Una activista juega sus cartas
10.12.09 @ 03:53:42. Archivado en Nacionalismos
Imaginemos por un momento que en el lugar de Aminatu Haidar se encontraran Arnaldo Otegi o Josep Lluís Carod Rovira. Que, al llegar a un aeropuerto, hubieran escrito orgullosamente “vasca” o “catalana” en la casilla del formulario correspondiente a su nacionalidad. Que, después de años haciendo la vista gorda, las autoridades españolas decidieran por fin retirarles el pasaporte, o bien (como Marruecos asegura que ocurrió) ellos lo depositaran con desdén en el mostrador renunciando formalmente a su adscripción. Y, acto seguido, se declararan en huelga de hambre para reclamar su derecho a volver sin documentación a Euskadi o Cataluña.
No hace falta ser adivino para intuir que tanto Otegi como Carod habrían concitado la indignación de la mitad derecha del espectro social y mediático español, y, a lo sumo, la indiferencia de los colectivos de izquierda. Se les habría acusado de abusar durante años de nuestra benevolencia hacia sus desplantes y de aprovechar ahora nuestra sensibilidad hacia los derechos humanos para obtener réditos políticos. Sobre todo, se habría exigido al Estado que no cediera a un chantaje que se calificaría de intolerable y que cumpliera escrupulosamente la ley.
Nadie duda de que Haidar es una activista valiente y honesta que lucha por lo que cree una causa justa. Pero es que la estrategia de los nacionalismos irredentos es siempre la misma: utilizan sus modestas armas de presión para quebrar la resistencia de los gobiernos. Por su parte, los estados, igual España que Marruecos, apelan a la legalidad vigente, al apoyo unánime de su opinión pública, y, a ser posible sin exhibirlo, a su poderío militar.
Haidar vio la posibilidad de sacar partido a su expulsión y, por supuesto, está en su derecho de rechazar las soluciones que le ha ofrecido España, que resolverían el problema humanitario pero carecen de significado político. Puede empeñar su vida a modo de fianza para revitalizar el interés por el Sáhara y poner entre la espada y la pared a los dos estados que perpetúan su postergación, y ningún tribunal debe invertir la que ella ya ha decidido que es su escala de valores.
Sin embargo, si, sabiendo de sobra lo que hace, emprende voluntariamente una medida de presión que nadie le ha pedido y sólo sirve para beneficiar a su causa, no puede responsabilizar a sus adversarios de las eventuales consecuencias que podrían tener sus actos para su salud y para la felicidad de sus hijos. Porque lo que le pueda pasar es, precisamente, lo que da fuerza y capacidad de presión a su iniciativa. Un activista político sopesa pros y contras, decide y actúa. Juega sus cartas, y tiene todo el derecho a hacerlo mientras no lo haga con dos barajas. Mientras acepte de antemano que unas veces se gana y otras, la mayoría, se pierde.
Comentarios:
lo que expone este artículo es imaginar mucho.
No parece sino que todos los mencionados han estado burlándose de los saharauis durante decenios. Pero esa burla es vejatoria, inhumana e inmoral porque no responde más que a intereses de todos y cada uno de los que están prolongando esta situación intencionadamente.
Una vez dicho esto, el Gobierno español no debe dejar morir a esa mujer, lo diga ella, en serio o no, o no lo diga.
Ni a ella ni a nadie por motivos de este tipo.
Y luego que demande a quien quiera.
La legalidad internacional dice que el Sahara NO ES Marruecos...
Marruecos solo es la potencia ocupante por una trasferencia que le hizo España y por la renuncia de Mauritania a su parte...
La legalidad internacional reconoce al Sahara como territorio ocupado pendiente de autodeterminación...
Esa categoría, (auque yo moralmente la comparta), aún no está reconocida expresamente por la ligalidad internacional para Euskadi, Catalunya,... ou a miña Galiza...
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Kiko Rosique
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