La Iglesia en el debate social
04.01.08 @ 11:13:11. Archivado en Religión
Cuando una multitud se manifiesta en la calle, lo único que viene a cuento es discutir sus argumentos. Si salieron cien mil o dos millones de personas, si su espíritu fue constitucional o no, si el PP la apoyó para desgastar al Gobierno o si el PSOE reaccionó contra ella para movilizar al electorado de izquierdas, son, todas ellas, cuestiones menores, que pueden coexistir tanto con la veracidad como con la falsedad del mensaje de los manifestantes. Lo esencial de la concentración en defensa de la familia tradicional y el cruce de declaraciones subsiguiente es que la Iglesia quiere tomar parte en el debate social y tiene, por supuesto, todo el derecho a ello. Pero, como a cualquier otro sujeto o colectivo que pretenda hacerlo, tenemos que exigirla que razone sus argumentos y los exponga a la discusión pública sin hacerse la víctima alegando que las críticas son un ataque a su libertad de expresión, que nadie ha puesto en duda.
En este sentido, el gran hándicap que tiene la Iglesia para que la tomemos en serio como interlocutora en el debate de ideas es que parte de la escurridiza premisa de Dios. La pastoral que convocó a la concentración del día 30 aseguraba que Dios imprimió su plan sobre la familia en la naturaleza humana, y de ahí nacen todas sus críticas al matrimonio homosexual y el divorcio, aunque hayan tratado de disimularse bajo la capa más mundana y racionalmente aceptable de "las familias", "la mayoría social" o "el sentido común". Las polémicas sobre el aborto y Educación para la Ciudadanía tienen más aristas que limar, pero los otros dos caballos de batalla de los católicos se fundamentan exclusivamente en la presunción de que Dios existe, ha dejado una impronta de su voluntad en la naturaleza humana y la Iglesia es el intérprete exclusivo de tal código.
Y claro, aun si aceptáramos la dudosa hipótesis de la existencia de Dios, una de dos. Si su plan sobre las familias quedó impreso en la naturaleza humana a través de las diferencias biológicas entre hombre y mujer, habrá que deducir que otro par de apartados de ese mismo plan diseñaron la homosexualidad y el divorcio, al implantar en muchas de sus criaturas deseo hacia los congéneres del mismo sexo o una capacidad amatoria finita o plural. Y si, por el contrario, la presencia del mal en el mundo sugiere que Dios, o no puede intervenir porque no es omnipotente, o no quiere porque no es misericordioso, o no lo hace porque nos otorgó el don de la libertad con la intención un tanto rastrera de pedirnos cuentas un día, tendremos que suponer que tampoco ha impartido directrices en la cuestión infinitamente más trivial de con quién nos apañamos en el ínterin y por cuánto tiempo. En último caso, si estas líneas sólo demuestran la incapacidad del humano escribiente para entender a un ser superior, desde luego es una limitación igual a la de quienes, autodesignándose sus portavoces exclusivos, nunca han podido resolver el dilema del origen del mal, y en muchos otros temas (geocentrismo, creacionismo, primacía de la lengua hebrea, quema de brujas e infieles) han demostrado que su comprensión es la de hombres de una época determinada y no la de receptores de un mensaje eternamente válido como sería el plan divino.
Aunque sus postulados no tengan nada que ver con la ignota voluntad de Dios, los católicos pueden, por supuesto, manifestarlas, hacer proselitismo o escenificar una demostración de fuerza en la calle con estrella vaticana invitada siempre que lo consideren oportuno o estratégicamente favorable a sus intereses. No sé cuántos seguirían defendiendo la misma estructura familiar si no creyeran que se debe a un designio divino, pero pueden hacerlo. Lo que no pueden es decir que no pretenden imponer su testimonio, sino que éste sea "comprendido y aceptado", como afirmó Rouco Varela en El Mundo en vísperas de la convocatoria, cuando a ninguna familia tradicional se le ha negado su derecho a ser heterosexual, criar progenie y permanecer unida hasta la muerte.
Es de traca que las organizaciones católicas acusen al Gobierno de pretender imponer su "pensamiento único" en la concepción de la familia, precisamente por dejar abiertas otras posibilidades ajenas al pensamiento único que, como es natural, se sigue de la creencia en un dictado divino que ha de obedecer todo el mundo. Para empezar, las bodas entre homosexuales, el divorcio y el aborto son manifestaciones de tres fenómenos completamente diferentes, cuya unicidad se limita a que todas se oponen a la idea católica de familia. Pero es que, además, no hace falta ser un as en lógica para darse cuenta de que, para desarrollar un pensamiento único equivalente al que sostienen los católicos, los gays tendrían que exigir que uno tuviera que hacerse homosexual para poder validar a efectos civiles su matrimonio, los partidarios del divorcio que todas las parejas tuvieran que separarse antes de tiempo y los proabortistas que todos los embarazos tuvieran que interrumpirse liquidando al embrión. Permitir que quien quiera tenga una familia tradicional, y, quien no se adapte a sus requisitos, otra a su medida, no es pensamiento único, por la misma razón por la que Occidente no es integrista por oponerse al integrismo islámico.
Como es evidente que el que los homosexuales se casen, muchas parejas se divorcien o bastantes mujeres aborten no afecta en nada a la dicha y bienestar de los matrimonios heterosexuales, las parejas que felizmente duran toda la vida y las familias que crian a sus hijos hasta que logran echarlos de casa, las organizaciones católicas han alumbrado la ocurrencia de que tales aberraciones dañan "la institución de la familia". No alcanzo a comprender qué tipo de sufrimiento puede experimentar una institución social ni qué perdería la Humanidad si aquélla diera paso a otras (también la institución del feudalismo y otras muchas casi tan milenarias como la familia quedaron arrumbadas y nadie las echa en falta), pero además, en este caso concreto, la familia como fenómeno sólo se vería cuantitativamente menoscabada (que no cualitativamente) por el divorcio exprés. El que una mujer aborte no va a disminuir el número de familias y la apertura de la institución a los homosexuales incluso le aumentará. Así que, como ya expuse en otro artículo más detallado sobre el matrimonio gay, resulta evidente que los manifestantes del otro día no defendían a la familia como tal, sino su pureza; exactamente igual a como los nazis aborrecían de que la pureza de la raza alemana se viera desnaturalizada por la incorporación de los judíos.
En realidad, da la impresión de que las cuatro bestias negras de la manifestación organizada por mi tocayo Argüello sólo tenían que ver entre sí que no se corresponden con el plan que la Iglesia cree que alumbró un Dios que, de acuerdo con nuestros criterios de conocimiento habituales, ni está ni se le espera. Se mezclan dos decisiones personales que no perjudican a nadie (divorcio y matrimonio gay) con otros dos temas que sí afectan a un tercero, el hijo, y cuya elucidación se enmarca, por tanto, en los derechos del individuo, mucho más tangibles e indiscutibles que los de un ente abstracto como la familia.
Del derecho del niño a la educación, del de los padres a educarle y de Educación para la Ciudadanía ya hablé en su día, mientras que, en relación al tema del aborto, el único punto que hay que discutir es qué hace humano al ser humano y, en consecuencia, desde qué momento se puede considerar como tal al embrión. A este respecto, valdrían muchos de los argumentos que ya expuse en relación a la investigación con células madre, pero no todos, porque ésta utiliza embriones de menos de 14 días y el aborto se practica en cualquier momento de la gestación. Si convenimos en que la esencia de la persona es el pensamiento, sólo podremos considerar humano al embrión desde que desarrolla el cerebro; si lo es su código genético, el embrión sería una persona completa desde la fecundación, pero, dado que dicho código permanece después de la muerte, también deberíamos mostrarnos mucho más cuidadosos de lo que somos con los cadáveres. A falta de un criterio indiscutible, yo sería partidario de limitar el aborto a los tres supuestos tradicionales a partir del momento en que el embrión termina de desarrollar su sistema nervioso y se convierte, si no en una persona, al menos sí en un animalillo susceptible de sufrir dolor físico. Eso sí, no deja de sorprenderme que los católicos que se manifestaron el día 30 no vean ninguna incoherencia en clamar que los padres no tienen ningún derecho sobre la vida del hijo cuando no está claro si éste es una persona y en cambio sí lo tengan sobre su mente, a través del monopolio sobre su educación, cuando ya no hay duda de que lo es.
Comentarios:
"La religión no es conclusión de un raciocinio, ni exigencia de la ética, ni estado de la sensibilidad, ni instinto, ni producto social.
La religión no tiene raíces en el hombre" (Sucesivos escolios a un texto implícito - Nicolás Gómez Dávila)
Genjuanpa: dices que el ateísmo atenta contra la ciencia al negar algo sin pruebas. Eso me suena a Karl Popper, cuyo método de la falsabilidad me parece la forma más fiable que tenemos para aproximarnos a la verdad, a base de descartar mentiras. Pero Popper exigía que todo enunciado fuera falsable, es decir, susceptible de demostrar que es falso, y la existencia de Dios no lo es. A Dios se le ha refutado muchas veces en la Historia, cuando la fe se acompañaba de enunciados falsables como los que cito en el artículo (geocentrismo, creacionismo, primacía cronológica de la lengua hebrea) y, si me apuras, cada vez que una oración no ha funcionado. Pero decir simplemente que "existe", aunque no dé pruebas de ello, es un enunciado que no se puede verificar. Por eso, por prudencia (no por deseo), prefiero refugiarme en la humilde neutralidad del ateísmo. Un saludo.
En nada. Los dos se apoyan en la existencia de un DIOS inventado por los hombres.
Entonces...que buscan las religiones?
Ahora ALÁ, manda que sus fieles se "suiciden" en ua lucha contra los infieles y antes, los cristiano-católicos, quemaban a todo aquel que no pensaba como ellos.
Las religiones son el peor sistema de lavado de cerebros que ha asolado la racionalidad humana.
En nada. Los dos se apoyan en la existencia de un DIOS inventado por los hombres.
Entonces...que buscan las religiones?
Ahora ALÁ, manda que sus fieles se "suiciden" en ua lucha contra los infieles y antes, los cristiano-católicos, quemaban a todo aquel que no pensaba como ellos.
Las religiones son el peor sistema de lavado de cerebros que ha asolado la racionalidad humana.
Alabado sea Dios.
Porque para los católicos única y exclusivamente será el reino de los cielos,el paraiso y todos los demás epicúreos, manjares prebendas y otras pamplinas y chuminadas de lo absurdo, abstracto e intangencial al efecto.
Y siempre les hago la misma pregunta, de manera honesta créeme, y todavía no he encontrado respuesta:
Tu me dices muchas cosas con "autoridad". Y Jesucristo me dice otro montón más de cosas con autoridad también, pero contrarias a las tuyas.
¿Serías capaz de darnos razones razonadas - perdón redundancia- de por qué alguien debería poner su fe en tí y no en Jesús?. ¿Por qué, enfrentados a dos opiniones, la tuya y la de Cristo, deberíamos elegir la tuya?.
Es una pregunta honesta.
___
Qué diícil es dialogar con estos laicistas. Parecen incapaces de escuchar a quienes no piensan como ellos.
El Testimonio no se impone, y tampoco las ideas. Lo que sí obviamente se quiere - como quiere el PSOE o CIU o el PP- es postular un pensamiento, convencer, y hacer de él una especie de "norma social" a través de las leyes.
Eso es democracia. Por supuesto los católicos queremos una España donde se prime a la familia cristiana - su modelo- y sea exaltado como el mejor (todos conocemos que hay dolorosos fracasos). Después, como siempre, cada uno hará lo que quiera.
¿Por qué va a hablar todo el mundo y nosotros callar?. No estamos en la II República, ya no hay terror, hay libertad.
En estas cosas debe ser el pueblo el que decida qué debe presuponerse como hipótesis: Negar a Dios o afirmarlo.
Por sentido común es más racional la Fe que el Ateísmo, puesto que éste último atenta contra la ciencia al negar algo sin la más mínima prueba.
En cualquier caso sería bueno un referéndum y preguntar al pueblo si "España debe ser considerada una nación de tradición católica, y que ésto se recoga en su ordenamiento jurídico". Obviamente esto implica el respeto a las minorías, pero, como democracia, debe imperar el sentir de la mayoría.
Hacemos ese Referendum y nos quitamos el nuevo problema que ha traído ZP y sus masones asociados.
Las "razones" esas que pides las encuentras en una lectura profunda y meditadísima de todas las Sagradas Escrituras, el Magisterio de la Iglesia - Concilios, encíclicas etc-, la Tradición viva etc.
El Catecismo te puede servir de resumen.
Esas, créeme, son las "razones" que tienen los ciudadanos católicos para poder hablar y dar su punto de vista, y exigir - como otros- que se atienda su voz.
Leerle no es solamente un placer, sino la sensación de descubrirse así mismo con las ideas y el ordenado pensamiento para saber discernir lo correcto del tema que tratamos.
Una vez más tengo que felicitarle, por su implacable ecuanimidad objetiva. Sin duda y como Vd dice: “Los otros dos caballo de batalla de los católicos se fundamentan exclusivamente en la presunción de que Dios existe, ha dejado una impronta de su voluntad en la naturaleza humana y la Iglesia es el intérprete exclusivo de tal código”
Por ello, y por su exclusividad, es mucho más sospechosa la Iglesia con su postulados, que los supuestos pensamientos libres del laicismos.
Esperemos que su paso por el gobierno de la nación sea tan solo un mal sueño.
Saludos.
Espero que no pierda la costumbre de utilizar los medios que le brinda la modernidad, prensa, radio, telivisión, concentraciones y las homilías de siempre para defender las ideas, principios, moral y ética cristianas. Asimismo les ruego que estudien la forma de autofinanciarse para perder la conexión con el estado y poder así hablar cuendo es necesario y chillar cuando lo sea. Todo menos callar, porque son ellos los garantes de todas las virtudes que preconiza la palabra de Jesucristo.
Saludos, gracias y buena suerte.
Quien coño habla de amor ahora en el matrimonio, se habla de compromiso, de responsabilidad, de cumplimiento de contrato, de......Las demás uniones serán correctas o no, pero no son matrimonios, son.....
No señor lo que está a debate no es la Iglesia, cuando quieran sacarla a debate que lo hagan, a ver quien es el valiente (será Llamazares con su salida de tono, o el presidentucho que no fue caàz de hablar claro, como siempre. Es que estos chicos no saben un carajo de lo que es la Iglesia, lo que es el Cristianismo como religión, independiente de su Iglesia y no hacen más que desbarrar).
Gracias doy a la Iglesia Católica, en mi nombre y en el mucha gente de mi entorno, por salir de una vez al paso de las tropelías de los políticos oportunistas y electoralistas. Espero que no pierda la costumbre de utilizar los medios que le brinda la modernidad, prensa, radio, telivisión, concentraciones y las homilías de siempre para defender las ideas, principios, moral y é...
Pero en un sistema democratico la legitimidad emana de la decisión popular y esta puede estar en lo cierto ó equivocarse pero tiene legitimidad para imponerla a traves de las leyes que libremente se aprueben.
El problema para los catolicos es que las leyes estan basadas en acuerdos parlamentarios y no en la Biblia.
Intentar gobernar a traves de la Biblia nos llevaria a una situación de dictadura taliban catolica.
Lo que pasa es que la Iglesia se ha quedado sola defendiendo el sentido común.
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Kiko Rosique
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