¡Qué tiempos aquellos!
27.04.07 @ 11:41:20. Archivado en O tempora, o mores!
Lo digo por la información meteorológica de la televisión pública: quién la ha visto y quién la ve, reducida a la mínima expresión y casi perdida entre una nebulosa de "consejos" publicitarios. Un ejemplo -otro- de cómo el derecho a la información se ve lesionado por otros intereses.
En el mundo de hoy los desplazamientos son habituales y son muchas las personas que necesitan conocer el estado de las condiciones meteorológicas. La tecnología nos permite adelantar la evolución y los cambios con varios días de antelación, pero...
Da la impresión de que hay alguien por ahí dedicándose a estropear todo lo que funciona. Los responsables (?) de la programación de la televisión pública (si aún lo es) son capaces de todo con tal de arañar algunos minutos para la publicidad. En este caso, estos "intelectuales" de la pequeña pantalla (de los que hablaremos a menudo en este blog) han decidido mutilar una información tan esperada como útil para la gran mayoría de los espectadores.
Lejos queda el inolvidable Mariano Medina, quien con escasez de medios y gran entusiasmo dio prestigio a la información meteorológica en el "parte". Me atrevo a decir que en la mayoría de los hogares españoles se oía aquella frase: "Callad, que sale el hombre del tiempo". Y es que ésa sí que era una información "de interés general". Los tiempos cambiaron y los avances de las nuevas tecnologías han permitido mayor precisión a la hora de hacer la previsión, tanta que hace algunos años empezamos a disfrutar de una información amplia y extraordinariamente explicada por profesionales de la talla de José Antonio Maldonado o Paco Montesdeoca, por ejemplo, que incluía desde las temperaturas previstas en las capitales de provincias hasta el estado de la mar.
Pero la felicidad dura poco y "alguien" (con nombre y apellidos, supongo) decidió sacar del telediario el espacio dedicado al "tiempo", intercalando entre ambos algunos anuncios... La fórmula era tan maquiavélica como eficaz: todos los espectadores aguardábamos pacientemente la llegada de la información meteorológica y nos tragábamos los "consejos". Todo era poco: desde hace algunos meses la gallina de los huevos de oro va camino del matadero; la información se ve ahogada por la publicidad hasta el punto de que Maldonado y compañía hablan tan deprisa como pueden delante de un mapa cada vez más pequeño y menos detallado. Un despropósito: lejos de ampliar y mejorar el servicio, lo han empobrecido.
El principio que da sentido a las televisiones ya no es el de formar, informar y entretener: nos encontramos con programaciones que deforman, desinforman y aburren. Esa es la verdad. ¿Quién es el responsable?
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