El ideal del celibato
18.11.06 @ 16:18:07. Archivado en Sancta Romana Ecclesia
El celibato es lo mejor, aunque dicen que lo mejor es a veces enemigo de lo bueno. ¿De cual bueno? De la celebración de la eucaristía, punto central de la vida del cristiano y esencial para su salvación. Dos preceptos eclesiásticos se muestran los dientes: el celibato presbiteral y la asistencia a la misa dominical, precedida si es necesario por la confesión con respectiva absolución. ¿Cual parecerá más urgente a los responsables de la jerarquía?
Al post de la tarde del 16 de éste el web-columnista del National Catholic Reporter, John Allen, dando la noticia del resultado de la reunión vaticana sobre el celibato en dos días han seguido casi 30 comments, algunos de fuego: ¿“Hasta qué punto deben empeorar las cosas para que acaben haciendo caso del pueblo de Dios”?
Y dos días antes el mismo Allen refería una conversación habida con el card.Williams de Nueva Zelanda en febrero de 2006, en que se constataba con cierto humor inglés que en el último sinodo la mayoría de los padres sinodales estaban por el celibato.
Y decía el cardenal que en la zona de Papua New Guinea, Islas Salomón y otras islas del Pacífico los católicos pasaban meses enteros sin sacerdote; se les mandan la sagradas formas en contenedores lanzados con paracaidas o confiados a los pescadores que con sus lanchas tienen acceso a esos islotes, para que los catequistas repartan la comunión.
Y luego se admiran que si aparece un pastor heteredoxo por esos lugares la gente le llene el templo.
Eso me recuerda un sacerdote ortodoxo ruso que había creado en Paris su propia “iglesia” y mandaba la comunión pascual a sus fieles por correo certificado, para que no fueran a otras iglesias… Menos mal que las postas francesas funcionaban bastante bien.
Sin ir tan lejos, en el sur del Lacio y de la Campania es normal que los sacerdotes digan tres misas la mañana del domingo y una por la tarde, más la del sábado anterior. Y son cinco. Vayan a pedirles devoción…
Mientras tanto los ancianos prelados que desde Roma deciden sobre el asunto se apiñan en torno al sucesor de Pedro en concelebraciones espectaculares siempre que pueden. Yo que soy un vejestorio lo reconozco: ¿Cómo podemos los ancianos pensar en otra cosa que en sobrevivir? ¿Y quien piensa a las generaciones que crecen? “Après moi le déluge…”
Es digno de meditación el que en el Génesis el primer precepto prohibitivo sea “No comáis…”, mientras que al final del Evangelio el precepto es “Tomad y comed…” Precedido por el capítulo VI de Juan, en que se repite que sin esa comida no hay vida eterna. Dios nos coja confesados a los responsables de las provisiones de viaje…
Osservatore Romano bis
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