Los bancos, únicos responsables de sus riesgos
08.10.08 @ 11:53:55. Archivado en Economía
No es un problema cuantitativo, que se pueda resolver si el Fondo de Garantía de Depósitos asegura 100.000 euros por titular y entidad bancaria en lugar de 50.000 o solamente 20.000. Lo inaudito es el disparate lógico que subyace al mecanismo de negocio de la banca tradicional. Resulta que, en una relación profesional que consiste básicamente en que A contrata a B para que le guarde el dinero, y en la que B le cobra por ello (comisiones de todo tipo, hasta por mantenimiento de la tarjeta de crédito, como si hubiera que darla de comer, a cambio de un interés por cuenta corriente que rara vez llega al 0,1%), se permite que B arriesgue ese dinero por su cuenta, y luego se quede con toda la plusvalía si le va bien y no tenga obligación de devolver a A hasta el último céntimo si equivoca las inversiones.
La protección del ahorrador frente a la posibilidad de que su banco quiebre no puede solucionarse con cargo al erario público, al que contribuimos todos, ni ponerse en marcha con carácter excepcional y mediando una intervención mesiánica del poder político en las coyunturas en las que hay que tranquilizar a los ciudadanos para evitar que se pasen a bancos extranjeros o arruinen el sistema cobijando su dinero en el calor hogareño de la baldosa o el calcetín. Tiene que estar prevista de antemano, con carácter permanente, y correr exclusivamente de cuenta de los bancos, que son quienes arriesgan el dinero que otros les han confiado y quienes se lucran con las inversiones.
Si hasta ahora las entidades financieras debían detraer una ínfima parte de sus descomunales ingresos (en torno al 0,5 por mil) para proveer el Fondo de Garantía de Depósitos que aseguraba aquellos míseros 20.000 euros, parece una idea al alcance de cualquiera obligarlas por ley a multiplicar dicha contribución por 10 o por 20 (aun en este último caso, sólo les supondría un 1% de sus ingresos) y así garantizar al cliente una protección total y vitalicia ante la eventualidad de una quiebra.
Es no sólo una cuestión de justicia, sino también de pura lógica empresarial, que los bancos, sacrificando un pequeño porcentaje de sus beneficios, se hagan responsables del dinero que tienen encomendado y asuman íntegramente el riesgo de unas inversiones que los ciudadanos en ningún momento les han autorizado a emprender con sus ahorros.
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Kiko Rosique
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