14.11.08 @ 10:36:21. Archivado en País Vasco
No deja de tener su gracia que los futbolistas de la selección oficialmente llamada de Euskadi se empeñen con tal porfía en pasar a ostentar el nombre de Euskal Herria. A lo que parece, no debieron de asistir a la ikastola el día en que el profesor explicó la figura totémica y mesiánica de don Sabino Arana Goiri.
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Después de las últimas revelaciones de El Mundo, no creo que pueda caber ninguna duda, ni siquiera a los que dudamos de ello en un principio, de que el PCTV y ANV no son simplemente unos partidos afines que, pese a ciertas divergencias ideológicas, se prestaron a llevar la voz de la izquierda abertzale a las instituciones ante la imposibilidad de que lo hiciera la Batasuna ilegalizada, sino los testaferros puntuales y obedientes de ésta. Y tampoco de que el Gobierno pudo haber promovido mucho antes la ilegalización de ambos y, si no lo hizo, fue por la conveniencia política del momento, que era llevar a buen puerto las negociaciones para lograr la disolución de ETA. Ahora bien, la ecuación que sigue indemostrada y es, a fin de cuentas, la que justifica todas las demás proscripciones, es que Batasuna sea, en términos jurídicos estrictos, lo mismo que la banda terrorista a la que justifica. Y el establecimiento de dicha identidad también fue, no lo olvidemos, una instrumentalización de la ley al servicio de consideraciones extralegales.
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Por primera vez en esta legislatura, suscribo la opinión de la mayoría de los ciudadanos de que el Debate sobre el Estado de la Nación lo ganó José Luis Rodríguez Zapatero, por lo que, leyendo a Federico Jiménez Losantos o a Juan Carlos Girauta, me acomete esa impresión futbolística de que ellos tuvieron que ver otro partido. Acostumbrados como estábamos a un Rajoy siempre incisivo y notable en la oratoria y a un Zapatero divagando con blanda demagogia en las dúplicas, en esta ocasión nos encontramos con un líder de la oposición que se repetía hasta resultar hostil y un presidente del Gobierno que se mostró, por primera vez, concreto y convincente en todas tus contestaciones… menos una, la referente a la negociación con ETA y las actas de las reuniones. Un tema, paradójicamente, en el que ni siquiera en la versión más perjudicial para su imagen (la que dibuja la crónica publicada en cuatro partes por el diario Gara),me parece que el Gobierno tenga mucho de lo que arrepentirse o avergonzarse.
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Después del numerito que montaron el sábado los abertzales durante la constitución de los ayuntamientos de varios municipios vascos, políticos y periodistas aguardan al primer atentado que cometa ETA para comprobar si los concejales de ANV lo condenan y si el no hacerlo es el detonante de su ilegalización. Sin embargo, el lunes, el ministro de Justicia y el fiscal general del Estado coincidieron en señalar que no condenar un acto terrorista podría no ser suficiente para instar a la ilegalización de la nueva formación. El vocal conservador del CGPJ José Luis Requero replicó ayer que fue precisamente la negativa a hacerlo con el de Santa Pola lo que provocó la inmediata ilegalización de Batasuna, días después de decretarla el juez Baltasar Garzón al considerarla parte constitutiva del entramado etarra. ¿Qué dice exactamente esa Ley de Partidos que todo el mundo cita y nadie parece haber leído? ¿Debería haber impedido el Gobierno que ANV concurriera a las municipales o que los concejales electos tomaran posesión? ¿Podría ilegalizar a la formación ahora, aunque sólo consiguiera que aquéllos siguieran ejerciendo desde el Grupo Mixto? ¿Qué pasará si no condenan un atentado?
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Aunque algunos comentaristas de la derecha (Juaristi en ABC, Anson en El Mundo, Girauta en Libertad Digital) teman que, apoyando incondicionalmente a Zapatero, Rajoy se esté prestando a recibir un abrazo del oso, la nueva actitud que ha asumido el líder del PP sin que haya mediado una variación notable en las posiciones respecto al mes de enero no es en absoluto descabellada. En realidad, pone de manifiesto el gran cambio que se ha producido en estos cinco meses, y la razón por la que el Gobierno ha perdido algo más que tiempo por no cambiar de estrategia antiterrorista cuando tenía que haberlo hecho, tras el atentado de Barajas. Dicha transformación no tuvo lugar el 4-J, fin oficial del alto el fuego, sino el 27-M. Las elecciones municipales encaramaron al PP en una tendencia ascendente, le dieron vitola de alternativa optimista y fiable y, precisamente porque se ven con posibilidades de ganar las generales, los populares saben que han de moderarse para que, primero, los electorados catalán y vasco no se movilicen contra ellos en las urnas, y, luego, pueda firmar pactos de gobernabilidad con CiU y el PNV.
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Los jueces tienen necesariamente que interferir en la política, porque la política es una de las dimensiones de la sociedad y, en nuestra concepción del Derecho, todo lo que sucede en la sociedad entra dentro de la jurisdicción de los jueces; por eso pueden llamar a declarar o imputar a cualquier político fuera de los actos para los que esté aforado. A su vez, la política está implícitamente presente en los jueces, porque son seres humanos y todos los seres humanos estamos ideologizados, sin que para ello haga falta que nos controlen los partidos ni que estemos a su servicio.
Ahora bien, de esta segunda evidencia se deduce el corolario de que la aplicación de las leyes no es objetiva, máxime cuando el enunciado de éstas, compuesto de letras y no de números, ni cubre todas las particularidades posibles ni determina de forma unívoca su interpretación. Y por tanto, los jueces deberían abandonar ese chantaje que consiste en considerar cualquier crítica a sus decisiones como presión o falta de respeto, y los partidos (y periodistas) abstenerse de su costumbre de hablar de "varapalo jurídico" al adversario cada vez que un tribunal le da la razón, porque nada excluye de antemano que el varapalo se lo esté pegando al magistrado la parte contra la que aquél sentenció. Por el momento no se nos ha ocurrido una manera mejor de organizarnos que presuponer que unos tipos disfrazados con togas son los mejores garantes de las leyes, pero eso no puede impedir que analicemos y critiquemos cada una de sus sentencias por separado. A mi juicio, todas las que han focalizado la polémica en la última semana (De Juana, Jarrai, citación de Otegi e Ibarretxe) tienen mucho que reprochar.
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Lo que hemos tuvimos ocasión de presenciar la semana pasada, desde las manifestaciones de Madrid y Bilbao hasta los cinco requisitos del PP y la negativa del resto de grupos a debatirlos siquiera, pasando por el accidentado debate en el Congreso, es una trama porque su sentido último es que los partidos escenifiquen (sí, en su acepción literal de "representar teatralmente en escena") los planteamientos que, permitiéndoles poner en práctica sus respectivas estrategias electorales, tengan el disfraz más presentable de cara a la sociedad. El PSOE no se apuntó a las concentraciones ni propuso la versión ampliada del Pacto Antiterrorista porque crea que son la mejor manera de derrotar a ETA, y tampoco teme que las propuestas del PP socaven la unidad de los demócratas, sino que necesita una iniciativa vendible ante los ciudadanos que retrate al PP como el partido aislado del "no a todo". Por su parte, los populares, no es que estimen que no puede haber pancarta contra el terrorismo que no incluya la palabra "libertad", ni que no se fíen de Zapatero, ni que les parezca ineficaz su propósito de unir a todas las fuerzas políticas, ni que consideren irrenunciables para la victoria sobre el terror casualmente los cinco puntos que saben que no le van a aceptar los demás partidos; lo que pasa es que tienen que adoptar un discurso verosímil que dé cabida y a la vez disimule la estrategia de oposición total al diálogo con ETA con la que esperan llevarse los votos de los españoles que deploran o se han desencantado de la tentativa que emprendió el Gobierno.
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11.01.07 @ 17:07:46. Archivado en País Vasco
Las palabras de Arnaldo Otegi tras el atentado de Barajas, sugiriendo que éste no tenía por qué invalidar el proceso de paz, aportaron la primera pista, pero el comunicado de ETA lo confirma del todo. La banda terrorista no tenía intención, no ya de matar a dos personas, sino tampoco de poner fin a las negociaciones, y por eso no emitió una declaración previa dándolas por terminadas. Por supuesto, es lícito y pertinente replicar que, para eso, podía haberse abstenido de poner una furgoneta bomba, y también que es inviable llevar adelante un diálogo cuando una parte se reserva el derecho de atentar si la otra no hace las cosas a su gusto. Pero, de cara al análisis y a la estrategia a seguir, lo importante no es reprochar la incoherencia del enemigo, sino saber en qué posición se halla. Y el comunicado del martes, demasiado lastimero como para esconder un simple intento de hacer creer a la sociedad vasca que la culpa la ha tenido el Gobierno, lo expresa con nitidez. Dice: "Nosotros no queríamos", en una bajada de pantalones que suena muy parecida al reconocimiento de que "la hemos cagado". Y, a pesar de los ingeniosos calificativos que se han vertido en las últimas horas, los terroristas no tienen por costumbre emplear el cinismo ni el sarcasmo.
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Lo más asombroso del debate público que se dirime en España en torno a las negociaciones entre el Gobierno y ETA es cómo la persuasiva brillantez de ciertos líderes de opinión, o bien el escaso criterio de sus lectores y oyentes, ha conseguido que gran parte de la sociedad piense y discuta el proceso desde unos conceptos y parámetros propios de una película de aventuras de Hollywood para niños. Hay héroes, villanos y cobardes. Son decisivas acciones y actitudes épicas como la unión, la debilidad, la lealtad, la traición y la rendición. Los personajes se rigen por los sentimientos más planos y primarios que cabe imaginar y muestran con total extraversión y transparencia sus motivaciones y estados de ánimo. Justo lo que no existe son las tácticas, los cálculos, el cinismo, el juego de intereses y los gestos de cara a la galería que gobiernan la política.
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24.03.06 @ 10:23:35. Archivado en País Vasco
Llegó el día. El endurecimiento que en las últimas semanas mostraban los mensajes cruzados entre el Gobierno y Batasuna parecía indicar que los contactos habían vuelto a fracasar, pero, no sé si porque los abertzales estaban jugando de farol o porque al final han temido dejar pasar la última oportunidad que les queda de mantener su protagonismo político en Euskadi, tenemos alto el fuego. Permanente, sin duda, y precisamente por la razón por la que Rajoy interpreta que se trata de una mera pausa. Si ellos siguen siendo los mismos y siguen queriendo lo mismo, y han decidido que ésta es la táctica a la que pueden sacar rédito en estos momentos, por supuesto que la van a llevar hasta el final. Lo que está por ver es si al Estado le es más fácil o más difícil combatir la autodeterminación después de ETA.
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15.02.06 @ 23:55:57. Archivado en País Vasco
Si hubiera que hacer política pensando en las víctimas del terrorismo, no bastaría con negarse a hablar con ETA, ni con dejar claro quién es el vencedor y quién el vencido, ni con ignorar sus reivindicaciones o la situación de sus presos. Habría que sacar a todos los etarras de la cárcel, atarlos a una mesa y ponerlos a disposición de los familiares de los muertos para que los hicieran rodajas con una motosierra. Son tan flagrantes la injusticia y el dolor que les ha tocado sufrir a esas personas reales, de carne y hueso, que solivianta oír hablar de la supuesta opresión de entes abstractos como las naciones, que ni sienten ni padecen. Pero no se hace política pensando en las víctimas. Primero, porque sería inicuo, infantil, fácil y perezoso ignorar las motivaciones y el sufrimiento que también arrastran las personas no menos reales de la otra parte. Y, sobre todo, porque la obligación de los gobiernos no es velar por los muertos de ayer, sino por que no siga habiéndolos mañana.
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18.01.06 @ 23:55:42. Archivado en País Vasco
Parece obvio que el Gobierno habría preferido que el congreso de Batasuna se celebrara sin obstáculos, que el Fiscal General del Estado se abstuvo de solicitar su suspensión al Tribunal Supremo tanto como le fue posible y que, si a Zapatero la Ley de Partidos le ha llegado a parecer "restrictiva", es porque en el Gobierno en 2006 le interesa una cosa distinta a la que podía rentabilizar en la oposición en 2002. Ahora bien, las explicaciones que ha ofrecido la derecha política y mediática a este giro (cobardía, indignidad, súplica de una tregua de ETA, rendición, paz por naciones) son, como casi siempre que habla del País Vasco o diseña estrategias para actuar en él, propias de un gallinero de guardería.
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