El abuelito Joao
27.06.08 @ 14:46:06. Archivado en el barco del arroz
Presidió la FIFA durante más de veinte años, en los que el negocio del fútbol fue en aumento. En esas décadas, Joao Havelange vio como el deporte que presidía pasaba de ser eso, un deporte, a una multinacional que genera impresionantes dividendos a quienes invierten en un deporte apasionante, para cuya práctica no hay más requisito que una pelota y un grupo de amigos divididos en dos equipos.
Los años en los que se movió dinero a espuertas. Derechos de televisión, camisetas, casas de apuestas. Havelange heredó un fútbol que ya levantaba ardores para convertirlo en un lucrativo y a veces frío negocio.
Por eso me sorprende ahora que el "abuelito" Joao se venga a quejar de los enjuages arbitrales, que siempre perjudicaron, según el, a su Brasil y a los equipos sudamericanos en beneficio de los potentados y opulentos equipos europeos.
A nosotros, durante su mandato, nos anularon un gol legal en un mundial, el de Méjico 86, precisamente contra Brasil. A nosotros, durante su mandato, nos echaron para casa después de que Tasotti le rompiera la nariz a Luis Enrique y el corazón a España. Fue en Estados Unidos: Italia jugó la semifinal contra Bulgaria en New York, ciudad de una fuerte colonia italiana. La final contra Brasil, país de origen de Havelange y niña de los ojos de las multinacionales deportivas. Los sucesores/alumnos de Havelange herederaron el fútbol y se estrenaron con el mundial de Corea y Japón, en el que, como todo el mundo sabe, los arbitrajes fueron un ejemplo de modélica honradez. A Italia y España las largó Corea, con la inestimable colaboración de los colegiados. A Turquía la apearon en semis los brasileños y un tio de negro ¿Saben cual fue la final?. Nike vs Adidas. Perdón: Brasil vs Alemania. Por no hablar de la mano de Dios de Maradona. Jamás una trampa fue tan ensalzada.
Qué el abuelito Joao venga ahora a dar lecciones de dignidad y a quejarse de los enjuages en competiciones internacionales es, como mínimo, una falta de respeto. No sólo para los aficionados, porque unas veces se gana y otras se pierde. Durante su mandato, señor Havelange, ni usted ni los patriarcas del balompié movieron un sólo dedo por los niños a los que se privaba de ir al colegio para poder encontrar materias primas con las que fabricar las camisetas de moda. Qué pena regresar a la primera página de la actualidad de este modo, abuelo. Con lo guapo que estaba usted calladito.
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Juan José Coronado
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