Atrévete a orar

Los cristianos de hoy necesitan la “Forma C” del sacramento de la Penitencia (y V)

27.04.18 | 08:50. Archivado en PENITENCIA

“El Papa tampoco parece enterarse”
Eso dice un comentario en mi post “Los cristianos de hoy necesitan la Forma C del sacramento de la Penitencia (III)” 2018.04.13. p412994. (IP: 148.56.33.218, 148.56.33.218). Url: Comentario:

“Perfecto planteamiento y saludable proposición. Los cristianos de hoy se lo agradecemos. Es una pena que las autoridades "eclesiásticas" no se lo planteen seriamente, y de una vez... Siguen aferrados a la mentalidad tridentina sin matices evolutivos... Muchas gracias, de nuevo, en nombre de muchos... El Papa, tampoco parece enterarse. Agustín Rodríguez”.

Un sacerdote en activo lo agradece por email
“Muchas gracias por tus artículos de Penitencia. Los acabo de ver y me parecen muy interesantes. Soy de esa linea, pero los compañeros que tengo alrededor....Tú adelante. Soy sacerdote de... en Cantabria. Un saludo...” (24.04.2018).
Le contesto: “Gracias a ti. Creo importante que los seglares los lean y los reflexionen. La evolución y los cambios en la Iglesia no vendrán de arriba... No dejes de aportar tu pensamiento. Bueno será que lo hagas también en los comentarios en RD. Un abrazo, Rufo González (25.04.2018).

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Los cristianos de hoy necesitan la “Forma C” del sacramento de la Penitencia (IV)

20.04.18 | 10:16. Archivado en PENITENCIA

La ley, no el evangelio, obliga a confesar los pecados tras la absolución general
San Juan Pablo II justifica la ley en “Reconciliación y Penitencia” (exhort. postsinodal 02.12.1984):

“Acusar los pecados propios es exigido ante todo por la necesidad de que el pecador sea conocido por aquel que en el sacramento ejerce el papel de juez -el cual debe valorar tanto la gravedad de los pecados, como el arrepentimiento del penitente- y a la vez hace el papel de médico, que debe conocer el estado del enfermo para ayudarlo y curarlo... La confesión individual tiene el papel de signo; signo del encuentro del pecador con la mediación eclesial en la persona del ministro; signo de reconocerse ante Dios y ante la Iglesia como pecador, de comprenderse ante la mirada de Dios... Es el gesto del hijo pródigo que vuelve al Padre y es acogido por él con el beso de la paz; gesto de lealtad y de valentía; gesto de entrega de sí, por encima del pecado, a la misericordia que perdona. Se comprende por qué la acusación de los pecados debe ser ordinariamente individual, no colectiva, ya que el pecado es un hecho profundamente personal. Pero a la vez esta acusación arranca en cierto modo del secreto del corazón y, por tanto, del ámbito de la pura individualidad, poniendo de relieve también su carácter social, porque mediante el ministro de la Penitencia es la comunidad eclesial, dañada por el pecado, la que acoge de nuevo al pecador arrepentido y perdonado” (ReP 31, III).

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Los cristianos de hoy necesitan la “Forma C” del sacramento de la Penitencia (III)

13.04.18 | 09:42. Archivado en PENITENCIA

C.- Las tesis tridentinas no concuerdan con las parábolas de Jesús
Las parábolas de Jesús son narraciones inventadas, que “arrojan” (“para bolé”: lanzar junto a...) luz, explican, enseñan... una verdad moral o unos comportamientos “divinos”. Si leemos las relativas al comportamiento de Dios con los pecadores, nos damos cuenta de que su comportamiento es muy distinto al de la Iglesia. Jesús, “el único que ha visto a Dios” (Jn 1,18), reconcilia con Dios como Dios quiere. La mediación de Jesús es definitiva para la Iglesia. En él nos encontramos con el Padre y nos restaura como hijos. La mediación eclesial no puede añadir dificultades. “No imponer más cargas que las necesarias” (He 15,28), o en positivo: “facilitar todo lo posible” el encuentro con el amor de Dios, debería ser la norma eclesial en todo. Veamos cómo perdona Dios según Jesús.

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Los cristianos de hoy necesitan la “Forma C” del sacramento de la Penitencia (II)

09.03.18 | 10:02. Archivado en PENITENCIA

“La mejor penitencia, la vida nueva”
La reconciliación en Cristo con Dios y con los hermanos, por su misma naturaleza, es siempre una alegría. Recobrar la amistad rota, sentirse aceptado y valorado de nuevo, entrar en un amor deseado, es siempre una fiesta, una vivencia constructiva. Es verdad que entre nosotros la reconstrucción de la amistad traicionada y rota puede ser laboriosa. Con Dios, según Jesús, las cosas son más fáciles. Su perdón es gratuito. Sólo nos exige “conversión”: cambio de mente y de corazón. Eso se expresa al pedir perdón, al reconocer nuestro desvarío, al resarcir el daño hecho a los hermanos y, sobre todo, al vivir una “vida nueva”. Es “la mejor penitencia”, decía Lutero. Vivir como hijo de Dios, hermano de todos, es siempre la prueba de que la conversión a Jesús es sincera. Eso es “cumplir el cambio”, “cumplir la penitencia”. A pesar de que el papa León X, entre los errores de Lutero, condenados en la Bula “Exsurge Domine”, de 15 de junio de 1520, incluyera éste: “Muy veraz es el proverbio y superior a la doctrina hasta ahora por todos enseñada sobre las contriciones: `La suma penitencia es no hacerlo en adelante; la mejor penitencia, la vida nueva´” (DS 1457, 7).

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Los cristianos de hoy necesitan la “Forma C” del sacramento de la Penitencia (I)

02.03.18 | 18:21. Archivado en PENITENCIA

Celebración comunitaria de la Penitencia
La persona humana necesita para realizarse la revisión de la propia conducta, el arrepentimiento, la experiencia de perdonar y ser perdonado, el esfuerzo por superarse... Esta experiencia es para Jesús también religiosa: la conciencia religiosa siente que al obrar mal se desvía de la voluntad del Padre Creador, que quiere vida honrada, amor a todo y a todos... Jesús inicia su vida pública diciendo: “arrepentíos y creed al Evangelio” (Mc 1, 15). Ejerce la actividad reconciliadora invitándonos a perdonar y explicando cómo trata Dios a los que se alejan de sus caminos (Mt 18, 15ss; Lc 17,3; Lc 5, 20s; 7, 48s; Lc 15; Mt 18, 12-14). Dejó a los discípulos el encargo y la capacidad de reconciliar: “Recibid el Espíritu Santo. Si perdonáis los pecados de alguno, les quedan perdonados; si los retenéis, les quedan retenidos” (Jn 20, 22-23). Los responsables eclesiales fueron concretando los modos más convenientes para vivir y celebrar el perdón como hacía Jesús. En la carta de Santiago se habla de la confesión mutua: “confesaos los pecados unos a otros y rezad unos por otros, para que os curéis” (Sant 5,16). Los cristianos de la Reforma lo ejercen así. La Iglesia católica mantiene durante siglos la confesión individual, secreta, etc., al ministro autorizado por la Iglesia. Es una celebración comunitaria. Aunque sólo tenga presidente y penitente. A través de la historia la forma ha variado. La más usada antes del Vaticano II empezó a practicarse a lo largo del siglo sexto.

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Martes, 19 de junio

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