Por alusiones (Aclaraciones a mi artículo contra la teoría conspiratoria)
25.09.06 @ 11:23:46. Archivado en 11-M
La expectación latió dentro de mí el jueves pasado, cuando vi en la portada de Periodista Digital un subtítulo que rezaba “Algunos columnistas de El Mundo se ríen de la teoría conspiratoria”. En las ansiosas décimas de segundo que tardé en pulsar el link para enterarme del nombre del atrevido felón sobrevolaron mi mente Javier Ortiz, Antonio Gala, Arcadi Espada. Se comprenderá el susto que me llevé al encontrar en su lugar la reproducción del artículo que yo había publicado el día anterior en El Mundo de Castilla y León.
Reconozco que la reseña firmada por Arturo Posada me halagó, y me sorprendió gratamente que su blog Gacetillas tenga en cuenta a la prensa regional. Sin embargo, los comentarios que hace en relación a mi artículo me obligan a matizar algunos puntos. Sirva ello como coartada para retomar por alusiones estas Bagatelas en solfa después del paréntesis veraniego y de unos días de reflexión sobre cómo plantear la nueva temporada para que el blog sea llevadero, constante y uniforme en cuanto al día de publicación.
Comienzo aclarando que, pese al título del post de Arturo Posada, nada más lejos de mis intenciones que reírme de nada. Cualquiera que leyera los extractos que cita de mi artículo se daría cuenta de ello. Para empezar, sería bastante pretencioso menospreciar desde una simple columna el trabajo de unos profesionales que cotejan minuciosamente un sumario o se pelean una entrevista con un procesado. Pero es que, además, me resultaría un tanto embarazoso reírme de unos periodistas que conozco desde mis tiempos de becario en la sección de Opinión de El Mundo y a quienes voy a seguir viendo la cara cuando vaya de visita a la redacción.
En realidad, todos los logros del periodismo de investigación me parecen admirables, y más en este caso en que están proveyendo a la sociedad de unos elementos de juicio a los que de otro modo no habría tenido acceso. No me cabe duda de que en todo lo que rodea al 11-M quedan cuestiones por aclarar, y sería muy conveniente resolverlas todas. Interpreta Arturo Posada que con esas palabras me estoy "curando en salud, consciente de dónde publico", pero creo que tengo derecho a que, cuando menos, se deje abierta la posibilidad a que realmente opine así. Una prueba de que soy sincero podría ser que, en mi artículo “¿Una constelación de agujeros negros?”, publicado no en El Mundo sino en este blog, y del que la columna que cita Posada es casi un extracto, mi planteamiento es exactamente el mismo.
De igual modo, niego terminantemente que la frase de "Si les mueve la honestidad intelectual, el servicio a un partido o la rentabilidad económica, a mí me da igual" constituya ningún tipo de "pulla oculta". Con ella, simplemente contesto a quienes han acusado a El Mundo de inventarse la teoría de la conspiración para vender periódicos o teledirigir la estrategia de oposición del PP. Y declaro que, aunque eso fuera así, mientras las revelaciones sean ciertas serán positivas para la sociedad. Es lo que pone en mi artículo; no veo qué subterfugio malicioso puede sacarse de mis palabras.
Obviamente, lo que no admito es que de dichas revelaciones se pueda concluir (todavía) la existencia de una conspiración. Pero tampoco creo que mi artículo "desmonte" esa posibilidad, ni que gracias a él la teoría de la conspiración quede desacreditada, como afirma el autor de Gacetillas en dos momentos de su reseña. Entiendo que el que un columnista de El Mundo adopte esta posición pueda resultar noticioso, pero mi condición no me da más autoridad que a ningún ciudadano de a pie para desacreditar algo que publique mi periódico, por la sencilla razón de que mis reflexiones no se apoyan en un conocimiento superior de las investigaciones en curso ni de sus motivaciones que el que pueda tener cualquier otra persona.
Pero, sobre todo, es que el planteamiento de mi artículo no pretende desmontar ninguna teoría. Mi artículo, de hecho, reproduce la mecánica de la propia teoría de la conspiración, que tampoco rebate la versión oficial del 11-M. La teoría de la conspiración se basa en que determinadas actitudes de algunos sospechosos, de algunos mandos policiales o del Gobierno actual no encajan con lo que cabría esperar si la versión oficial fuera cierta. Pero tal sospecha no equivale a refutar la versión oficial. Eso es lo que he intentado poner de manifiesto con mi artículo, señalando "los agujeros negros de la teoría conspiratoria", los detalles que, si de verdad hubiera habido una conspiración, presumiblemente habrían tenido lugar de otra manera.
No obstante, es perfectamente posible que Otegi disimulara cuando preguntó a una fuente de la banda terrorista ETA si habían sido ellos, y también que la mochila de Vallecas fuera una prueba falsa puesta de forma chapucera, y que un puñado de policías socialistas y corruptos se la metieran doblada al PP y a sus propios compañeros. Tan posible como que Sánchez Manzano se equivocara tres veces en el Congreso de los Diputados, que los terroristas islámicos se suicidaran a la segunda y sin provocar una masacre, o que la dos caravanas de la muerte coincidieran en la misma fecha. Por eso, ni la versión oficial ni la teoría de la conspiración han quedado desacreditadas. La vida casi nunca sucede de manera coherente, hay un montón de contingencias que escapan a lo previsible y no es lícito apropiarse de ellas como si respaldaran por sí solas la interpretación contraria. Sólo cabe seguir investigando y demostrar las cosas.
A todos nos gusta la aureola de periodistas independientes e insobornables, capaces de ir contra corriente e incluso contra el medio de comunicación en que escribimos. Pero, honestamente, no creo que mi artículo sea demasiado revolucionario; en realidad, concuerda bastante con una idea que repiten a menudo los editoriales de El Mundo: no presuponemos nada, sino que exigimos que se siga investigando.
Lo único que combatía mi artículo es la ligereza, la falta de sentido crítico y el fanatismo con los que "ciertos líderes de opinión y sus forofos" dan por supuesta una conspiración que está muy lejos de ser demostrada, ya sea en contubernio con ETA o con los Cuerpos de Seguridad del Estado. La desean tanto que se la creen a pies juntillas, basados en una especie de maldad consustancial a los socialistas que ya habría quedado demostrada en el Caso GAL. Les da igual que aquel escándalo lo protagonizaran unos individuos y ahora otros, que entonces el partido lo dirigieran unas personas y ahora otras, que antaño fuera una guerra contra ETA y ahora una colaboración con ella, y que entre medias hayan transcurrido ocho años de gobierno popular y los consiguientes relevos en los altos cargos policiales; sea como sea, de algún modo ha de permanecer el Mal encarnado en las siglas PSOE. Esto es un despliegue patológico de borreguismo y estupidez que está calando peligrosamente en la sociedad española.
Arturo Posaba se preguntaba malévolamente si, entre otros, me refería a El Mundo o a Pedro J. Ramírez. Pero yo a Pedro J. no le definiría como un "líder de opinión" con "forofos". Y, como tampoco puedo saber qué piensa o insinúa acerca de los atentados del 11-M sin incurrir en un juicio de intenciones, no me queda más remedio que acogerme a su versión oficial, en la que aboga por seguir investigando hasta aclarar todos los cabos sueltos sin adelantar ninguna especulación. Una máxima, por cierto, con la que a menudo tiene que detener las campanas al vuelo de sus contertulios en la COPE, y con la que obviamente no puedo menos que estar de acuerdo. La única diferencia es que a mí me parece que las fantasías de algunos hooligans demuestran que ha llegado la hora de insistir también en la segunda parte de ese binomio, la de no dar por demostrada ninguna posibilidad.
La reseña del blog Gacetillas terminaba valorando la "gran autonomía" de que gozan los colaboradores de las ediciones locales de El Mundo. Por lo que a mí respecta, le confirmo que tiene toda la razón, y que mi director Óscar Campillo jamás me ha dicho una palabra en ninguna de las ocasiones en las que he creído necesario opinar en divergencia con la línea editorial del periódico en su edición regional o nacional. Creo que es una actitud que le honra y que, en efecto, lleva a la práctica esa bandera que menciona Posada y que yo también he visto ondear a Pedro J. Ramírez: la de que El Mundo tiene columnistas de todos los colores.
Sin embargo, en este caso no me parece que se trate de una cuestión de colores. No voy a pretender ser puro y transparente, carecer de toda premisa y partir de la total asepsia, pero el tono más marcado de mis "colores" es el racionalismo. Intento analizar cada polémica por sí misma, de forma independiente a la anterior y la siguiente, y me pongo del lado que me resulte más próximo a la racionalidad. A veces es uno y a veces el otro. En lo que respecta al 11-M, a día de hoy me parece que la teoría de la conspiración es irracional, pero, si se llega a demostrar que la policía falsificó deliberadamente informes para exculpar a ETA (de momento, la respuesta de Interior es verosímil, y la presencia de ácido bórico en un piso franco que la banda tuvo en Salamanca en 2001 no es en absoluto una prueba definitiva), o que el comportamiento nervioso y antinatural del Gobierno en todo lo que rodea a este caso esconde algo verdaderamente grave, yo seré el primero en aplaudirlo como un hito histórico del periodismo y en agradecer que nos hayamos enterado de la verdad.
Mientras tanto, leo con interés las diferentes revelaciones y las sopeso. Supongo que actualmente me parece más urgente poner el acento en un lugar distinto de donde lo pone El Mundo, pero, por supuesto, no me río de nada de lo que se ha publicado. No voy de réprobo, ni de enfant terrible, ni de héroe de la libertad de expresión, ante todo porque sería ridículo cuando en el periódico en el que escribo nunca me han puesto la menor cortapisa. Simplemente necesito que las conspiraciones me las demuestren, que no se limiten a tener cabida en el infinito mundo de las posibilidades. Si dentro de un rato, al volver de puente, pierdo la vida en la carretera, lo más probable es que sea por torpeza mía, por la de otro conductor o por una de las infinitas contingencias del azar que escapan a nuestro control. De modo que, por favor, piénsenlo dos veces antes de dar crédito al previsible titular: "Muere en extrañas circunstancias el columnista de El Mundo que criticó la teoría de la conspiración".
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
Kiko Rosique
autor
Contacto

