Convendría aparcar por un tiempo el debate personalista entre Mariano Rajoy y Esperanza Aguirre, para no incurrir en juicios de intenciones que luego contradice una parte de las ambiguas declaraciones de ésta y porque todavía quedan dos meses para el congreso del PP, en los que ella medirá sus fuerzas y, en su caso, pescará un pez del mar infinito de las coartadas para justificar su candidatura. Aunque la presidenta de Madrid lo diga de boquilla, es cierto que el fondo de la cuestión es el debate ideológico (con el PSOE, según la última aclaración); es decir, el tipo de oposición que han de realizar los populares. Si Aguirre sólo quería suscitar este debate, ya lo ha conseguido. Ella instó a "dar la batalla" y su gran valedor, Federico Jiménez Losantos, critica que Rajoy renuncie a hacerlo y pide perdón por los votos que haya podido proporcionarle. Pero el caso es que Rajoy, con el nombramiento de "su equipo" y la suavización del discurso, demuestra que piensa más bien que lo que ha hecho ha sido quitárselos.
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16.01.08 @ 03:49:57. Archivado en Partido Popular
¿Puede un partido que, según las encuestas, empata o pierde por poco con su rival a dos meses de las elecciones desprenderse del político mejor valorado de España? ¿Puede un partido que quiere acaparar tanto el apoyo de la derecha conservadora como el del centro liberal y laico prescindir de una figura cuya inclusión le granjearía muchos votos del segundo, más el de algún socialista desencantado, y cuya exclusión no le va a aportar más de la primera, que se los iba a conceder igual? ¿Puede un partido que quiere zafarse de la etiqueta de derecha extrema que le intentan endosar sus adversarios servirles en bandeja el mensaje de que (aunque los hechos se deben, sin duda, a rivalidades personales internas más que a cuestiones ideológicas) los más radicales tienen el control y el cacareado giro al centro es una simple quimera? Parece imposible pero sí, el PP ha ejecutado esta triple maniobra contra cualquier lógica electoral y los propios cálculos de sus militantes, que, según publicó El País, daban por hecho que Alberto Ruiz-Gallardón estaría finalmente en las listas. Y, encima, al día siguiente del fichaje de Manuel Pizarro, cuyo efecto, tuviera la magnitud que tuviera, ha quedado amortizado en apenas unas horas.
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Una semana de vacaciones, dos de eclosión de mis trabajos forzados (esto es, los no voluntarios) y tres de asuntos propios me han obligado a descuidar este blog durante un mes y medio. De todos modos, me da la impresión de que las cosas no han cambiado en lo sustancial. No constituye ningún cambio que el Gobierno y el Partido Popular se den mutuamente la espalda en relación a ETA, y, además, dicho desencuentro tampoco es un tema sustancial. Por lo demás, la AVT insiste en desautorizarse a sí misma mezclando churras con merinas y dejando asomar entre ambas la patita negra del lobo fascista disfrazado de cabritillo; los nacionalistas radicales de Cataluña siguen demostrando lo críos, lo cafres y sí, también lo fascistas que son en todas sus acciones guerrilleras; y un egregio nombre presuntamente adscrito a la derecha española, un tipo siniestro a quien le traen al pairo las víctimas del terrorismo con tal de mantenerse en su esfera de poder, continúa comportándose como el mejor lacayo del Gobierno: Federico Jiménez Losantos.
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Como si no tuviera a su disposición un amplio abanico de flancos por los que atacar, una variedad notable de coerciones que denunciar, una infinita colección de falacias grandilocuentes que ridiculizar, el Partido Popular prosigue su campaña contra el Estatuto de Cataluña aferrado a los dogmas de la Constitución y, sobre todo, España como nación única. Si la pomposamente bautizada como "Declaración de Sol" va a articular en lo sucesivo su discurso en el debate territorial, es que no ha cambiado nada. Sus propias premisas le incapacitan para ensamblar una crítica eficaz a los nacionalismos.
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