Lo peor para el PP, lo mejor para Gallardón y para España
16.01.08 @ 03:49:57. Archivado en Partido Popular
¿Puede un partido que, según las encuestas, empata o pierde por poco con su rival a dos meses de las elecciones desprenderse del político mejor valorado de España? ¿Puede un partido que quiere acaparar tanto el apoyo de la derecha conservadora como el del centro liberal y laico prescindir de una figura cuya inclusión le granjearía muchos votos del segundo, más el de algún socialista desencantado, y cuya exclusión no le va a aportar más de la primera, que se los iba a conceder igual? ¿Puede un partido que quiere zafarse de la etiqueta de derecha extrema que le intentan endosar sus adversarios servirles en bandeja el mensaje de que (aunque los hechos se deben, sin duda, a rivalidades personales internas más que a cuestiones ideológicas) los más radicales tienen el control y el cacareado giro al centro es una simple quimera? Parece imposible pero sí, el PP ha ejecutado esta triple maniobra contra cualquier lógica electoral y los propios cálculos de sus militantes, que, según publicó El País, daban por hecho que Alberto Ruiz-Gallardón estaría finalmente en las listas. Y, encima, al día siguiente del fichaje de Manuel Pizarro, cuyo efecto, tuviera la magnitud que tuviera, ha quedado amortizado en apenas unas horas.
Es humanamente comprensible que Mariano Rajoy mirara con recelo la ambición del alcalde de Madrid y sus ínfulas de verso suelto, que le incomodara su aspiración a sucederle y que le inquietara que su autoridad en el partido pudiera quedar en entredicho con la sombra de un líder tan carismático como Gallardón, pero todas estas consideraciones pertenecen a un ámbito ajeno a la aritmética electoral. Rajoy no iba a ganar ni a perder votos por ser más duro o más blando, ni por ir acompañado en la candidatura por un delfín independiente, individualista, supuestamente traidor a su partido o con vocación de presidente del Gobierno. Ahora puede estar seguro de que es el único líder visible, pero esa capitanía exclusiva no le servirá, si pierde las elecciones, de nada más que para pegarse el trastazo él solito.
Según las simpatías y antipatías que despertaba Gallardón, un sector del electorado popular ha celebrado con alborozo la decisión de Rajoy y el otro la lamenta amargamente. La diferencia es que, mientras los primeros no iban a cambiar su voto si el alcalde de Madrid no hubiera sido excluido de las listas, los segundos sí podrían tomarse la revancha sumergiéndose en la abstención o votando a UPD. Por la misma razón es tan pueril que los seguidores del PP señalen, como prueba de la inconveniencia de dar cancha a Gallardón, el que caiga bien a los militantes y periodistas de izquierdas, en vez de preguntarse cuántos de sus votos podría robarle al PSOE.
Resulta paradójico que, ahora que la derecha española se propone tomar como modelo a la francesa, el PP se haya cargado al dirigente que, por inteligencia, personalidad, carisma, individualismo, juventud, capacidad de hacer guiños a la izquierda y seducir a sus potenciales votantes... e incluso soberbia y narcisismo, más se parece a Nicolas Sarkozy. Al final, Rajoy no ha querido mirarse en el espejo que le pone día tras día El Mundo y, en el enfrentamiento directo y fratricida entre este periódico y la Cope, por un lado, y el ABC, por otro, para situar a sus respectivos candidatos en el puesto de mando del partido, se ha quedado con los del primer bando, infinitamente menos atractivos para los ciudadanos y representantes de la vieja guardia conservadora, con todas las connotaciones negativas que lleva aparejado el ser antiguo y el ser conservador.
El PP se ha suicidado de la manera más estúpida con las pistolas del duelo entre Esperanza Aguirre y Alberto Ruiz-Gallardón. La diferencia entre ambos, aparte de la sideral ventaja intelectual del segundo, es, una vez más, que la primera no habría aportado al partido ni un voto más que los que ya espera Rajoy, y Gallardón sí podría haber llevado un plus de sufragios de ciudadanos moderados pero no ultraconservadores ni ultraliberales a las arcas de su formación. En todo caso, si se trataba de incluir a los dos o a ninguno, la primera opción era incomparablemente más sensata cuando nada hace peligrar la hegemonía del PP en el Ayuntamiento ni la Comunidad de Madrid.
Ahora bien, lo que va a suponer la perdición para el Partido Popular podría terminar siendo una bendición para el propio Gallardón que, una vez se le pase el berrinche, supongo que reconsiderará su precipitada decisión de abandonar la política. Aun con él en las listas, el PP lo tenía más bien difícil para ganar las elecciones (el virtual empate que reconoció la semana pasada el Pulsómetro de la Ser parece más bien una estrategia para movilizar al electorado socialista y evitar que se confíe), y su aureola de imbatibilidad se iba a ver de algún modo afectada por la derrota. Sin él, los potenciales votos de centristas laicos que se conviertan en abstenciones y las potenciales abstenciones de socialistas desencantados que reviertan otra vez en el PSOE como mal menor se bastarán para decidir unas elecciones que dependen de un puñado de indecisos y nuevos electores. Y, si, a pesar de todo, el PP consiguiera un número suficiente de escaños para gobernar, la deriva derechista en que se traduce esta purga haría que el eventual pacto de legislatura les resultara mucho menos apetecible a unos nacionalismos moderados que también valoran más la liberalidad de Gallardón (muy bien relacionado, sobre todo, con Barcelona) que el centralismo a veces visceral de los que han triunfado en la pugna interna.
En estas circunstancias, la segunda derrota consecutiva significará la sentencia de muerte para Rajoy, Acebes y Zaplana. Un partido político tiene como única razón de ser acceder al poder para repartir cargos y prebendas entre sus militantes, y, tras ocho años en blanco, será inevitable que se abra en su seno una reflexión interna que termine volviendo los ojos hacia la baza desaprovechada, la figura que muchos consideramos el mejor activo del PP y el político de primer nivel con más categoría para ser presidente del Gobierno. Entonces, Alberto Ruiz-Gallardón tendrá la oportunidad de construir el partido a su gusto y con su gente, cosa que no habría podido hacer aunque en marzo hubiera logrado acta de diputado y cumplido su sueño de saltar a la arena nacional. Ese día, el PP se convertirá, por fin, en la formación de centro-derecha moderna, flexible y estrictamente laica que España necesita desde hace años. Lo peor para el PP de cara a las elecciones de 2008 podría ser, plausiblemente, lo mejor para el defenestrado del 15 de enero. Y también lo mejor para nuestro país.
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Tengo amigos en el aparato del pp que están divididos. La mayoría (hablo desde Madrid) asumen la idea de que Gallardón es un trepa, amigo de Polanco (dep) y desleal. Otros le ven como un animal político (zoon politikon) que aseguraría bastantes votos al partido y que es lo suficientemente listo como para saber que no tiene ninguna posibilidad de encabezar el partido.
No creo que gane el PP y si lo hace no será por mayoría absoluta (si no hay grandes cambios de última hora), así que los pactos los tiene en su mano el psoe.
Pero para no enrollarme mucho más sólo te diré rapidamente para que te animes que el PP ahora mismo está en las puertas de la mayoría absoluta en marzo. Respeto mucho a la gente que se dedica a reflexionar sobre lo divino y lo humano, pero no hay nada comparable a la eficacia de los números, y las estimaciones de voto más realistas están dando una ventaja abismal del PP. Así que con suerte, igual de quien nos libramos es de Zapatero.
En cuanto a tu texto de hoy ya te digo que me pa...
Ese sí que defiende a la familia.
Me sorprende que todavía quede gente concienciada de que la política es importante.
En fin, parece claro que (como "prueba del 9"), si son los anti-peperos los que lamentan la caída de Gallardón, esto ya indica algo sobre la bondad de la decisión.
¡Espero que hayas descansado y no hayas tenido pesadillas con Luis Aguilé!
Hay que ver de lo que son capaces cuatro ateos y resentidos que no representan a nadie cuando de mano de las logias acaban todos en puestos de influencia.
El estado debe representar a la sociedad. Y España es hasta la médula una nación cristiana. No una logia de masones.
Así son las cosas.
[Y me basta el aspecto cultural del cristianismo, no el de la fe religiosa teologal.]
No le he leído, pero supongo que como es un perro que come de la mano del Rojito (Alfonso) se referirá a Vampirón. Pues siga dando esas muestras de ignorancia y moldeabilidad. Siga, siga.
Una de la mayores fortalezas del PSOE últimamente han sido la de los sucesores de Rajoy, Rato y Gallardón que este último ha alimentado sabiendo que dañaba a su partido por su ambición.
Gallardón obtuvo en Madrid capital menos votos que Esperanza Aguirre. Le valoran sobre todo los que nunca votarían al PP
Esperanza tampoco irá en las listas luego lo que es la sucesora es de coña pero lo repite la izquierda continuamente. No estaría en el congreso
La SER daba empate técnico en el 2000. Está bien que reconozca que la SER no es más que un instrumento de propagand...
La izquierda controla los medios de difusión nacional con más penetración las teles: 1, la2, mediaA3, Cuatro, T5 y la Sexta y los ciudadanos que pasan del tema opinan lo que oyen.
Gallardón viene de AP
Acebes y Zaplana vienen de UCD
Esperanza Aguirre de UL
Es una repugnante mentira de la secta lo de la extrema derecha a la altura de cuando decían que la derecha quitaría las pensiones y pondría a todas horas cuaras en la tele de tiempos de Alfonso Guerra.
Presidentes autonómicos y alcaldes NO VAN AL CONGRESO en el PP.
Se ve que el blogger, como tantos periodistas, están de permanente campaña.
El que se ha enfadado, el que se va si acaso (yo apuesto a que PRISA le monta un partido dentro de 4 meses) es Gallardón porque NO SE ACEPTAN SUS CAPRICHOS de niño mimado.
Las elecciones las ganan los líderes o los partidos, no las caras bonitas.
Sólo faltaba que hasta el PP fuese controlado por PRISA.
No creo que diera más votos al PP. Prueba de ello es que Espe arrasa tanto o más que él y se supone su antítesis (por cierto, Espe es lo más parecido a un político liberal que hay en España).
Y es una aberración y un insulto a la ciudadanía que el Alcalde de la ciudad más grande de España tenga tiempo para ser diputado.
La derrota de Gallardón es el fracaso de la OPA hostil del Imperio Prisa sobre el PP. Y es una gran noticia para los votantes del PP.
Presidentes autonómicos y alcaldes NO VAN AL CONGRESO en el PP.
Se ve que el blogger, como tantos periodistas, están de permanente campaña.
El que se ha enfadado, el que se va si acaso (yo apuesto a que PRISA le monta un partido dentro de 4 meses) es Gallardón porque NO SE ACEPTAN SUS CAPRICHOS de niño mimado.
Las elecciones las ganan los líderes o los partidos, no las caras bonitas.
Sólo faltaba que hasta el PP fuese controlado por PRISA.
El PP necesita un congreso de ruptura donde la dirección sea elegida por las bases y no por el sistema de "herencia". Lo que ha pasado estos dos últimos días pone de manifiesto quien sigue mandando en el PP o por lo menos quien inspira la política del PP.
Para aquellos que aun piensan que hay salida: www.upyd.es
......al tiempo lo fío.
¿Seguro?. Aún recuerdo cuando al flamante presidente autónomo de Madrid publicamente se le reprochaba no haber depurado..... .
¿No ha habido suficientes griteríos en contra de su moderación centrista desde los sectores más reaccionarios de la derecha?.
¿Acaso eso no conviene recordarlo?.
¡No!, la verdad está en que Rajoy nunca ha tenido opción de imponer sus criterios. Continuamente ha tenido que bailar al son que se le marcaba; y todos sabemos quién llevaba el compás.
Lleva años haciendo contrapolitica a su propio partido, y ademas es el alcalde de la ciudad del 11m, y va pidiendo "que hay que olvidar", pese a que no se ha aclarado quienes son los culpables. De traca.
Quedense con submarino Gallardon, el juguete roto del PSOE y PRISA. No tengo dudas que Albertito era el mas deseado por la izquierda española, precisamente por representar lo contrario que pretende defender el PP.
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Kiko Rosique
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