Inyecciones de liquidez
15.10.08 @ 10:36:23. Archivado en Economía
Apreciados lectores, si son ustedes de natural empático y suelen contagiarse de las sensaciones de sus semejantes, acaso les convenga saber una cosa. A partir de hoy y hasta fin de año, todos los miércoles y ningún otro día más que los miércoles, mientras ustedes se sirven de esta página para amenizar su estancia en el retrete y/o para clausurarla sin dejar huellas, mil millas a sotavento el BCE estará aplicando una inyección de liquidez al sistema financiero.
Los digestólogos han tardado en acertar con el diagnóstico. Parecía imposible que un organismo que exhibía tal facilidad para ir al baño fuera a acabar padeciendo estreñimiento. Durante años, apenas tuvo que ingerir bienes tangibles para derramar una copiosa lluvia dorada que salpicaba a todo el mundo. La vil sustancia fluía alegremente anegando el clamor de los radicales contra el capitalismo nauseabundo y la mierda de la globalización. Chapoteábamos en una bacanal coprofágica que habría quitado el hambre al mismísimo Pasolini, y gozábamos de nuestra Sodoma confiados en que no duraría 100 días sino por lo menos 100 años. Una formidable diarrea crónica.
Sin embargo, una mañana, el sistema dejó de producir. Los primeros síntomas de estipticidad no alarmaron a los doctores, que pensaban que con darle unos kiwis las aguas mayores volverían a su cauce. Nada de eso: el chorreo incontinente de antaño se había quedado en una triste aerofagia, una esforzada ráfaga de sordas ventosidades. Se intentó devolver la confianza al sistema estimulándole el colon con suaves masajes, pero pronto quedó claro que sólo se daría por aludido con un buen tacto rectal. Durante unos días, cada paso por el retrete se convirtió en un drama. Se incubaba la catástrofe, la gente estaba cagada de miedo y parecía que todo se iba a tomar por culo.
Al final, los expertos en los oscuros recovecos del mondongo han cortado por lo sano. Han recetado al enfermo un enema semanal para inyectarle la liquidez que necesita y han tirado de la cadena para evacuar los laxantes tóxicos que le habían llevado al borde de la descomposición. Su primera reacción ha sido prometedora. Ya sólo falta que los médicos comprendan que más vale prevenir que curar y no lo encomienden todo a la Sanidad pública, siempre gratis y disponible. Que admitan que hay cosas que no se pueden dejar al albur de las vísceras y que, en definitiva, es muy recomendable regularse el intestino.
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Kiko Rosique
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