Heráclito y el aborto
20.10.09 @ 00:53:36. Archivado en Bioética
El Gobierno no tiene por qué escuchar a la gente que clamó el sábado contra la nueva ley del aborto (más bien, contra el aborto en general), ni retirar su propuesta por el mero hecho de que divida a la sociedad, como le pide Mariano Rajoy. Cualquier decisión política, la que se toma y la que se deja de tomar, divide a la sociedad; y, como he escrito otras veces, cuando una multitud se manifiesta (una marea humana en una calle, ciertamente, pero una gota en el conjunto de la población), lo que procede no es contar cuántos eran sino estudiar y enjuiciar sus argumentos, porque si no son válidos es como si protestaran contra la ley de la gravedad.
Sin embargo, lo que tampoco puede hacer el Gobierno es soslayar el debate crucial que le plantean quienes le acusan de cometer un crimen, diciendo que quedó superado hace 25 años o apelando a los derechos de las mujeres, porque nadie tiene derecho al asesinato, y, si tal fuera, estaríamos ante un tema demasiado grave como para darlo por zanjado y negarse a reabrirlo. Por eso, tiene la obligación de entrar al trapo y explicar a la gente por qué el aborto no es un crimen. O, lo que es lo mismo, por qué Bibiana Aído no dijo ningún disparate cuando advirtió que un embrión no es un ser humano.
Kiko Rosique
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