en 30 años de dominación de los Borgia hubo guerras, terror, sangre y muerte, pero surgieron Miguel Angel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza hubo amor y fraternidad, 500 años de democracia y paz y ¿que tenemos? El reloj de cuco
En la misma ciudad, Viena, a la que la cítara de Anton Karas y las carreras de Welles por sus alcantarillas convirtieron en un lugar de peregrinaje para los cinéfilos mundiales, once tíos en pantalón corto y corriendo detrás de un balón pueden darle a este país la mayor alegría colectiva en años. Esta tarde, en el mismo Pratter contiguo a la noria, España se enfrentará a Alemania en la final de la Eurocopa.
Podemos ganar. Debemos ganar. Nos lo debemos. Por nosotros mismos, pero también por quienes no quieren. Por los nacionalistas, que bastante tienen ya con disfrutar de nuestros impuestos como para encima llevarse la alegría de la derrota patria. Por los iluminados y snobistas que temen las celebraciones y que hablan de cortinas de humo y opio del pueblo. Por los resentidos que no quieren que con un gobierno de un color que no es el suyo nos llevemos un alegrón. Cómo si Zapatero jugase de media punta y Rubalcaba de interior derecha. Cómo si no hubiésemos vibrado igual con esta selección en Corea y Japón. Ah, también nos lo merecemos por Al Ghandour y Sandor Puhl, dicho sea de paso.
También por los que critican que ahora se haga acopio de banderas españolas, y el resto de los días no. No se que coño tendrá este bendito invento británico, pero es lo único capaz de hacer olvidar las penurias, de unirnos a todos en torno a algo, de pensar que, quizá, en el fondo no estemos tan desunidos como nos quieren hacer creer.
España no es sólo un grito para cuando juega la selección, cantaba el coro de Julio Pardo. Pero no me imagino a la gente haciendo exhibición de banderas patrias cada vez que concluye la obra de un hospital o baja en medio punto el IPC armonizado. Tampoco creo que se llenen las fuentes de gente con la bandera nacional si baja el barril de crudo Brent o aumenta la caja de las pensiones.
Todo esto que he mencionado ahora es más, infinitamente más importante que el fútbol. Pero nada enerva, nada pega el pellizco en el estómago, nada nos hace unirnos tanto como el deporte rey. Bienvenida se, pues, esta Eurocopa. En cuanto a lo de las banderas, bien está este torneo si sirva para llevarlas. Porque las banderas son, y deben seguir siendo, parte del corazón: no vamos a ser mejores españoles por llevarla hasta en los calzoncillos, ni vamos a ser unos iluminados por sacarla sólo con el fútbol. A España se la hace día a día, trabajando, siendo mejores. Y celebrándola en ocasiones como la de hoy.
En Noruega y Finlandia tienen algunos de los sistemas más avanzados de derechos sociales y de poderío económico de Europa. Nosotros, según decimos los propios habitantes de la piel de toro, los archipiélagos y las dos rosas del Mediterráneo, somos incultos, incapaces, borrachos y cainitas. En los últimos cien años, entre los dos han sacado a Kimi Raikkonen. Nosotros hemos parido los versos de Lorca o Hernández, el talento de Severo Ochoa, el arte de Berlanga, Dalí o Picasso, las voces de Domingo, Camarón, Caballé, Krauss o Carreras. Hemos sobrevivido a una guerra civil, y hemos diseñado un sistema que, mejor o peor, tira para adelante. ¿Con qué se quedan?. Yo lo tengo claro: A POR ELLOS.
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Juan José Coronado
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