10.12.09 @ 03:53:42. Archivado en Nacionalismos
Imaginemos por un momento que en el lugar de Aminatu Haidar se encontraran Arnaldo Otegi o Josep Lluís Carod Rovira. Que, al llegar a un aeropuerto, hubieran escrito orgullosamente “vasca” o “catalana” en la casilla del formulario correspondiente a su nacionalidad. Que, después de años haciendo la vista gorda, las autoridades españolas decidieran por fin retirarles el pasaporte, o bien (como Marruecos asegura que ocurrió) ellos lo depositaran con desdén en el mostrador renunciando formalmente a su adscripción. Y, acto seguido, se declararan en huelga de hambre para reclamar su derecho a volver sin documentación a Euskadi o Cataluña.
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Con su léxico normalizado, sus argumentos circulares, sus sofismas para confirmar siempre la misma premisa y su día internacional colgado en el calendario, la violencia de género ya tiene todas las características de un dogma. Promovido a partir de 1995 por los movimientos feministas internacionales y asumido y consagrado en España por el PSOE desde 2004, la idea de que el maltrato a las mujeres es consecuencia del machismo dominante en la cultura se considera hoy una verdad irrefutable, gracias sobre todo a que la dan por supuesta la izquierda, la derecha, los medios de comunicación y la sociedad en general.
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12.11.09 @ 01:45:03. Archivado en Justicia
El Derecho no es una ley física o biológica que estemos obligados a aceptar inevitablemente como premisa. No deriva de una verdad universal y no tiene por qué ser la regulación más acertada, objetiva o justa posible. Ni siquiera constituye la única forma de organizar la sociedad: aunque descartemos por inicuo al árbitro natural de las relaciones humanas, que no es otro que la ley del más fuerte (la que de hecho prevalece cuando un estado o un movimiento político se sienten en condiciones de sacarla provecho aun a expensas de la legalidad), siempre cabría la opción de resolver los conflictos mediante la consulta a un oráculo, la decisión de la autoridad o el sufragio universal. No en vano, el poder judicial tiene un poco de los tres.
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20.10.09 @ 00:53:36. Archivado en Bioética
El Gobierno no tiene por qué escuchar a la gente que clamó el sábado contra la nueva ley del aborto (más bien, contra el aborto en general), ni retirar su propuesta por el mero hecho de que divida a la sociedad, como le pide Mariano Rajoy. Cualquier decisión política, la que se toma y la que se deja de tomar, divide a la sociedad; y, como he escrito otras veces, cuando una multitud se manifiesta (una marea humana en una calle, ciertamente, pero una gota en el conjunto de la población), lo que procede no es contar cuántos eran sino estudiar y enjuiciar sus argumentos, porque si no son válidos es como si protestaran contra la ley de la gravedad.
Sin embargo, lo que tampoco puede hacer el Gobierno es soslayar el debate crucial que le plantean quienes le acusan de cometer un crimen, diciendo que quedó superado hace 25 años o apelando a los derechos de las mujeres, porque nadie tiene derecho al asesinato, y, si tal fuera, estaríamos ante un tema demasiado grave como para darlo por zanjado y negarse a reabrirlo. Por eso, tiene la obligación de entrar al trapo y explicar a la gente por qué el aborto no es un crimen. O, lo que es lo mismo, por qué Bibiana Aído no dijo ningún disparate cuando advirtió que un embrión no es un ser humano.
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