Aunque algunos comentaristas de la derecha (Juaristi en ABC, Anson en El Mundo, Girauta en Libertad Digital) teman que, apoyando incondicionalmente a Zapatero, Rajoy se esté prestando a recibir un abrazo del oso, la nueva actitud que ha asumido el líder del PP sin que haya mediado una variación notable en las posiciones respecto al mes de enero no es en absoluto descabellada. En realidad, pone de manifiesto el gran cambio que se ha producido en estos cinco meses, y la razón por la que el Gobierno ha perdido algo más que tiempo por no cambiar de estrategia antiterrorista cuando tenía que haberlo hecho, tras el atentado de Barajas. Dicha transformación no tuvo lugar el 4-J, fin oficial del alto el fuego, sino el 27-M. Las elecciones municipales encaramaron al PP en una tendencia ascendente, le dieron vitola de alternativa optimista y fiable y, precisamente porque se ven con posibilidades de ganar las generales, los populares saben que han de moderarse para que, primero, los electorados catalán y vasco no se movilicen contra ellos en las urnas, y, luego, pueda firmar pactos de gobernabilidad con CiU y el PNV.
>> Sigue...
Lo que hemos tuvimos ocasión de presenciar la semana pasada, desde las manifestaciones de Madrid y Bilbao hasta los cinco requisitos del PP y la negativa del resto de grupos a debatirlos siquiera, pasando por el accidentado debate en el Congreso, es una trama porque su sentido último es que los partidos escenifiquen (sí, en su acepción literal de "representar teatralmente en escena") los planteamientos que, permitiéndoles poner en práctica sus respectivas estrategias electorales, tengan el disfraz más presentable de cara a la sociedad. El PSOE no se apuntó a las concentraciones ni propuso la versión ampliada del Pacto Antiterrorista porque crea que son la mejor manera de derrotar a ETA, y tampoco teme que las propuestas del PP socaven la unidad de los demócratas, sino que necesita una iniciativa vendible ante los ciudadanos que retrate al PP como el partido aislado del "no a todo". Por su parte, los populares, no es que estimen que no puede haber pancarta contra el terrorismo que no incluya la palabra "libertad", ni que no se fíen de Zapatero, ni que les parezca ineficaz su propósito de unir a todas las fuerzas políticas, ni que consideren irrenunciables para la victoria sobre el terror casualmente los cinco puntos que saben que no le van a aceptar los demás partidos; lo que pasa es que tienen que adoptar un discurso verosímil que dé cabida y a la vez disimule la estrategia de oposición total al diálogo con ETA con la que esperan llevarse los votos de los españoles que deploran o se han desencantado de la tentativa que emprendió el Gobierno.
>> Sigue...