Después del 15-O, una JMJ
13.11.11 @ 22:32:04. Archivado en Elecciones 2011, Movimientos sociales
Una vez conseguido el objetivo inicialmente impensable de la internacionalización de las protestas, al movimiento del 15-M le sobra seguir ocupando plazas en las campañas electorales. La reiteración de estrategias siempre resulta redundante y, por lo que respecta a ésta en concreto, cualquier multitud parecerá una simple panda de amigos cuando el 20-N se la confronte con el número de votantes del PP.
Aclaro que de ningún modo acepto la comparación tramposa de representatividades que aducen los partidos políticos cuando esgrimen sus millones de apoyos en las urnas, un argumento falaz desde el momento en que en las elecciones sólo se les puede votar a ellos. Pero, obviamente, las papeletas sí reflejan que los paladines del "no nos representan" tampoco tienen derecho a arrogarse el monopolio de la soberanía popular. Han de limitarse a denunciar que esta democracia, que nadie duda de que sea mejor que cualquier dictadura, ha llegado a servir a intereses distintos al bienestar de los ciudadanos. Ahí no es cuestión de número: es que tienen razón.
Tácticamente, los indignados tampoco deben jugar la baza de su número real, sino el del aparente, el que magnifica la televisión. Y, por supuesto, hacerlo a su recién adquirida escala internacional, que es la única donde tiene alguna relevancia actuar. El 15 de octubre fue un primer e histórico paso, pero adoleció de dispersión y atomización. Lo que realmente tendría impacto mediático y político es que inundaran durante tres días una sola ciudad y allí celebraran un congreso fundacional y se rebautizaran con un nombre aglutinador como World o United Citizens. Sólo así se convertirán en un actor mundial.
Estaría bien que en dicho congreso se aprobaran propuestas concretas y se nombraran portavoces dentro de la inabarcable diversidad del movimiento, pero lo fundamental es que hagan ruido. Ellos no van a cambiar el mundo, pero su éxito es, hoy por hoy, nuestra única esperanza de que los gobiernos lo hagan. Si algo se le debe reconocer al 15-M es haber atinado en su diagnóstico estructural; en apuntar al sistema, al modelo económico, y no a un Gobierno indefenso como hacen otros. Lástima que a veces desluzca esa perspicacia con triviales críticas a los políticos, sobre todo del PP, que están fuera de lugar y se desvían de lo realmente importante.
Es curioso pero, después de lo que hicieron en verano algunos trastornados, que hace falta que tuvieran odio dentro y el punto de mira desenfocado para emprenderla contra los entrañables jóvenes del Papa, lo que necesitan en este momento los indignados es organizar su propia Jornada Mundial de Juventud. Han llegado muy lejos, y la Historia, que embellece los defectos y heterogeneidades de cualquier movimiento social o político, sin duda los incluirá en sus anales, siempre tan iconófilos. Ahora está por ver si, además de ser mencionados en los libros del futuro, también son capaces de intervenir en su redacción.
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Kiko Rosique
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