¿Una constelación de agujeros negros?

Permalink 16.03.06 @ 10:39:52. Archivado en 11-M

Por supuesto que queremos saber, que la versión oficial sobre los atentados del 11-M contiene ciertos interrogantes y que deben ser investigados todos, aunque al Gobierno no le interese eternizar la actualidad de aquellos tres días que determinaron su triunfo electoral y cuya disección podría desenmascarar a la facción socialista en los Cuerpos de Seguridad del Estado. En esas circunstancias, es una suerte impagable que contemos con unos profesionales tan audaces y tan bien relacionados como los periodistas de investigación de El Mundo y con un detective tan hábil, riguroso y buen prosista como Luis del Pino en Libertad Digital. Se muevan por motivaciones políticas, comerciales o intelectuales (a mí, personalmente, me da lo mismo), gracias a ellos la sociedad española y el mismo juez Del Olmo han contado con unas revelaciones que de otro modo no habrían tenido en absoluto garantizadas. Ahora bien, pese a las insinuaciones de ciertos opinadores e ideólogos situados muy a la derecha de los propios reporteros, la enumeración de elementos que no cuadran ni exculpa al Gobierno del PP de su comportamiento en aquellos días, ni permite (al menos todavía) unir fabulosamente los agujeros negros como si fueran el rastro de una antigua constelación, la marca ominosa de una conspiración para derrocarle.

Por partes. Honestamente, de la actitud del Gobierno popular creo que no puede más que deducirse que trató de utilizar su autoridad para empujar a los ciudadanos con menos sentido crítico a creer que los autores de los atentados eran otros distintos a los que apuntaban las pruebas desde el hallazgo de la furgoneta el mismo jueves 11. Acebes no mintió abiertamente, porque los periodistas y el propio PSOE también tienen fuentes en la policía y los datos concretos son susceptibles de ser refutados, pero es evidente que jugó con la vaguedad de la "hipótesis prioritaria", siempre aplicada a ETA. Los periodistas de derecha han intentado despistar muchas veces con comparaciones improcedentes con el 11-S y el 7-J, alegando que el PP informó de las novedades de la investigación (imposibles de ocultar, como digo) "prácticamente en tiempo real", y que era imposible tener el caso resuelto a los dos días. Pero nadie le reprocha nada de esto. Se le echa en cara haber hecho todo lo posible (con película en TVE la noche del 13 incluida) por dar la sensación de que ETA estaba detrás del atentado. Y esto no es un "error en la gestión de la crisis", según quisieron acuñar algunos medios, y como podrían ser por ejemplo los episodios del Prestige o el Yakovlev, no achacables en ningún caso al anterior Gobierno ni merecedores de más reprobación que la que merecería un error de cálculo, por muy plasta que se pusiera y se siga poniendo la izquierda al exhumarlos.

Por el momento no entraré en la autenticidad o falsificación de las pruebas. Fueran pistas reales, fabricadas o señuelos la furgoneta con las cintas del Corán, la reivindicación del atentado en el e-mail al periódico londinense Al-Quds, el explosivo utilizado y la mochila de Vallecas, lo que está claro es que aparecieron y, como el Gobierno no podía entonces imaginar las anécdotas que después han apuntado a ETA ni la posibilidad de una conspiración, tenía que haber dicho que todas las sospechas orientaban hacia los islamistas (entonces decíamos Al Qaeda; ahora podemos dejarlo en célula autónoma de fanáticos que actúa bajo su bandera). Pues bien, hizo lo contrario, incluso a pesar de que, el viernes 12, Batasuna y ETA, que se ganan la vida firmando lo que hacen, se desmarcaron expresamente del atentado. El Gobierno aseguró que los comunicados de la banda no merecían ninguna credibilidad, que es algo así como rechazar el testimonio de un testigo crucial de un crimen por el mero hecho de que también tuviera antecedentes. Y se sugirió que a lo mejor los etarras habían querido desentenderse al comprobar que la magnitud de la tragedia era mayor de lo que pensaban; algo difícil de sostener, ya que desde el principio se supo que el propósito original del atentado era volar la estación de Atocha y eso habría multiplicado el número de muertos. Es decir, que se llegó al absurdo de que, para que el Gobierno tuviera razón, tenía que darse la doble circunstancias de que quienes decían que habían sido estaban mintiendo y quienes decían que no habían sido también.

El Gobierno puso tal empeño en negar lo evidente que el del 11-M se convirtió probablemente en el único atentado de la Historia que sus autores reivindican tres veces en cuatro días (las cintas de la furgoneta, el e-mail a Al-Quds, el vídeo en la papelera cercana a la Mezquita de la M-30) para que se les haga caso. Obviamente, querían influir en las elecciones. Esta urgencia (junto a los mensajes de reivindicación del atentado, la pregunta de Zougam sobre quién había ganado y el adjetivo de "perro" que El Egipcio dedicó al ex presidente) corrobora, por cierto, la afirmación de José María Aznar en la Comisión de Investigación Parlamentaria de que si las elecciones hubieran estado convocadas para el día 7, el atentado se hubiera cometido el 4. Lo insólito, aunque por desgracia muy habitual en los dos grandes partidos, es la falta de lógica que supone que el PP adujera alternativamente que el motivo de los atentados fue influir en las elecciones y que la causa no fue la Guerra de Irak, y, en cambio, desde el PSOE se defendiera unas veces que no hubo móvil político y otras que el desencadenante fue el apoyo a la política exterior de George Bush.

Confieso que me resulta particularmente repugnante el intento de la izquierda de culpabilizar a Aznar de los atentados del 11-M por su participación en Irak. A decir verdad, me subleva el recurrente empeño del resto de los partidos y en especial del PSOE en recordar "la foto de las Azores", que en realidad fue poco más que eso, una foto. La Guerra de Irak fue una salvajada que sólo podían abanderar tipos sin el menor escrúpulo hacia el sufrimiento de la gente real, y desde luego Aznar retrató su megalomanía y la infantil prioridad que daba a la gloria diplomática de España sobre el dolor de miles de iraquíes. Pero punto. La participación española fue testimonial, no matamos a nadie y tampoco tuvo mucha relevancia la legitimación internacional que nuestra alianza pudo proporcionarle a Bush. Volviendo a lo que nos ocupa, a Aznar se le puede (y debe) criticar por sumarse a la invasión de Irak, pero sería injusto y ventajista culparle de encender los deseos de venganza de un puñado de alucinados, ya que esto era absolutamente impensable para todos, fuera de unos etéreos y obvios avisos del CNI ("la participación en Irak aumenta el riesgo de atentados islamistas en España") que, para nuestra desgracia, parecen aun después de confirmados simples opiniones de cafetería.

Lo grave no es Irak, ni la supuesta falta de previsión, ni que Anar incumpliera protocolos cortesanos como el de convocar el Pacto Antiterrorista. Sí, obviamente el PP trató de instrumentalizar el momento, igual que después terminó haciéndolo el PSOE. No me parece muy distinto ni muy importante si el PSOE sacó partido de la situación subiéndose al tren de sus partidarios o poniéndola en marcha desde Ferraz o la Cadena SER, pero hay que recordar que la primera vez que ésta hablo de la acumulación de gente ante las sedes del PP fue a las siete y veinte de la tarde, cuando la convocatoria del "pásalo" estaba convocada para las seis. Lo que sí hizo la SER fue pasar de decir que el atentado no debía influir en nuestro voto cuando se pensaba que era ETA a vincularlo con la Guerra de Irak cuando la sospecha se inclinó por los islamistas, pero también la COPE pasó de sugerir que Carod-Rovira estaría muy contento porque el atentado había sido en Madrid y no en Barcelona a preconizar que al terrorismo hay que combatirlo siempre con la misma firmeza (se entiende, la del PP), venga de donde venga. En definitiva, que ambos partidos y bloques ideológicos jugaron sus cartas, la última baza tocó en la jornada de reflexión (cuya pureza es, en mi opinión, un valor mucho menos importante que la verdad) y pasó lo que pasó.

A mi modo de ver, lo único relevante es que el Gobierno, que a diferencia de los partidos es una institución que nos pertenece a todos, intentó dar a entender que la principal sospechosa era ETA cuando ya no lo era. Podemos dudar de muchos testimonios, incluso del del juez Garzón, reconocido simpatizante del PSOE, pero difícilmente del del jefe de Policía de Madrid, Miguel Ángel Fernández-Rancaño, designado en 2003 (cuando el PP gobernaba en el Estado, en la Comunidad y en el Ayuntamiento) y que declaró en la Comisión parlamentaria que el día 12 por la mañana ya se daba prioridad a la hipótesis islámica. En todo caso, Mariano Rayón, Jesús de la Morena y Pedro Díaz-Pintado, nombrados por el PP, suscribieron que la mañana del 13 no cabía ninguna duda sobre la autoría de la masacre. Es decir, que Ángel Acebes, durante esos días, cuando menos se hizo el remolón, por mucho que luego protagonizara a su vez en la Comisión una maratoniana, rocosa y jaleada comparecencia en la que a mí, por vehemencia y parecido físico, me recordó a Al Pacino cuando, al final de El Padrino, su mujer le pregunta si ha tenido algo que ver con los últimos asesinatos, y él contesta contundente: "No", dejándose acto seguido abrazar con alivio y amor.

Desde aquellos días de marzo de 2004, han aparecido muchas pistas, casi todas aportadas por los asombrosos periodistas de investigación de El Mundo. Fernando Múgica, Antonio Rubio y Casimiro García Abadillo, básicamente, y después Luis del Pino en Libertad Digital cuando el juez Del Olmo levantó el secreto del sumario, han destapado datos y contradicciones que ponen en cuestión la teoría oficial de un atentado pergeñado y ejecutado exclusivamente por integristas. No comprendo muy bien por qué, tras cada revelación de que uno de los implicados en la trama era confidente policial o estaba vigilado por los Cuerpos de Seguridad del Estado, tras cada anecdótico nexo de unión que se ha conocido entre un islamista y un etarra, tras cada registro de una conversación telefónica no aclarada por el Estado marroquí o tras las dudas razonables que han surgido sobre la autenticidad del Skoda o la mochila de Vallecas, los máximos dirigentes del PP han juzgado oportuno saltar a la palestra poco menos que advirtiendo: "¿Veis? Ya lo decíamos nosotros", o desafiando directamente al PSOE. En el caso de ETA, incluso haciendo creer a la ciudadanía que la supuesta autoría o coautoría directa que ellos vaticinaron es lo mismo que el que etarras e islamistas confraternicen en las cárceles contra el enemigo común, se rían mutuamente las gracias o compartan un mismo proveedor. En general, lo cierto es que ninguno de los indicios que han ido exhumando los reporteros de El Mundo estaba en liza entre el 11 y el 14-M, por lo que el PP debería abstenerse de escudarse en ellos. Muchos ni siquiera habían aparecido en septiembre de 2004, lo que explica que Eduardo Zaplana se mostrara dispuesto a cerrar la Comisión parlamentaria, viendo que no sacaría de ella más que una trama de corrupción policial en Asturias que al PP ni le iba ni le venía.

Desde luego, con los nuevos elementos el escenario es distinto, y si se descubriera que el atentado no fue sólo un acto con motivos políticos sino una conspiración que benefició políticamente a algún implicado, los hechos adquirirían tintes de golpe de Estado. Es una hipótesis que hay que investigar, y que no se puede neutralizar, como intentaba antes de ayer el editorial de El País, recordando todos los datos que incriminan a los suicidas de Leganés, ya que las teorías conspiratorias no niegan la participación de éstos; sugieren que otros agentes que conocían sus planes (Cuerpos de Seguridad del Estado, ETA o Marruecos) se sirvieron de ellos o los dejaron actuar.

El problema es que a esta hipótesis no le vale con no ser neutralizada. Tiene a su vez que demostrarse, que afrontar la carga de la prueba, porque está afirmando, formulando una acusación muy grave. El que de las paradojas y coincidencias que conocemos se pueda extraer la sospecha de una conspiración no equivale a que ésta se haya producido. Porque una cosa es detectar intermitencias en la versión oficial y otra muy distinta hilar una versión alternativa coherente. Una cosa es señalar agujeros negros y otra muy distinta descubrir que las estrellas que explotaron estaban lo suficientemente próximas como para constituir una constelación. Además, yo no tengo nada claro cuál ha sido la intención de los reporteros. Antonio Rubio, por ejemplo, suele encogerse de hombros y decir: "Yo digo lo que pone en el reportaje. ¿Tú lees algo más?" Y Fernando Múgica, por lo menos al principio de su ya mítica serie de "Los agujeros negros del 11-M", era muy consciente de que sus investigaciones planteaban preguntas puntuales, difíciles de conectar entre sí. Ésa fue, de hecho, la primera objeción que le hizo Pedro J. Ramírez, y, desde entonces, muchos editoriales de su periódico han adoptado el papel del arquero que dispara flechas en muchas direcciones, aceptando que no hay nada demostrado y limitándose a exigir que se investiguen todas las líneas. ¿Quién ha conseguido entonces imponer en determinado sector de la población la sospecha y casi la convicción de que el 11-M fue una conspiración? ¿Es voluntaria la estrategia sibilina de decir pero no decir de los medios de comunicación favorables al PP que con bastante razón denunciaba ayer Carles Francino? Aun en el caso de que alguien se tomara la molestia de hacer crítica textual de los sucesivos reportajes, programas de radio y artículos de opinión, para decantarse por un sí o por un no habría que emitir un arbitrario juicio de intenciones.

Más interesante sería que alguien con un conocimiento exhaustivo de lo que se ha publicado tratara de enumerar los agujeros negros de la teoría de la conspiración, que también los hay. Las sospechas de los periodistas críticos con la versión oficial del sumario del 11-M se basan muchas veces en lo excepcional que resulta el comportamiento de algunos personajes si aceptamos aquélla: ¿por qué Zougam no huyó?, ¿por qué los GEOS asaltaron la casa de Leganés?, ¿no es mucha casualidad que las caravanas de ETA y El Chino hicieran dos recorridos paralelos el mismo día?, ¿por qué Sánchez-Manzano se quedó con la bolsa de Vallecas?, ¿por qué los controladores policiales no detuvieron a tiempo a sus vigilados o confidentes? Con este planteamiento, cada variante que se salga de la normalidad, y que puede deberse a cualquier contingencia o reacción instintiva, queda indeleblemente impregnada del barniz de la sospecha.

Sin embargo, también podíamos preguntarnos: si el Skoda es una pista falsa puesta expresamente por policías afines al PSOE, ¿por qué tardó tres meses en descubrirse y no reforzó la tesis islamista que perjudicaba al PP antes de las elecciones? O, si la mochila de Vallecas es un señuelo que no estuvo en los trenes, ¿por qué tenía un tipo de mecanismo y explosivo ligeramente distintos y ni siquiera llevaba los cables conectados para estallar?, ¿no sería más normal que, de ser efectivamente un señuelo, su autor se hubiera preocupado de hacerlo completamente idéntico a las mochilas de los trenes? En relación a la necesidad de que se suicidaran los inquilinos de Leganés, ¿por qué se les dejó varias horas para que se dieran cuenta de que no tenían salida, con el peligro de que se rindieran, en vez de atacar sin dilación? ¿Por qué ningún sicario de Inteligencia se ha preocupado después de liquidar a Abdelmajid Bouchar, que escapó de allí y ha acabado declarando ante el juez del Olmo como imputado? Mejor aún, ¿por qué no se preparó una cita con los otros implicados en el sumario para acabar con todos de golpe y asegurarse de que ninguno soltaría prenda? Sobre Marruecos, ¿tenía tanto que ganar Mohamed VI si derrocaba al PP como para arriesgarse al ridículo internacional de meter a sus servicios secretos en la masacre? ¿Habría hablado el imán Cartagena con los españoles si su rey estuviera personalmente implicado? Sobre Almallah, ¿habría sido tan estúpido el PSOE como para dejarle afiliarse en caso de haberse servido de él para perpetrar la matanza? Para terminar ridiculizando casualidades: ¿cómo es posible que, en los miles de documentos incautados al etarra Susper, un tipo al que cada una de las dos veces que se le detuvo debió de haber fiesta en la Comisaría, no hubiera ni una sola referencia a los contactos con islamistas? ¿Tampoco la había en el ordenador de Mikel Antza?. Y supongo que la gran pregunta: ¿no es mucha casualidad que todos los agentes de policía ubicados en los lugares correctos para despistar al Gobierno del PP e informar correctamente al PSOE fueran socialistas y corruptos, y no es mucho pensar que tuvieran una bola de cristal para adivinar cómo iban a reaccionar ante la masacre primero Aznar y Acebes y luego todo el electorado español?

Los simpatizantes del PP esperan con tal ansiedad asistir a una reedición corregida y aumentada de aquella vieja historia de corrupción y crímenes socialistas destapados por la prensa (como si los delitos no los cometieran personas concretas, sino que fueran implícitamente aparejados a unas siglas) que ya se creen que para demostrar una versión alternativa basta con poner en solfa la oficial. Pero seguro que entre una y otra caben más de un relato y más de dos con mucha mayor verosimilitud que ambos extremos, y ahí es donde hay que seguir investigando, agujero por agujero, sin figurar constelaciones que no se puedan demostrar. Que investigue el juez, por supuesto, y también los reporteros, ya que los tenemos muy buenos. Pero, a ser posible, que se abstengan los políticos. En aquella Comisión de Investigación por cuya reapertura abogan sorprendentemente muchos periodistas, como si fuera la piedra filosofal que resolvería el caso, Sus Señorías demostraron que Dios no les ha llamado por el camino detectivesco, y que bastante trabajo tenían con interpretar la posición oficial de su partido en un nuevo episodio del lamentable todos-contra-el-PP que lleva dos años vengándose con saña pueril del segundo mandato de Aznar. Fue la exigencia de responsabilidades, el ajuste de cuentas de legislatura contra legislatura. El apelativo "del 11-M" de la comisión parlamentaria debía de hacer alusión al gozne que, a estas alturas, todavía sigue chirriando.

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