Convendría aparcar por un tiempo el debate personalista entre Mariano Rajoy y Esperanza Aguirre, para no incurrir en juicios de intenciones que luego contradice una parte de las ambiguas declaraciones de ésta y porque todavía quedan dos meses para el congreso del PP, en los que ella medirá sus fuerzas y, en su caso, pescará un pez del mar infinito de las coartadas para justificar su candidatura. Aunque la presidenta de Madrid lo diga de boquilla, es cierto que el fondo de la cuestión es el debate ideológico (con el PSOE, según la última aclaración); es decir, el tipo de oposición que han de realizar los populares. Si Aguirre sólo quería suscitar este debate, ya lo ha conseguido. Ella instó a "dar la batalla" y su gran valedor, Federico Jiménez Losantos, critica que Rajoy renuncie a hacerlo y pide perdón por los votos que haya podido proporcionarle. Pero el caso es que Rajoy, con el nombramiento de "su equipo" y la suavización del discurso, demuestra que piensa más bien que lo que ha hecho ha sido quitárselos.
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Una semana de vacaciones, dos de eclosión de mis trabajos forzados (esto es, los no voluntarios) y tres de asuntos propios me han obligado a descuidar este blog durante un mes y medio. De todos modos, me da la impresión de que las cosas no han cambiado en lo sustancial. No constituye ningún cambio que el Gobierno y el Partido Popular se den mutuamente la espalda en relación a ETA, y, además, dicho desencuentro tampoco es un tema sustancial. Por lo demás, la AVT insiste en desautorizarse a sí misma mezclando churras con merinas y dejando asomar entre ambas la patita negra del lobo fascista disfrazado de cabritillo; los nacionalistas radicales de Cataluña siguen demostrando lo críos, lo cafres y sí, también lo fascistas que son en todas sus acciones guerrilleras; y un egregio nombre presuntamente adscrito a la derecha española, un tipo siniestro a quien le traen al pairo las víctimas del terrorismo con tal de mantenerse en su esfera de poder, continúa comportándose como el mejor lacayo del Gobierno: Federico Jiménez Losantos.
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28.12.05 @ 17:25:50. Archivado en Periodismo
No me apetece sacralizar el principio tan políticamente correcto de la libertad de expresión. En sentido genérico, podría suscribir que la verdad está por encima, que a los periodistas no se les debe permitir cualquier cosa, que han de ser responsables de lo que dicen sin que la víctima de una calumnia tenga que tomarse la molestia de acudir a los tribunales y que el secreto profesional les proporciona una patente de corso que habría que atreverse a revisar en determinadas ocasiones. Pero el debate no se plantea en abstracto: la ampliación de competencias que la Ley catalana del Audiovisual ha concedido al famoso CAC y el proyecto de constituir un organismo análogo para toda España tienen una inspiración ad hoc y un referente muy concreto: la Cadena COPE.
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