Mi Padrenuestro
08.08.07 @ 17:41:28. Archivado en Religión
Puestos a elegir me quedo con el Padre Nuestro de Lucas, que intencionalmente hubiera debido ser más completo, pero que es más breve y esquemático. Más preciso.
La santificacion del Nombre se explica con Isaias VI; en la sinagoga y también en la liturgia cristiana el Sanctus tiene la función de hacer entrar al hombre en la liturgia celeste, y por tanto en el otro mundo, saliendo desde ahora del propio; y por eso es digno y saludable dar gracias a Dios aún llevando una vida estropajosa.
El Nombre es el que el padre da al Hijo; es sinónimo de Logos, Verbo, Sofía. Santificar el nombre es reconocer la divinidad del Hijo.
El reino va con el Espíritu que es unción (“chrisma” en la epístola 1 Juan 2,26) que se da a cada cristiano haciéndolo autónomo e independiente en cosas de fe y conciencia. "Está en medio de vosotros". Sí, pero su presencia y su acción son intermitentes; hay que solicitarlas.
La voluntad de Dios, en Mateo, que no en Lucas, según mi maestro hebreo, no puede ser objeto de ninguna petición. La voluntad de Dios se impone siempre. Podría ser una introduccion a la petición del pan indispensable; los judios lo rezan: “sea tu voluntad acordarnos” eso o esotro. El pan.
Los judios pedían un buen año de cosecha; a los cristianos nos basta el pan de cada día, que además compartimos con el que ni eso tiene.
Genial y exclusivamente cristiano el perdonar deudas o ofensas para que Dios nos perdone incondicionalmente; el judío debía pagar a Dios hasta por una acción involuntaria pero equivocada. Para los cristianos amnistía total, si sabemos concederla.
Difícil explicar el no ser inducidos a tentación, ya que según la epístola de Santiago Dios no tienta a nadie. Pero queda el misterio de Jesús llevado al desierto por el Espíritu, precisamente para ser tentado.
De la liberación del mal Lucas calla. ¿Se trata del mal en general o del maligno, como parece sugerir el texto griego?
Comentarios:
Yo también prefiero "deudas" a "ofensas". Todos somos deudores, y siempre deficitarios. A Dios no le cuesta nada perdonar, a nosotros sí, por ser dependientes del temor que el deudor de marras vuelva a presentarse a fastidiar. Dios ese temor no lo tiene. A El le place perdonar por no entender nuestros líos; "Hijitos, lo que desatéis en la tierra, yo encantado; lo que no consigáis desatar, ¿qué queréis que os diga?, tampoco yo lo puedo, porque cuando sois malos no os entiendo".
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Hirundo Romana
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