Euskadi vs. Euskal Herria
14.11.08 @ 10:36:21. Archivado en País Vasco
No deja de tener su gracia que los futbolistas de la selección oficialmente llamada de Euskadi se empeñen con tal porfía en pasar a ostentar el nombre de Euskal Herria. A lo que parece, no debieron de asistir a la ikastola el día en que el profesor explicó la figura totémica y mesiánica de don Sabino Arana Goiri.
Fue precisamente el hombre a quien se le ocurrió concebir a las provincias vascas como una nación, el primero en hacerlo después de esos nosecuantos mil años de historia que le gusta evocar al lehendakari Ibarretxe, el que inventó la palabra Euskadi. El nombre tradicional era, en efecto, Euskalerria, la tierra de quienes hablan euskera. Pero, como dicho topónimo tenía unas resonancias puramente lingüísticas, careciendo de cualquier connotación política ni a este lado ni al otro de los Pirineos, Sabino Arana se inventó el de “Euskadi”, que ya no hacía referencia a la lengua, sino a la patria de los hombres de raza vasca.
El Romanticismo, que había alumbrado la cosmovisión metafísica más exitosa de todos los tiempos después de la religión (la que se imagina una Humanidad dividida en naciones cuyo espíritu se encarna en sus respectivas lenguas), había quedado sepultado por las nuevas corrientes de pensamiento positivista, y una de las convicciones más extendidas del momento era que las claves de la personalidad se hallaban en la raza. Naturalmente, los gobiernos o grupos opositores que llevaban décadas justificando su existencia en la existencia de naciones diferenciadas no iban a desmontar el chiringuito por el mero hecho de que tuvieran que cambiar la lengua por la raza, de apariencia mucho más científica y tangible, como piedra clave de su edificio.
Medio siglo más tarde, la idea de raza estableció vínculos indisolubles con el nazismo y los nacionalistas de todo el mundo juzgaron más estético volver a fundamentar el volkgeist en la lengua, como ya hicieran Herder y Fichte desde las postrimerías del XVIII por la sencilla razón de que no disponían de otra cosa que uniera a los potenciales alemanes que había repartidos por Austria y Prusia. SIn embargo, cuando a Sabino Arana le dio por metamorfosear su carlismo en nacionalismo (primero restringido a Vizcaya y luego ampliado a Guipúzcoa, pero nunca a Álava ni mucho menos a Navarra), le pareció que sólo podía justificar su pretensión independentista si la basaba en la raza (además de en el integrismo religioso, en contraposición al pecaminoso liberalismo de Madrid), y por eso patentó el nombre de Euskadi. Antes de Sabino Arana y su topónimo, nadie pensó el País Vasco como nación.
En definitiva, que, por muy abertzales que se sientan los futbolistas al exigir la denominación de Euskal Herria, la única que ha tenido un significado político en la Historia es, precisamente, la de Euskadi, que luego el PNV introduciría en 1979 en el Estatuto de Gernika. Euskalerria nunca pasó de ser un concepto filológico. De hecho, euskalerriacos se llamaban los miembros del grupo del naviero Ramón de la Sota, que se unieron al partido recién fundado por Arana aportándole su ideario, mucho más moderado y cultural, fuerista pero no separatista, y, dicho sea de paso, suministrando el impulso definitivo y crucial para la implantación social del PNV. A ver si va a ser que los futbolistas de la selección vasca les han querido rendir un homenaje.
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Kiko Rosique
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