Lo que está en juego
19.05.11 @ 01:15:20. Archivado en Economía, Elecciones 2011
Aunque nadie podía sospechar hasta qué punto, era inevitable que el descontento por la crisis y el paro se apoderara de unas elecciones que, en principio, han de limitarse a valorar la gestión de los gobiernos autonómicos y municipales y las alternativas de la oposición. Lo que ocurre es que ni una ni otro están en juego el 22-M, porque la situación económica escapa al control de la política nacional tanto como del de la local.
El PSOE tiene razón al exculparse de la crisis y sus consecuencias; siempre, claro está, que no pretenda endosar la responsabilidad a los gobiernos del PP. En su día fue perfectamente lógico que Aznar confiara en la construcción cuando ésta tiraba de la economía y, de hecho, lo mismo hizo Zapatero hasta que inopinadamente, en 2009 nos tuvimos que tragar las inversiones, las sinergias, los empleos y los inmigrantes que dependían del sector.
Sea lo que sea y dure lo que dure, el movimiento de Democracia Real Ya acierta al reprochar por igual al PSOE y al PP su servidumbre al poder económico. Gasto y recorte arriba, gasto y recorte abajo, la crisis habría sido bastante parecida con un Gobierno socialista que con uno popular. El problema es que de nada valdría tener un Ejecutivo que se independizara de la tiranía de los mercados, como habrían deseado los manifestantes. Si lo hubiera, España (o incluso la UE entera si la mecha prendiera en otros países) se convertiría de inmediato en un paria en el mundo, incapaz de competir por sus elevados costes sociales y al que rehuiría sistemáticamente el capital.
Haría falta un acuerdo en el que todas las potencias industriales renunciaran a sacar ventaja de las exigencias, muy razonables, que lograran imponer en otros países movimientos como Democracia Real Ya. De lo contrario, será imposible subvertir en ningún sitio esa lógica que se presenta falsamente como normal y como la única posible, que considera disparatadas la banca pública o la estabilidad laboral pero en cambio acepta algo tan aberrante como que los estados paguen por su deuda unos intereses que les impiden dar una solución a millones de ciudadanos inocentes. Ojalá un día la izquierda tenga suficiente vigor y líderes con carisma para movilizarse a nivel mundial y no deje pasar otra ocasión como ésta, pero me temo que nada de ello se decide el domingo.
En mi opinión, lo más importante que hay en juego en estos comicios, porque eso sí está al alcance de los políticos, es la reforma de la ley electoral en España, otra de las reivindicaciones de los manifestantes que abjuran del bipartidismo. En este sentido, la clave es que, gane quien gane el 22-M y en 2012, Izquierda Unida y UPyD sean decisivos para gobernar en el mayor número de administraciones posible, de tal modo que puedan exigir un compromiso al PP o al PSOE a cambio de su apoyo.
Que partidos que suman un millón de votos en muchas circunscripciones no se sigan viendo discriminados frente a quienes logran la tercera parte en apenas tres o cuatro no es un boicot a los nacionalistas ni un intento de preservar la unidad de España, que probablemente sea más frágil cuando aquéllos pierdan poder de decisión. Obedece a un motivo mucho más noble y real que los patrióticos del centro o la periferia: el de tener una representación política que sea sencillamente más justa.
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Kiko Rosique
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