20.10.09 @ 00:53:36. Archivado en Bioética
El Gobierno no tiene por qué escuchar a la gente que clamó el sábado contra la nueva ley del aborto (más bien, contra el aborto en general), ni retirar su propuesta por el mero hecho de que divida a la sociedad, como le pide Mariano Rajoy. Cualquier decisión política, la que se toma y la que se deja de tomar, divide a la sociedad; y, como he escrito otras veces, cuando una multitud se manifiesta (una marea humana en una calle, ciertamente, pero una gota en el conjunto de la población), lo que procede no es contar cuántos eran sino estudiar y enjuiciar sus argumentos, porque si no son válidos es como si protestaran contra la ley de la gravedad.
Sin embargo, lo que tampoco puede hacer el Gobierno es soslayar el debate crucial que le plantean quienes le acusan de cometer un crimen, diciendo que quedó superado hace 25 años o apelando a los derechos de las mujeres, porque nadie tiene derecho al asesinato, y, si tal fuera, estaríamos ante un tema demasiado grave como para darlo por zanjado y negarse a reabrirlo. Por eso, tiene la obligación de entrar al trapo y explicar a la gente por qué el aborto no es un crimen. O, lo que es lo mismo, por qué Bibiana Aído no dijo ningún disparate cuando advirtió que un embrión no es un ser humano.
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27.04.06 @ 15:51:30. Archivado en Bioética
Me admiran la ligereza y el regocijo con los que ciertos intelectuales están despachando el asunto de los derechos de los simios. Dejando de lado la terminología de "derechos humanos" que han utilizado unas veces sus defensores y muchas más sus detractores, y sin atreverme a convalidar las restricciones a las experimentaciones médicas, que necesariamente han de probarse en monos antes de que el hombre pueda beneficiarse de ellas, la verdad es que me parece un asunto muy serio. Uno de esos cambios de paradigma que, si resultan bien acogidos por la comunidad científica y filosófica, trastocan de forma decisiva y para siempre nuestra visión del mundo, refractando a partir de ahí nuestras premisas y, en consecuencia, orientando nuestras posibilidades de conocimiento hacia un lugar distinto al que veníamos persiguiendo hasta ahora. Casi nada.
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22.02.06 @ 10:57:22. Archivado en Bioética, Religión
El único tema que procede discutir acerca de la Ley de Reproducción Asistida, la selección de embriones, el aprovechamiento de los sobrantes para la investigación científica y la clonación terapéutica es si un embrión es un ser humano o no. La Iglesia se opone a todo ello porque da por supuesto que sí lo es, y el PP, aunque intente situarse en posiciones más vendibles a una sociedad laica, habla de "bebés medicamento" y quiere evitar a toda costa otra acumulación de embriones congelados como la que motivó su reforma de 2003; para ello, es incluso capaz de limitar las posibilidades de éxito a las parejas que recurren a la fecundación in vitro, en vez de considerar los embriones sobrantes como un tesoro para la ciencia, cuya proliferación ha de fomentarse e incluso producirse artificialmente a través de la clonación para obtener un banco ingente de células madre. Todos estos escrúpulos, que quede claro, serían muy razonables y dignos de tipificarse en mandato legal si los embriones fueran en efecto seres humanos, pero lo que tendrían que hacer la Iglesia y el PP es demostrar que lo son, en lugar de divagar en tristes disquisiciones sobre la dignidad del niño, la eugenesia y el hombre como "fin en sí mismo" y no medio para otro fin. Estarían en todo su derecho de llamarnos nazis, como ya ha hecho algún eclesiástico, si los defensores del aborto y el uso científico de los embriones utilizáramos conscientemente a unos hombres en beneficio de otros. Pero, como creemos que los embriones no lo son, y por tanto uno puede servirse de ellos sin el menor reparo, lo único que viene a cuento es dilucidar este punto.
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