Los huesos de SanPedro
23.11.06 @ 09:48:37. Archivado en Sancta Romana Ecclesia
Una reciente exposición en el Vaticano se titulaba "Pétros éni = Pedro está aquí". Es una frase misteriosa en griego popular que se halló entre otros confusos grafitos grabados por fieles devotos sobre un pequeño muro junto a la tumba de Pedro. Costó descifrarla y no todos estaban de acuerdo con su significado.
Es raro que estando seguros de algo haga falta que venga un espontáneo a escribirlo rascando una pared con un hierro. Nos recordaría al pintor del Quijote, que tenía que explicar lo que había pintado: “Este es un gallo”.
Fué Pio XII quien decidió ordenar las excavaciones en los alrededores de la tumba de San Pedro. Esa tumba había sido tabú durante siglos.
Sucedió que preparando la sepultura de Pio XI en las grutas vaticanas saliera del suelo la cúspide de un monumento funerario. Se excavó y se entró en un cementerio rellenado de tierra que se descubrió estar al nivel de la presunta tumba del Apóstol.
La parte superior de la tumba de Pedro desde siempre se veía desde la cripta de la confesión debajo del actual altar bajo la forma de un mosaico representando un Cristo arcaico. Delante de ese mosaico había una especie de pozo que debía llegar hasta la tumba misma; en ella se introducía el arca con los palios de lana que el papa imponía a los metropolitanos. Pero nadie había llegado a saber realmente lo que había en el fondo.
El papa encargó la misión a una escuadra dirigida por el famoso arqueólogo jesuita P.Ferrúa. Se vació el cementerio pagano donde había sido enterrado Pedro a la vera de la via Cornelia junto al circo de Nerón, y se llegó a la tumba, que se halló estar vacía. Pio XII pudo anunciar que se había encontrado la tumba de Pedro, pero naturalmente no habló de reliquias.
Intrigaba el trozo de muro de al lado que a la época de la construcción de la primitiva basílica de Constantino había sido englobado dentro del altar sostenido por cuatro columnas de mármol y que aún se ve al lado del mosaico descentrando a éste. Sobre ese muro estaban los grafitos que por el momento no llamaron la atención.
Se acabó descubriendo que en el interior del muro había una pequeña oquedad murada que contenía un envoltorio de tejido precioso con dentro unos pocos huesos de una varón de la edad y de la época de Pedro.
Pero antes de poder levantar un acta, un canónigo de San Pedro, que tenía la llave de la cripta, de noche se llevó los huesos a la sacristía, donde dentro de una caja los metió en un armario. Ya nada estaba científicamente garantizado.
La arqueóloga Guarducci acabó por descifrar la frase famosa y se lanzó en una activa campaña de información, que naturalmente no aprobaba el prudente Ferrúa. Pablo VI afirmó que eran los huesos de San Pedro. Los huesos a veces se exponen dentro del lóculo donde fueron hallados, a veces se quitan.
El misterio se complica si se considera que en las catacumbas de San Sebastián, sobre las cuales está la basílica homónima, y que antiguamente se llamaba “de los apóstoles”, hay inscripciones de espontáneos como que en ellas estuvieron conservados los cuerpos de Pedro y Pablo durante las persecuciones tal vez del siglo III.
Otro rebus son los relicarios que se supone contengan las cabezas de los apóstoles, que se vislumbran dentro del baldaquín que cubre el altar de San Juan de Letrán.
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