Lo que no cuentan de la visita del Papa
09.07.06 @ 20:00:00. Archivado en Actualidad
(l Art)
Ayer llegó Benedicto XVI a Valencia. Con un gobierno valenciano volcado con la visita, y arropado por cientos de miles de católicos en la ciudad apenas se deja un milimetro de espacio público a la discrepancia. Sin embargo, el descontento en gran parte de los ciudadanos es palpable. Un descontento provocado no solo por cuestiones de índole ideológica o confesional, sino por cuestiones que afectan directamente al ciudadano.
A continuación citamos algunas cuestiones poco tratadas por la mayoría de los medios.
Para que el Papa duerma una noche en Valencia se ha construido, dentro del Palacio Arzobispal, una suite de estancias lujosamente adornadas que han costado una fortuna y que sólo van a servir para una vez. Al mismo tiempo se han construido estancias para todos los obispos, dicen que en número de 85, que van a acompañar al Papa.
Como preparativos de seguridad se ha decidido que las líneas de metro que pasan justamente por debajo del itinerario del Santo Padre sean cerradas y vigiladas después de un profundo examen por colocación de hipotéticas bombas.
Durante la estancia papal han sido desactivadas las antenas repetidoras de los teléfonos móviles, para minimizar atentados, no colapsar las líneas y facilitar comunicaciones, dejando a medio millón de usuarios sin cobertura.
En todo el Centro de Valencia, y en las cercanías del recorrido triunfal, la policía, ha visitado casa por casa pidiendo a los vecinos que hagan de espías y que comuniquen inmediatamente si han observado a alguna persona desconocida que haya alquilado recientemente pisos, por la sospecha de que pudieran ser terroristas que preparasen un atentado.
Como se calcularon para los días de la visita unas temperaturas de 40 grados se han acondicionado, en todos los lugares en los que el Papa descienda de su papamóvil, sofisticados sistemas ocultos que crean microclimas para rebajar la temperatura a unos 24 grados, con un coste aún no comunicado.
Dada la descomunal aglomeración de gente que acude a la visita del Papa, y la ingesta abundantísima de líquidos, se proporciona al público gratuitamente las botellas de agua que precisen, como medida muy previsora. Curiosamente, en los hospitales de Valencia, si un enfermo desea beber ha de comprarse la botella de agua en los expendedores de los pasillos a precio de un euro.
Valencia se ha inundado de decenas de miles de urinarios que bordean las avenidas de mayor aglomeración de gente. Curiosamente en la multitudinaria fiesta de las Fallas nunca son instalados instrumentos similares.
Para hacer una misa con 3.000 concelebrantes se ha levantado un gran túmulo con un altar de 2.500 metros cuadrados en el espacio del antiguo río, convertido desde la Democracia en lugar de esparcimiento y paseo, pero con la gravedad de que para realizar tal obra ha sido preciso talar árboles, algunos muy antiguos, que daban sombra a los que corrían practicando deporte o simplemente paseando. También se ha levantado una costosa cruz luminosa de 35 metros de alto que será desmontada en cuestión de horas después de la visita.
Los vecinos que viven en el centro, o en calles adyacentes al recorrido papal, tienen prohibido aparcar sus coches en dichas calles y han sido invitados a llevarlos a las afueras. Al mismo tiempo, los vecinos propietarios de garajes tienen prohibido sacarlos al exterior, y no sólo eso, sino que deben demostrar a la policía documentalmente que dichos vehículos les pertenecen.
El gasto en jardinería del Ayuntamiento de Valencia, que es famoso por lo costoso se ha incrementado enormemente al cambiar las flores perecederas de los jardines por compuestos de colores amarillo y blanco, los colores del Vaticano.
Como el servicio de taxis y autobuses quedará anulado, los enfermos crónicos que precisan atención ambulatoria en hospitales, por radioterapìa, quimioterapia y otras terapias, están padeciendo una angustia añadida para la que aún no se les ha dado solución.
Además, desde hace casi un mes importantísimos puentes que atraviesan el antiguo cauce del río están cortados al tráfico por exageradas medidas de seguridad, causando un tremendo trastorno a los ciudadanos.
Por su parte, el Ayuntamiento ha publicado un bando invitando a la población a que engalane sus balcones con banderas papales o el lema "Valencia te espera". Hoy, una gran parte de los carteles lo que indican es "Jo no t’espere".
Para mantener el orden durante la visita se han retraído de otras ciudades españolas 5.000 policías de uniforme.
Como rechazo a toda esta serie de gastos fastuosos, impropios de una religión que en sus orígenes pregonaba la humildad y rechazaba la ostentación, se han producido algunos fenómenos de rebeldía. Por ejemplo, las largas colas, vigiladas por un ejército de municipales, por cierto, que se han formado en puntos donde los ciudadanos que lo deseaban firmaban un documento de apostasía, dirigido a la Iglesia y al Ministerio de Justicia, solicitando ser borrados de la lista de "católicos oficiales", pues por el simple hecho de haber sido bautizados sin su autorización cuando eran niños ahora multitud de españoles aparecen catalogados como católicos en las estadísticas.
Muchos propietarios de pisos con vistas al recorrido del papamóvil o a los lugares de la misa están alquilando para unas horas sus balcones o pisos a precio hasta de 18.000 euros, como puede verse en fotos o anuncios publicados ya por la prensa.
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Sergio Cardamas & CIA
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