Rubalcaba, el más listo

Permalink 14.04.06 @ 16:51:35. Archivado en Gobierno Zapatero

Confieso que ardo en deseos de que llegue el día en que el presidente Zapatero o la vicepresidenta Fernández de la Vega hagan pública esa "intrahistoria" del nombramiento de Alfredo Pérez Rubalcaba cuya existencia dejó entrever el nuevo ministro al jurar su cargo el martes. Pero todavía mucho más de que el propio Rubalcaba reelabore un diario o componga un libro de memorias que serán a la Historia de la democracia española lo que fueron el de Azaña a la República y la Guerra Civil o los de Serrano Súñer y Dionisio Ridruejo al primer franquismo. Rubalcaba ha estado en todos los sitios, debe de saber lo que, literalmente, no está escrito, y en esta legislatura en concreto ha llevado las dos negociaciones más exitosas del Gobierno. Frente a la intranquilidad que les produce a Ángel Acebes y a Federico Jiménez Losantos tenerlo al frente de Interior, a mí me reconforta bastante saber que será él quien maneje el proceso del final de ETA. No porque me caiga más o menos bien o mal. Simplemente porque es el más listo.

Durante esta primera etapa de la legislatura ha sido un espectáculo ver a Rubalcaba en los debates parlamentarios más trascendentales: los de admisión a trámite de las reformas estatutarias del País Vasco y Cataluña y la comparecencia de Zapatero en la Comisión del 11-M. En los dos primeros, despachando un torrente de hábiles refutaciones, punto por punto, de los flancos débiles del discurso de sus contendientes, entre los que destacó sobre todo un brillantísimo Josu Erkoreka. Y, en la Comisión, empatando el mejor duelo Eddie vs. Freddie que yo recuerdo ante un Eduardo Zaplana (amigo personal de Rubalcaba, por cierto) que supo remontar la debilidad de las posiciones de su partido en este tema con un elogio cordial y envenenado a su homólogo socialista en su último turno de preguntas.

Pero, en cualquier caso, siempre acumulando datos y argumentos bien trabados, uno tras otro y sin caer en divagaciones ni en la demagogia, a diferencia de la mayor parte de los oradores parlamentarios, empezando por el propio presidente del Gobierno. En los debates de admisión a trámite del Estatut y el Plan Ibarretxe, resultaba francamente descorazonador adivinar que, después de que Rubalcaba hubiera sellado la discusión como portavoz del grupo mayoritario con una intervención redonda, todavía tendría que subir al estrado Zapatero para dejar entrever con sus balbuceos, sus simplicidades y su palabras vacuas que la cuestión no era tan clara como había parecido unos minutos antes. Y, en la Comisión del 11-M, Rubalcaba formulaba a su presidente unas preguntas tan mascadas que a éste no le quedaba otra cosa que sonreír y decir sí o no, porque en realidad la posición del Gobierno se hallaba implícita en aquéllas. En los tres eventos, hubo veces en las que Rubalcaba, conscientemente, interrumpió su cascada de argumentaciones para intercalar sendos "ya lo dijo el presidente del Gobierno" absolutamente superfluos, ante el evidente peligro de que, en un sistema electoral tan personalista como el que impera en Occidente, la cara visible del PSOE quedara sepultada por la evidente superioridad intelectual de su portavoz.

Una superioridad, por cierto, de la que es consciente el propio Rubalcaba, quien, a pesar de su discreción y buenos oficios, la dejó traslucir el otro día en su entrevista con Jesús Quintero, cuando dijo del presidente que "hay quien piensa que es más listo y quien piensa que es menos listo, pero yo le puedo decir que es, ante todo, un hombre íntegro". Con esas palabras, que nadie pronunciaría de un superior a quien admirara intelectualmente, Rubalcaba disipó las eternas dudas que me provocaba Zapatero sobre si es tan limitado como da la impresión de ser cuando habla, si solamente se lo hace para vestirse de cordero o si, cuando menos, sus escasas luces disimulan una astucia sin igual como animal político. Después de ver que quien es de largo la figura con más nivel que tiene el socialismo español en la actualidad hace sin pretenderlo esas salvedades sobre las capacidades de su secretario general, a quien conoce perfectamente, no me queda más remedio que atribuirle al propio Rubalcaba todo el protagonismo de las tres jugadas políticas maestras que se ha marcado el Gobierno en lo que llevamos de legislatura: la negociación de la LOE, la del Estatut y el acercamiento a Batasuna.

Porque el nuevo ministro del Interior no se limita a ser un notable orador sino que ha demostrado ser un consumado especialista en detectar y aprovechar las fisuras entre sus adversarios. Comenzó haciéndolo en las conversaciones con la Plataforma anti-LOE, que protagonizó como interlocutor gubernamental y en las que consiguió pactar por separado con los colegios católicos y dejar a la Concapa y sus aliados con el culo al aire. ¿Cómo puede uno seguir pregonando la marginación de la Religión y la conculcación del derecho de los padres a elegir centro para sus hijos cuando los propios colegios católicos han llegado a un acuerdo con el Gobierno? Bueno, Luis Carbonel ha seguido haciéndolo entrevista tras entrevista en la COPE, gracias a que esa emisora se limita a repetir los mismos mensajes una y otra vez y nunca recoge las razones por las que FERE-CECA ha roto el frente anti-LOE. Pero es difícil discutir que la negociación fue objetivamente un éxito político de Rubalcaba y una deslegitimación de sus adversarios ante la opinión pública.

Repitió estrategia en la negociación del Estatut, donde fue capaz de ingeniar en el último momento (¿o estaba ya prevista desde el momento en que otra reunión entre Zapatero y Mas desatascó el proceso en Cataluña?) una simbiosis entre CiU y el Gobierno que ha permitido el triple milagro de que se apruebe el texto (evitando un sonrojante ridículo de sus promotores ante toda la sociedad), lo haga en unos términos asumibles para el Ejecutivo central que los convergentes se han avenido a firmar saltándose varias de sus líneas rojas a cambio del salvoconducto para su vuelta al poder, y, encima, ponga las bases para un acuerdo de larga duración entre PSOE y CiU que aleja al primero de la incómoda compañía de ERC. Durante un tiempo, los socialistas pensaron que podían rebasar a CiU en Cataluña a través de esta alianza de izquierdas. Pero los chicos de Carod adolecen, según dice Rubalcaba en privado, de una alarmante "falta de experiencia", y se han empeñado en desplegar una colección interminable de exabruptos, insolencias, chiquilladas y tácticas de guerrilla propios del partido tradicionalmente marginal que siempre fue, incapaz de adaptarse a una coyuntura que le permitió acceder al poder pero que podría no repetirse nunca más. En resumidas cuentas, no iría yo tan lejos como El Mundo cuando interpreta el acuerdo con CiU como la garantía de que al PP le sea imposible lograr mayorías parlamentarias en el futuro, porque la política se juega a corto plazo y de aquí a las próximas elecciones ha podido perfectamente cambiar el juego de intereses y de aritméticas parlamentarias susceptibles de satisfacerlos. Pero nadie con un mínimo de honestidad puede negar que Rubalcaba ha vuelto a salir triunfante de este desafío.

Con semejante bagaje a sus espaldas, no comprendo cómo Ángel Acebes tiene el desparpajo de decir desde la misma toma de posesión que Rubalcaba ya ha quedado estigmatizado como "el ministro de los precios políticos", y otros medios que está ahí para garantizar que se llevan a cabo las cesiones a los etarras. ¿Pero cuándo ha cedido hasta ahora Rubalcaba? A quienes se asustan tanto al leer las exigencias de la banda en su Zutabe o de Arnaldo Otegi cuando pregunta si España y Francia serían capaces de respetar la voluntad de los vascos (por cierto, ¿cuál sería el problema entonces? ¿alguien se cree que la mayoría de la población de los siete territorios unidos votaría a favor de la independencia?), habría que explicarles pacientemente que estas afirmaciones no tienen más importancia que el que merece cualquier declaración para consumo interno de los propios fieles, sobre todo si se trata de justificar una decisión que no toda la base social abertzale ha acabado de entender. Y, si damos valor a ese tipo de manifestaciones, como una suerte de compromiso ante su electorado, ¿por qué no otorgamos la misma credibilidad a las palabras de Rubalcaba cuando asegura que las directrices de su mandato serán la continuidad y la fortaleza del Estado de Derecho? Curiosamente, esta profesión de fe sí que fue resaltada con preocupación en los periódicos del nacionalismo vasco, igual que los madrileños destacan las de Otegi.

Éste, el tercer movimiento estratégico de Rubalcaba, viene de más atrás, pero se basa en el mismo principio de estudiar y explotar las diferencias que existen entre los adversarios que ya le ha dado sus frutos con FERE-CECA u CiU. Creo que desde las elecciones vascas de mayo de 2005 y la luz verde al Partido Comunista de las Tierras Vascas se podía intuir que el PSOE trataba de acercarse al mundo abertzale para edificar otra amistad interesada para ambas partes como la que trabó con ERC y luego con CiU; en este caso, para hacerle una pinza al PNV. Ahora, casi un año después de que yo hiciera esa predicción, no compartida por nadie en la prensa escrita (se puede leer, con sus aciertos y sus excesos, en "El verdadero frentismo vasco"), en Euskadi ya se habla abiertamente de la posibilidad muy verosímil de un Gobierno PSE-Batasuna. Por supuesto, como el pacto con ERC, éste también puede salir mal, porque Batasuna, como cualquier interlocutor, necesita saber que va a sacar algún rédito, porque el PNV contraatacará de alguna forma para tratar de atraerse a los abertzales, y porque aquí hay un tercer actor, la banda terrorista ETA, que no se sabe si va a llevar hasta el final su arrinconamiento en favor de los políticos (un ejemplo son las cartas de extorsión a los empresarios navarros). Pero, en ese caso, lo único que tendría que hacer el PSOE es romper la baraja y cambiar de táctica. Y, para todos estos menesteres, qué quieren que les diga, nada mejor que tener al frente del barco al más listo.

A Rubalcaba se le han achacado estos días dos "puntos oscuros" en su pasado: el haber sido ministro de Presidencia del Gobierno de los GAL, teniendo muchas veces que justificar lo injustificable, y su intervención en la jornada de reflexión de las elecciones de 2004. Respecto a lo primero, me parece un cinismo que cualquier político que se halle inserto en el sistema de partidos vigente, y que por lo tanto sepa los mecanismos y la disciplina por los que se rige cada formación, le eche en cara a otro lo que dijo o lo que ocultó cuando su cometido era el de portavoz de un Gobierno. ¿Qué iba a hacer Rubalcaba? ¿Hacer de portavoz de la prensa enemiga del PSOE en vez de desempeñar la labor que se le había asignado? Carece de todo sentido responsabilizar a cualquier político de los errores imputables a un Gobierno de su partido en el que ese político ejercía una responsabilidad subordinada. Por cierto, que esto vale para Rubalcaba pero también para censurar las frecuentes acusaciones que hace el propio Rubalcaba en sede parlamentaria, cuando recuerda a Rajoy que él consintió y apoyó algunas de las medidas de Aznar o incluso de Manuel Fraga al frente de Alianza Popular.

En relación con el 11-M, tanto el PP como el PSOE intentaron rentabilizar la situación, pero tampoco creo que pueda esperarse otra cosa de un sistema de libre mercado entre partidos, ni que haya que rasgarse las vestiduras por ello. Es lógico que las formaciones que concurren a las elecciones, y muy especialmente las que tienen alguna oportunidad de alcanzar el poder, traten de competir por el favor de los votantes. Lo hacen cuando están en el gobierno y cuando están en la oposición, y muy especialmente en campaña electoral. En cualquier tema de la actualidad en el que vean una posibilidad de arrancar votos, sea o no especialmente sensible para la sociedad, se echarán al cuello del partido rival culpándole por acción u omisión de todas las desgracias, sean o no imputables éstas a la labor gubernamental. Bueno, vale, ¿y qué? A ver si nos vamos a caer ahora del guindo. Eso ya sabemos que es así, y nuestra tarea consiste en estar al tanto de la pugna, someter a crítica los mensajes, no dejarnos engañar, disfrutar cuanto podamos con la competición y decidir en las urnas qué empresa política nos ofrece unas mejores condiciones de compra en la coyuntura que estemos viviendo. Si la famosa frase de Rubalcaba de "los españoles se merecen un Gobierno que no les mienta" ejerció alguna influencia en el hecho de que la gente se decantara preferentemente por el PSOE el 14-M, lo único que habrá que hacer es felicitarle, por ser, otra vez, el más listo.

Aunque probablemente la más divertida sea la frecuente acusación de que Rubalcaba es "malo". Esa aura diabólica que le atribuyen sus enemigos y que dio lugar hace un par de años a un delicioso artículo de Manuel Hidalgo en El Mundo, en el que el columnista se declaraba fascinado y fatalmente atraído por el personaje y expresaba su deseo de tomarse un café con él. A Federico Jiménez Losantos le encanta repetir ese hueco adjetivo (a veces también en dedicatoria a Zapatero, Conde-Pumpido o algún otro) y Ángel Acebes, tras la investidura de Rubalcaba, le describió nada menos que como "la cara del mal". No me cabe en la cabeza cómo, tras decir semejantes niñerías, los personajes que las pronuncian no pierden de golpe toda la credibilidad que pudieran tener ante sus oyentes o votantes. ¿Qué es ser malo? Se puede ser cruel, egoísta, ambicioso, insensible, mendaz, oportunista, sádico… ¿Pero malo? No sé si Losantos formula estos complicados análisis porque es tonto o porque considera tontos a sus oyentes, pero cualquiera de las dos hipótesis me resulta igualmente inquietante. En cuanto a Acebes, quizá su afiliación a los Legionarios de Cristo lleve implícita la creencia maniquea en el Bien y el Mal, pero la verdad es que durante su etapa ministerial y en la noche del 14-M se comportó siempre como un tipo moderado y sensato; habrá que entender que han sido el tremendo mazazo personal del 11-M y la sañuda persecución a la que le han sometido el PSOE y sus aliados desde entonces lo que le ha desquiciado por completo y le ha cincelado esa cara de perdedor resentido que luce ahora cada vez que comparece ante la opinión pública.

En cuanto a las interpretaciones entre líneas, los líderes políticos y los analistas aseguran que el nombramiento de Rubalcaba se produce para otorgarle oficialmente las riendas del proceso que ya manejaba de hecho. Puede ser, pero por eso mismo da la impresión de que ha tenido que concurrir otra causa (¿la proporcionará la famosa intrahistoria?), dado que este hombre nunca ha necesitado puestos de relumbrón para ser el cerebro en la sombra. ¿No podía Rubalcaba haber seguido dirigiendo las negociaciones con ETA a partir de los informes de los interlocutores directos, como ha hecho hasta ahora?. En cuanto al temor de que al frente de Interior Rubalcaba vaya a vetar ulteriores investigaciones sobre el 11-M, honestamente no creo que haya mucho más que descubrir, pero, si lo hubiera, no veo por qué el nuevo ministro iba a ser más opaco que el amigo de la infancia de Rodríguez Zapatero.

Todavía más inverosímil resulta la hipótesis acuñada conjuntamente por Jiménez Losantos y Nacho Villa de que a Zapatero le interesaba quitarse de en medio a José Bono para que no tuviera acceso a los informes del CNI. Teniendo en cuenta que el ex ministro de Defensa le pidió la dimisión hace seis y tres meses (probablemente por su incomodidad ante la política autonómica del Gobierno, eso es cierto), el presidente hubiera tenido bien fácil relevarle antes y escatimarle la información, sin duda cuantiosa, que hayan arrojado los meses decisivos previos al alto el fuego. Para concluir, tampoco me resulta muy plausible la idea de que Bono haya decidido retirarse un tiempo esperando que se derrumbe el proyecto de Zapatero, básicamente porque éste ya ha pasado sus momentos más difíciles y no se va a derrumbar. El Estatuto catalán ya ha quedado más o menos apañado y, respecto a ETA, sólo hay dos posibilidades. Si la banda vuelve a las andadas, el Gobierno, como dije antes, no tiene más que retornar a la persecución policial, y el electorado lo entenderá y en muchos casos lo celebrará. Y, si el proceso sigue su curso, el Gobierno no va a estar por la labor de hacer más concesiones que las que pueda controlar (esto incluye la posibilidad de un referéndum, si cree que lo va a ganar), y nadie se soliviantará por ello. La única posible debacle, que no se ve en el horizonte, sobrevendría si el nacionalismo vasco lograra articular una mayoría social dispuesta a movilizarse por la independencia, pero el derrumbe ya no sería de Zapatero sino contra Zapatero.

Fuera de las interpretaciones espirituales de bondad y maldad metafísicas y de las especulaciones sobre hilos y marionetas, que siempre tienen mucha aceptación porque no pueden ser sometidas a refutación, lo que es obvio es que, con Alfredo Pérez Rubalcaba, el Gobierno ha adquirido un elemento de calidad que le faltaba hasta ahora. Un tipo con clase, personalidad y presencia (como en el gabinete de Aznar pudo ser, por ejemplo, Rodrigo Rato), un faro en un mar de mediocridad y un seguro en un momento decisivo. En definitiva, el orgullo y la garantía de contar con el más listo.

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